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Mujeres en tiempos revueltos

  • Julieta y Manolita, ¿que personaje refleja mejor la realidad de las mujeres en los años 40?
  • El historiador Manuel Ortíz Heras analiza la situación de la mujer durante el franquismo
  • Cuidar de los niños, del hogar e ir a misa eran algunas de sus "obligaciones"
Julieta y Manolita
IRENE MAHÍA

Tras la muerte de Adriano, Julieta vive su segunda juventud. Más guapa y sexy que nunca, ahora camina por la vida segura de sí misma y afrontando el gran reto de sacar adelanta el Morocco. En el lado contrario se encuentran mujeres como Manolita, que ha necesitado el consentimiento oficial de Marcelino para

trabajar en los grandes almacenes, y Regina, que a pesar de presenciar cómo su marido violaba a su hija, ha decidido acompañarle en su huida del barrio y no denunciar esta aberración.

Mujeres independientes frente a mujeres sumisas, ¿cómo era el verdadero día a día de las mujeres españolas a finales de los años 40? El historiador Manuel Ortiz Heras, que ha abordado profundamente la situación de la mujer durante el franquismo, afirma rotundamente que "a pesar de que hoy en día se quiera idealizar, la mujer de los años 40, en el ámbito doméstico, estaba sometida primero al padre y luego al marido, y se le imponían muchísimas limitaciones".

Niños, hogar, iglesia

Después de que durante la II República se introdujeran cambios en el ámbito legislativo "que equipararon los derechos del hombre y la mujer", con la llegada del franquismo se dio un paso atrás, según Ortiz Heras, "porque imitó el modelo nazi de mujer: niños, hogar e iglesia (las tres K: kinder, küche, kirche)". La Sección Femenina, con Pilar Primo de Rivera al frente, y la posterior Acción Católica, asumieron la tarea de educar a las mujeres siguiendo estos principios.

Para ello, se aprobaron medidas como el Fuero del Trabajo, que prohibía trabajar a las mujeres casadas si el marido tenía un mínimo de ingresos determinado. Esta medida, afirma el historiador, se popularizó como una especie de "liberación de la mujer de la esclavitud de la fábrica". Sin embargo, la finalidad principal era bien distinta: fomentar la natalidad.

"En cualquier régimen es fundamental que sigan naciendo niños, porque si las madres no trabajan pueden atenderlos mejor", dice Ortiz Heras, aunque en esta filosofía también tenía mucho que ver el hecho de que en aquellos años "había una sociedad patriarcal, en la que el hombre era el que tenía que sustentar a la familia".

La mujer, cuando más recatada, mejor

Las mujeres también tenían limitaciones a la hora de elegir su vestimenta. Como recoge Ortiz Heras en su estudio "Mujer y dictadura franquista", la mujer de los años 40 y 50 debía ir vestida "con mangas largas o al codo, sin escotes, con faldas holgadas que no señalaran los detalles del cuerpo ni acapararan atenciones indebidas. La ropa no podía ser corta y mucho menos transparentarse".

La responsable de este look de lo más casto fue, según este especialista, la Iglesia, ya que "todo lo referido a la moda de la época hacía alusión a la moral, y en esto, la Iglesia tenía el monopolio".

"Impusieron que la mujer fuera recatada, sumisa, que no hiciera la menor ostentación de su belleza. No estaba bien visto ni que se pintaran, ni que lucieran vestidos", dice Ortiz, aunque a este respecto se muestra sorprendido por la "doble moral" de la época, ya que, paralelamente, "la prostitución no se consideró delito hasta 1956, una situación de la que disfrutaron muchos franquistas y también muchos jóvenes, ya que era bastante común que celebraran su mayoría de edad en los prostíbulos".

Los años 40, la verdadera "década ominosa" para la mujer

A pesar de que, como reconoce Ortiz Heras, "las mujeres viudas tenían un margen de maniobra mayor con respecto a la casadas", no era común toparse con muchas Julietas. "Es cierto que a las viudas se les ponía menos impedimentos a la hora de trabajar fuera de casa, aunque si se trataba de la viuda de un rojo la situación cambiaba completamente", sentencia.

Además, y al igual que refleja "Amar en tiempos revueltos", la única manera de que una mujer estuviera al frente de un negocio "era a través de una herencia, pero, aún así, siempre tenía que haber un tutelaje, una especie de protector, porque si no, no podían firmar papeles".

En cuanto a las casadas, "no podían elegir por sí mismas una profesión y ejercerla, realizar ninguna operación de compraventa, firmar un contrato de trabajo o la apertura de una cuenta bancaria" sin la correspondiente "autorización marital".

Por todo ello, el historiador afirma que los años 40 "fueron la verdadera década ominosa de este país, en el que se impuso la represión y el miedo, y esto no empezó a cambiar hasta 1950, cuando llegaron al gobierno ministros que procedían del ámbito de las humanidades y no del ejército".