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Por qué debemos evitar las harinas refinadas

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Por qué debemos evitar las harinas refinadas

Los hidratos de carbono son un nutriente imprescindible en nuestra alimentación pero eso no quita que esté rodeado de polémica; la clave está en distinguir las fuentes a través de las cuales los ingerimos. Cuando las harinas se someten a un procesado industrial con el objetivo de refinar sus partículas se eliminan gran parte de los componentes del grano y su calidad nutricional. ¿Por qué se hace? Porque la harina será más fina, uniforme y fácil de procesar. Y ahora viene el quid de la cuestión: entonces, ¿por qué deberíamos evitar las harinas refinadas en la medida de lo posible?

Aumenta rápidamente los niveles de glucosa en sangre

Como hemos dicho, al eliminar componentes del grano como el salvado o el germen, y con ellos la mayor parte de la fibra, la harina se vuelve más fácil de digerir. Y esto produce que se incrementen considerablemente, y de forma muy rápida, los niveles de glucosa en sangre. Un grave riesgo para la salud ya que con el paso del tiempo puede aumentar la posibilidad de sufrir obesidad, cardiopatías o diabetes.

Y el problema no se queda ahí ya que también se está perdiendo una parte significativa de sus nutrientes y propiedades, por lo que su aporte de vitaminas, minerales y proteínas será mucho menor que en las harinas integrales. También resultan menos saciantes, por lo que el cuerpo demandará una ingesta mayor comparada con otros alimentos.

¿En qué productos encontramos harinas refinadas?

Se utilizan para elaborar por ejemplo pan blanco, pasta, rebozados, galletas y bollería, alimentos muy presentes en nuestro día a día. La buena noticia es que sustituirlos por alternativas más saludables es más fácil de lo que parece. Por ejemplo, te presentamos esta alternativa a la pasta tradicional: una deliciosa receta que nos enseña a preparar Marta Verona de ‘Cuscús de coliflor’

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