Curro Vargas, ese drama lírico poco representado
- Es uno de los títulos más emblemáticos del repertorio lírico español del siglo XIX
- Pese a su importancia, ha sido poco representado en las últimas décadas
El Teatro de la Zarzuela ha estrenado una nueva producción de Curro Vargas, el monumental drama lírico que escribió Ruperto Chapí en 1898 y hemos estado con los cantantes protagonistas y el director musical. Esta intensa obra sobre la obsesión del amor y la muerte la estrenó Chapí en un momento de la cima de su carrera, un compositor ya famoso por obras como La Revoltosa, El rey que rabió o La Bruja. Y la estrenó el mismo día en el que España firmaba el tratado de París renunciando a la soberanía de las colonias de ultramar.
La élite intelectual clamaba por una regeneración ética y social del país mientras que los compositores como Chapí intentaban crear un gran teatro lírico propio, una genuina ópera española.
Muestra de sabiduría musical
Desde la obertura, notamos la maestría del compositor alicantino, su talento como gran orquestador y como nos cuenta el maestro Guillermo García Calvo, “una obra magistral por la elaboración musical, el lenguaje armónico, la inventiva melódica, la fuerza dramática y lo dificilísimo que es escribir una ópera situando las tensiones al final de cada acto, sin que decaiga para nada la atención del público”.
Lo cierto es que es una obra poco representada porque es muy complicada, primero por su duración, como añade García Calvo “son tres actos muy largos, muy exigentes para la orquesta, para los cantantes, para los solistas, para el público, con diálogos muy largos”.
Una puesta en escena rompedora
La versión que dirige musicalmente García Calvo, con una arriesgada puesta en escena de Graham Vick, supone una recuperación importante porque se trata de la versión íntegra original del maestro alicantino, sin cortes, con textos de Joaquín Dicenta y Manuel Paso a partir del relato de Pedro Antonio de Alarcón.
El director de escena británico ha trasladado la acción a la época actual, es un inconoclasta que utiliza a su antojo los símbolos populares y religiosos enraizados en la cultura española, para ponerlos al servicio del drama y de la crítica social.