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Diario de Sensaciones. País Vasco.

  • Traineras en Portugalete y arrastre de bueyes
  • Luís Chillida, nos acoge con los brazos abiertos en Chillida Leku
  • Surf en Zarautz, con Aitor Francesena
Con mis ojos- euskadi-txalaparta
CON MIS OJOS

Traineras en Portugalete

Visito el Club de Remo San Nicolás de Portugalete, donde está Josean, el entrenador esperándome. Él me explica en que consiste este deporte, para mí desconocido. No pude subir con ellos, pero pude comprobar que es un deporte duro. Hay que estar muy en forma para practicarlo. Me dí cuenta que yo no lo estoy. Hice una prueba en una trainera que tienen en una piscina. Tenía que tener las piernas bien estiradas, tanto que incluso me dolía tenerlas tan estiradas. Los chicos que practican este deporte, aparte de estar en forma suelen ser altos, por tanto quizás no les resulta tan complicado tener las piernas estiradas.

Josean me enseñó cómo mover el remo, y aunque es un ejercicio monótono, me costaba bastante. Me decía que en el mar se nota mucho más el movimiento, porque hay veces que las olas te ayudan y otras en las que tienes que hacer mucha más fuerza para luchar contra ellas. A mí ya me costaba remar  sin moverme de sitio...

Arrastre de bueyes

El arrastre de bueyes consiste en que dos bueyes unidos por un yugo mueven peso  ya sean troncos o piedras. En este caso nos moverán a mí y a Kenzie, que estamos subidas en un neumático y no solamente nos llevan a nosotras, dentro del neumático hay piedras grandes. Pueden llevar más de 1000kg. De acuerdo que estos animales son grandes y pesan más de 600kg, pero, de todas maneras, me sorprende con la facilidad con que mueven tal cantidad de peso, sin dificultad, sin protestar, como si estuvieran paseando. Son dóciles, mansos, y muy obedientes. A la orden de: aurrera (adelante) se ponían en marcha, para que fueran marcha atrás, decía: atzera y para que se parasen: o. 

Después al tocarlos me hizo mucha gracia el flequillo que tienen justo en la frente, me entró ganas de peinarlos. Los cuernos eran muy grandes, duros y como torcidos. Pero, no como los típicos de los toros, sino que eran más largos y con forma muy irregular.

Además, el primero que me presentó venía con una manta, muy gordita, ya que es la manta que les dan a los campeones y éste lo era.

Nunca me habían llevado unos bueyes, y ahora puedo decir que me han llevado dos bueyes y no solamente a mí, sino que a Kenzie y a mí.

Juan Mari Beltran me presenta la Txalaparta 

Llego sin saber qué es la txalaparta, no sé cómo es,  cómo suena, ni cómo se toca. Enseguida Juan Mari me resuelve mis interrogantes. Puedo tocar el instrumento, varias maderas, de diferentes materiales, grosores e incluso piedra y hierro. Están puestas como si fuera un xilófono, me recuerda a ese instrumento. Pero cuando me muestra cómo se toca, no tiene nada que ver con un xilófono. Para hacerlo sonar utiliza unos palos, unas baquetas, que nada se parecen a las de una batería, porque son más gruesas, de madera, y por un lado más anchas que por el otro lado. Cada músico utiliza dos baquetas, y como siempre tocan de dos en dos, en total hay cuatro baquetas haciendo sonido.

Es un instrumento de percusión, donde las baquetas de forma vertical, de pie, hay que dejar que la zona más ancha toque la madrea y así va haciendo un sonido. Eso sí, hay que tener buen ritmo. En mi caso el ritmo no está muy presente, pero  gracias a él, que es un maestro, logro hacer que suene algo mejor. Ya que mientras yo hago “cha kun” un estilo de percusión, él hace quiebros de sonido que logran que aquello suene un poco mejor. De eso se trata, no es un instrumento individual, siempre se juega en pareja, por tanto, tu pareja siempre te ayuda. Se ayudan entre sí, para que suene mejor. Se van siguiendo y hacen que cada golpe suene cada vez mejor, formando un ritmo.

Chillida Leku

Luís, el hijo de Eduardo Chillida, nos acoge con los brazos abiertos en Chillida Leku. Un espacio que construyó el escultor para que sus obras vivieran dentro de un espacio pensado para ellas. Es una mezcla de naturaleza que se suma a las esculturas, dándoles vida propia. Todas ellas situadas en un espacio pensado por el escultor.

La primera obra que me enseña es una llamada: Espacio. Es como una casa. Con formas muy regulares, de hierro, con ventanas, y con un sitio dentro, donde te puedes resguardar. Está pensado, para poder observar puestas de Sol. Me encanta saber que las obras de Chillidas no están hechas solamente para verlas, se pueden: tocar, oler y oír. Si las tocas puedes notar de qué material está hecho, puedes notar el frío del material. Si lo tocas, puedes hacer que la escultura hable, e incluso cante, tocándola en diferentes sitios puedes notar que utiliza diferentes materiales y suena diferente. Y oler, porque después de tanto tocar y tocar, si te hueles las manos hueles a óxido, son las consecuencias de tocar esculturas de hierro después de la lluvia, y el paso del tiempo habla.

Me enseña dónde está la firma de su padre, es una firma pequeña, casi invisible a la vista, pero no para el tacto. Es un cuadradito pequeño donde están sus iniciales entre cruzadas. Cuesta saber dónde está la firma en cada escultura, puede ser un ejercicio curioso y entretenido saber dónde está.  

También me enseña otra obra: El peine del viento. Una obra emblemática para San Sebastián, ya que está en La Concha y es muy conocida. No es solamente algo especial para los donostiarras, tiene una historia especial para la familia, ya que esta obra fue un regalo que hizo el escultor a su mujer. Me encantó la originalidad de cada obra, la historia que tiene cada una de ellas y que las pudiera tocar, ya que hay algunas que son el triple de grandes y no hubiera podido tocarlas nunca. Poder tocarlas, saber su historia y estar en el espacio que creó el escultor para ellas fue algo mágico.

¡Txotx! En la sidrería 

Ainara será mi guía por su caserío, donde hacen sidra. Me enseña la prensa, donde me invita a subir. Es una plataforma de redonda de acero inoxidable. Allí ponen todas las manzanas, las prensas hasta que quedan por nuestras rodillas. Imaginarse que todo nuestro cuerpo quedan recubierto de manzanas y después se queda por nuestras rodillas, da mucho que pensar. Todo el jugo que sacan las manzanas va a una cuba que está al lado de la prensa, y el resto es comida para el ganado.

Después me lleva a la bodega, donde tienen unos toneles gigantescos. Nada más entrar ya se respira en el ambiente un olor a sidra, madera y humedad. Hace más frío en la bodega, para que se mantenga todo mejor. Rodeo el tonel, redondo, gigante, y abajo una puerta, donde me cuenta que antiguamente se metían para limpiarla por dentro, y eso que es una puerta para duendes.  En un lado del tonel hay un grifo pequeño que es para que salga la sidra. Me enseña cómo hacerlo y al abrirlo hay que decir: “Txotx!”  colocar el vaso lejos y sale la sidra disparada. Cuesta acertar de primeras, en el primer intento me mojé la manga, después ya fui moviendo el vaso. A Kenzie ya le iba bien que no acertase, porque algún que otro sorbo cayó en su morro, y disimuladamente probó la sidra. Me sorprendió que saliese con tanta presión, con tanta fuerza. 

Después la olí, olía a manzana, un olor intenso. Y después hice una cata auditiva, no sabía que la sidra hablase y contase tanto, pero con el carbonato que lleva se puede saber qué tipo de sidra es. Yo a tanto no llegué, pero me hizo gracia escuchar las burbujitas. Por último, refrescarnos probando la sidra.

Aitor Mendiluza,  Bertzolari

Cenamos Ainara y Aitor Mendiluze.  Ainara se despide, y nos quedamos Aitor y yo.

Aitor, para que sepa cómo  hace los veros improvisados, me propone un juego. Yo le propongo una palabra y la palabra que se me ocurre es: mariposa. Se me ocurre esa palabra, porque es una de las  palabras que se me quedó cuando estudié euskera y la recordaba como: pimpilipausa. Él me dice que se puede decir así o tximeleta. Con esta palabra, tximeleta, construye el verso con palabras que rimen y que tengan sentido según lo que queremos contar. Y así en un plis plas hace un verso.  Tiene mucha  agilidad y rapidez mental para que en un momento se le ocurran versos.

Después, le propongo un reto, que componga un verso sobre Kenzie. Le cuento lo  importante que es para mí  Kenzie, mi perra guía. Le cuento que hace diez años me diagnostiacaron  la enfermedad de la vista, que tuve que aprender a  llevar bastón y  a ver de otra manera hasta que Kenzie apareció y me facilitó mucho más lavida, cambiándomela muchísimo.

Él en un momento se pone a recitar el verso con una melodía que toca la fibra sensible, casi me emociona y eso que no entiendo lo que me está diciendo. Pero, después de haberle contado mi vida, haberme abierto, dejando mis recuerdos al descubierto, sumado a esa melodía hace que mis sentimientos se  despierten. Después me lo traduce y me encanta, es muy bonito.   Alucino con la rapidez que  ha compuesto un verso para mí y para Kenzie. Me ha regalado  unos versos  preciosos.

Surf en Zarautz, con Aitor Francesena

Conocer a Aitor, “Gallo”, es realmente estimulante. Perdió la vista hace dos años surfeando. Hacía ya tiempo que tenía problemas visuales, ya que tenía glaucoma, pero un accidente practicando surf le hizo perder la vista que le quedaba. Pero ello no ha impedido que siga adelante con su vida: el surf. Para él el surf no es un deporte es su vida. Tuvo que aprender a surfear de nuevo, sin ver las olas. Él me cuenta que las oye y que sabe cuando se tiene que poner de pie porque siente el mar de otra manera.

He tenido la suerte de conocerle, de que me transmita su energía y de que sea mi profesor. ¡Quién mejor que él para empatizar conmigo! Además yo veo algo, pero no lo suficiente para defenderme y menos en el mar, porque tampoco sé nadar muy bien que digamos.

Aitor es un chico con mucha vitalidad, que nada le para y que sigue haciendo lo que más le gusta.

La primera clase que me da es sobre el suelo, en un monopatín para ejercitar el equilibrio. Pero, enseguida me doy cuenta de que me voy torciendo, no mantengo la línea recta.  Hago todo lo que me dice, pongo los pies como me dice, la posición de los hombros y todo lo que me dice, pero sin dar impulso el monopatín se va girando. Por suerte, él está a mí lado en todo momento y me dice que en  algún momento, casi sin darme cuenta, debo inclinarme o poner más fuerza en los pies, por tanto el monopatín se mueve hacía donde me inclino.

Llega el momento clave, estamos en la playa con el traje de neopreno, y para más inri se pone a llover. El traje de neopreno, que nunca antes me he puesto, me protege del frío, pero mis pies enterrados bajo la arena están helados.  Con una tabla de surf, mucho más grande que un simple monopatín, me indica cómo me tengo que poner, cómo me tendría que poner para poder ponerme en pie. A pesar de estar en la arena, el primer impulso es apoyar los codos y eso no hay que hacerlo.  Tengo ganas de estar en el agua y que sea lo que tenga que ser.

Nos acercamos al mar, me da miedo que el agua del cantábrico esté helada. Pero, para mi sorpresa no está tan fría como pensaba. Nos introducimos en el agua Aitor y Adur, mis dos grandes apoyos. El mar está revuelto y no me fío mucho, aunque ahora ya estoy dentro y no me queda otro remedio. Me subo en la tabla que es muy grande, pero hay que saber colocarse bien, para  que esté equilibrada, ellos cada uno a un lado, sujetando la tabla, y cuando venía la ola me soltaba y que  yo no soltase para nada la tabla. Yo estaba tumbada y ya costaba   no soltarme.  La marea estaba brava y te impulsaba con fuerza. 

Hubo un momento, solo uno, que cuando Adur me dijo,  me puse de pie tan rápido  como pude, no fuera a ser que me pilase a medio colocar y me cayese de boca. Pude estar  un  poco de pie, muy poco, pero ya fue un reto para mí hacerlo. Entiendo que enganche tanto este deporte, porque una vez estás en el agua no quieres salir y quieres volver a intentarlo.  Para terminar, sin tabla de surf, los tres nos sumergimos bajo una ola, para saber cómo es pasar por debajo de una ola. Los tres sincronizados, al grito de Adur, contando hasta tres, nos sumergimos y subimos cuando la ola ya había pasado. Adrenalina pura.