Santiago Sierra
Emisión 17 de junio de 2004 · La 2
Monográfico de producción propia sobre el polémico artista madrileño afincado en México.
El jueves 17 de junio METRÓPOLIS ofrece un monográfico de producción propia sobre el polémico artista madrileño Santiago Sierra.
Bajo el título "Santiago Sierra", METRÓPOLIS dedica íntegramente su tiempo a repasar la trayectoria de este creador, uno de los más elogiados, y a la vez más criticados, del panorama artístico internacional en momento actual.
POLÉMICA PARA FORZAR LA REFLEXIÓN
Pocos como él han motivado tanta polémica, tantas pasiones y suscitado tantos interrogantes sobre arte, política y sociedad y la interrelación de los tres. El desconcierto y desazón que provocan sus propuestas, se deben a la ruptura totalmente premeditada de los esquemas establecidos con un objetivo claro: forzar, en el sentido más literal del verbo, la reflexión de quienes se sitúan ante ellas, exigiendo por su parte una actitud de máxima apertura mental desligada de todo prejuicio.
El objeto artístico no se sitúa en un ambiente favorecedor sino conflictivo, sin concesiones; el espectador no se convierte en partícipe de la obra de forma voluntaria sino por coacción; la explotación del trabajador, por ejemplo, es criticada por el artista ejerciéndola de forma inmisericorde y lacerante.
Santiago Sierra (Madrid, 1966) vive y trabaja en México DF desde 1995. Desde sus inicios, de los que proceden sus "Contenedores cúbicos" (Madrid, Lübeck, Hamburgo, 1990/1991), muestra interés por el arte estructural minimal, el movimiento de la antiforma norteamericano, el arte conceptual y el arte del comportamiento.
Del minimal admira su capacidad de transmitir significados, de forma visualmente contundente, pero, a la vez, deplora su carácter de suprematismo industrial que ignora el contexto político y social. Su crítica se materializa en objetos basados en la normativa industrial, y por ello, más conectados con el mundo real, como los "Contenedores industriales" (Madrid, Hamburgo, 1990/1991), convirtiéndose en elemento dominante de su obra, en la que el contexto adquiere protagonismo mientras el objeto desaparece.
De los contenedores industriales utilizados para obstruir el tráfico ("Obstrucción de una vía con un contenedor de carga", México DF, 1996), pasa a la utilización de cajas de cartón como receptáculos de seres humanos ("8 personas remuneradas para permanecer en cajas de cartón, Ciudad de Guatemala", 1999).
La capacidad de sumisión laboral del ser humano, forzado a venderse para subsistir, queda patente en "Muro de una galería arrancado, inclinado a 60 grados del suelo y sostenido por 5 personas" (México DF, 2000) y "Persona remunerada durante una jornada de 360 horas continuas" (Nueva York, 2000). La relación entre trabajo, castigo y muerte la visualiza en "3000 huecos de 180 x 50 x 50 cm cada uno" (Vejer de la Frontera/Cádiz, 2002), donde inmigrantes africanos cavan lo que podrían ser sus propias tumbas en un campo de golf.
Pese a la crueldad aparente de acciones como esa, el artista, sin embargo, recibe las criticas más airadas cuando sitúa en primer plano al trabajador y deja una huella más o menos duradera sobre su cuerpo. A la primera de estas obras, "Línea de 30 cm tatuada sobre una persona remunerada" (México DF, 1998), le siguieron: "Línea de 160 cm tatuada sobre 4 personas" (Salamanca, 2000); "Línea de 10 pulgadas rasurada sobre las cabezas de 2 heroinómanos remunerados con una dosis cada uno" (San Juan de Puerto Rico, 2000) y "133 personas remuneradas para teñir su pelo de rubio" (Venecia, 2001).
Su relación con el mundo del arte queda plasmada en "Persona diciendo una frase" (Birmingham, 2002) y, su confrontación con éste, se muestra en "Público transportado entre 2 puntos de la ciudad de Guatemala" (Ciudad de Guatemala, 2000), "465 personas remuneradas" (México DF, 1999), "68 personas remuneradas para permanecer bloqueando el acceso a un museo" (Pusan, 2000), "Espacio cerrado con metal corrugado" (Londres, 2002) o la temprana "2 cilindros de 250 x 250 cm cada uno, compuestos de carteles arrancados" (Madrid, 1994).
Sierra, que no confía en las pretensiones optimistas del happening y prefiere activar una participación por defecto, establece, en todas estas obras, una relación no amable con el espectador privilegiado del arte, a quien obliga a estar encerrado en un contenedor, a mezclarse con personas de otro estrato social o, simplemente, somete a las reglas que arbitrariamente dicta, que dirigen, obstaculizan u obstruyen sus pasos.
Este es el caso de su propuesta más polémica, que ha resultado ser demasiado compleja o de difícil comprensión para algunos de ellos, como los que, pese a su cualificado status, dejaron palmariamente claro su poca predisposición a cualquier tipo de reflexión el pasado año llegando a forzar el acceso al Pabellón Español de la Bienal de Venecia, que estaba bloqueado a quienes no pudieran documentar su nacionalidad española, por su "Muro cerrando un espacio" (Venecia, 2003), en la que el artista cuestionaba la arbitrariedad de los privilegios de cierta clase social para acceder a donde desee, por contraposición a los impedimentos que, con sus leyes de extranjería, impone a otras gentes por el hecho, totalmente accidental, de su lugar de origen.