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Cristianos en Tierra Santa

Cristianos en Tierra Santa NOTICIA
Santiago Riesco / PdD

Acompañamos a un grupo de españoles en su peregrinación a los Santos Lugares. Después de haber recorrido Galilea, la tierra de Jesús, y de haber vivido en Jerusalén el triduo Pascual, es el momento de conocer otros lugares íntimamente relacionados con el Hijo de Dios y con su primera discípula, la Virgen María. El franciscano Teodoro López, director del Centro de Tierra Santa en Madrid, les explica por qué han venido hasta la localidad de Ain-Karem, a ocho kilómetros del centro de Jerusalén.

El muro de hormigón que separa Israel de Palestina nos obliga a dar un rodeo para llegar a nuestro destino. Un muro que el gobierno israelí comenzó a levantar el año 2002. Dos terceras partes de los 643 km de longitud del muro ya están construidos. El 85% de su trazado discurre dentro de Cisjordania y se traga el 8% de la tierra palestina. En 2004, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que era ilegal y que su construcción debía detenerse.

Betania y Belén

Después de una vuelta considerable bordeando el muro de la vergüenza, llegamos a Betania. Una ciudad palestina ubicada en la falda del Monte de los Olivos. Desde aquí hasta el centro de Jerusalén, a pesar de lo que se tarda, apenas hay tres kilómetros. La iglesia construida sobre la tumba de Lázaro, el amigo de Jesús, no se ve desde la calle. Betania es una ciudad musulmana de 50.000 habitantes donde la convivencia religiosa se sostiene con alfileres.

Seguimos en territorio palestino. Estamos en Belén, una ciudad que ha sido de mayoría cristiana hasta la construcción del muro denunciado por Naciones Unidas. Belén tiene una población de 25.000 habitantes y una de las tasas de desempleo más altas de la región. El 18 por ciento de la población no tiene trabajo. Belén está estrangulada. No tiene espacio para expandirse. El muro serpentea alrededor de la mayor parte de la ciudad. A esto hay que sumar los 22 asentamientos de colonos israelíes que la rodean y los puestos de control que separan y aíslan, de manera incomprensible, dos de los lugares más sagrados para los cristianos. Dos ciudades que distan apenas diez kilómetros. Las poblaciones donde Jesucristo nació y resucitó. Belén y Jerusalén. El desgaste de la vida cotidiana bajo la ocupación israelí, la falta de oportunidades, la ausencia de esperanza y la violencia de la Intifada palestina de hace diez años suelen mencionarse como las principales causas del éxodo cristiano. La propiedad de la basílica de la Natividad es compartida. Las comunidades griega, armenia y franciscana se organizan, desde 1347, para celebrar sus ritos en el lugar donde nació el hijo de Dios.

Los franciscanos llegaron a Belén en el siglo XIV. Muy pronto, para mitigar la pobreza y elevar el nivel de vida de sus feligreses, introducen y enseñan a los cristianos labores de artesanía en nácar así como el tallado de madera de olivo. En las últimas décadas los cristianos se han marchado de Belén a millares. Actualmente constituyen una minoría en una ciudad que antaño dominaron. Las pequeñas cooperativas artesanales y los negocios familiares cada vez lo tienen más difícil. En Belén los cristianos sólo pueden sobrevivir si los peregrinos siguen viniendo y compran en sus negocios.

Emaús

De nuevo en el autobús nos proponemos recorrer los once kilómetros que separan Jerusalén de Emaús. Es la última etapa de la peregrinación, el lugar en el que Jesús se aparece a dos de sus discípulos.

En el paso del muro nos encontramos una escena muy vista en los informativos. Los soldados israelíes lanzan botes de humo para dispersar a un grupo de jóvenes palestinos.

No hay peligro. Por desgracia es algo habitual. Parece que unos y otros se lo toman como una rutina, como un rito con el que hay que cumplir cada cierto tiempo.

Y de nuevo el muro nos obliga a dar un enorme rodeo que nos lleva a pasar por Ramala, por más asentamientos de colonos israelíes y por más y más muro hasta llegar a nuestro destino.

Los terrenos y edificios de los franciscanos en Emaús están completamente vacíos. La sensación es extraña por la ausencia de peregrinos. Se trata de un lugar emblemático para los cristianos. Aquí se apareció Jesús a dos de sus discípulos. La Custodia tenía aquí un colegio con internado para niños y jóvenes que también ha cerrado porque el muro hacía casi imposible que los chicos, los educadores y las familias pudieran llevar una vida normal.

Tierra Santa en Madrid

No podemos peregrinar todos los meses para sostener a los cristianos de los Santos Lugares. Para ayudarles, la Custodia edita desde 1921 la revista “Tierra Santa”. Lo hace en nueve idiomas, incluyendo el árabe y el polaco. Desde enero de 2013, la edición española la dirige José Manuel Martínez. Tiene una tirada de 10.000 ejemplares. La revista tiene 68 páginas a todo color con una presentación muy actual. La suscripción a los seis números del año sólo cuesta 15 euros. Es una forma sencilla y barata de apoyar a los cristianos de Tierra Santa y estar al día de lo que allí sucede.

El Centro de la Custodia en Madrid también acoge a los Amigos de Tierra Santa un grupo con más de medio millar de asociados. Periódicamente ofrecen actividades formativas relacionadas con los Santos Lugares. También se reúnen mensualmente para orar por la paz en oriente medio y, sobre todo, por los cristianos que mantienen vivo el espíritu de Jesús en la tierra donde nació, lo mataron y resucitó para siempre.