Panamá-Costa Rica: 'La frontera de los dos mares'
- Una frontera marítima por la que circulan 900.000 kilos de cocaína.
- Mercedes Forner se mete en las entrañas del contrabando del alcohol.
- La madrugada del miércoles 22 al jueves 23 en La 1.
Explosivos, drogas y contrabandistas son los protagonistas en la frontera de Panamá y Costa Rica, dos países rodeados de agua por la que cada año circulan 900.000 kilos de cocaína. Este reportaje de Fronteras al límite arranca en el Océano Pacífico y termina en el Mar Caribe. Para llegar de una costa a otra, el equipo de TVE se mueve por los barrios más peligrosos de la zona, distritos controlados por pandillas de narcotraficantes. La integridad física de los reporteros se ve en juego cuando dan con un joven armado con una granada de mano. Según la policía costarricense, el delincuente podría estar bajo las redes de una peligrosa estructura de narcotraficantes.
Para llegar del Pacífico al mar Caribe, los reporteros de TVE recorren los 300 kilómetros de frontera terrestre que separa una costa de la otra. La parada en Paso Canoas es obligatoria por la peculiaridad de esta ciudad: la mitad pertenece a Costa Rica y la otra mitad a Panamá. Tiendas con una puerta a cada país hacen las veces de frontera por lo que, en cuestión de segundos, se puede cruzar de un estado a otro.
Narcotráfico
La sombra del narcotráfico planea en cada rincón de esta frontera cuya permeabilidad dificulta el trabajo de los funcionarios de aduanas. Los límites fronterizos están plagados de casas donde los drogodependientes compran marihuana, crac y cocaína. Esas casas se conocen como bunker entre los autóctonos. Las drogas que se consumen en ellas llegan hasta la ciudad por lo más de 2.000 pasos ilegales que existen entre Panamá y Costa Rica. Son las mismas rutas por las que los contrabandistas cruzan alcohol de un país a otro de forma ilegal.
La reportera Mercedes Forner consigue llegar al origen del delito y localiza el almacén del que sale todo el alcohol que se contrabandea desde Panamá a Costa Rica. Pertenece a una familia de iraníes instalados en Panamá y para llegar hasta él, la periodista cruza el río con una lancha vigilada por los propietarios del almacén. Todas las personas con las que se cruza en el camino están implicadas en el negocio del contrabando, desde el niño que vigila el aparcamiento hasta los chavales que cargan las camionetas pasando por el lanchero que cruza a los clientes de un lado a otro del río.
Además, acompaña a Fairon, un contrabandista de la zona, que muestra cómo se las ingenia para burlar los controles policiales. Todos estos delitos se producen a escasos kilómetros de la costa caribeña, que se ha convertido en la ruta preferida para los narcotraficantes.
En el mar Caribe, la policía intercepta cada año toneladas de cocaína procedente de Colombia cuyo destino es los Estados Unidos. En la madrugada, los delincuentes atraviesan, a toda velocidad, esta inmensa frontera marítima, con lanchas planeadoras cargadas de kilos de cocaína. Por uno y otro lado, de ambos países visitamos la frontera de los dos mares.