Visita a la colonia Güell
Este año se conmemoran los cien de la muerte de Gaudí, el 10 de junio de 1926, accidentalmente atropellado por un tranvía. Antoni Gaudí i Cornet, el arquitecto emblemático del modernismo cuya genialidad le llevó a que sus obras destacaran no solo por las novedosas creaciones y adaptaciones de la profunda observación de la naturaleza, sino también por la utilización de formas geométricas regladas como el paraboloide hiperbólico o hiperboloide. También los materiales y los oficios que introdujo en sus construcciones como la cerámica, la vidriería, la carpintería y la forja de hierro. Gaudí lleva al límite las estructuras que soportan dichas construcciones, desde el punto de vista práctico, realizando maquetas con cargas reales, modificando los ángulos de las catenarias para que una vez invertidas se conviertan en soportes verticales increíbles. Además de en su Cataluña natal, realizó obras en Comillas, Astorga, León o Palma de Mallorca. Hoy visitamos la Colonia Güell en Santa Coloma de Cervelló, cerca de Barcelona, junto al río Llobregat.
Jose Monmany
El empresario y conde Eusebio Güell quería trasladar la fábrica textil que tenía en Sants (Barcelona), una de las zonas de concentración de diversas industrias con cantidad de conflictos de carácter laboral, habituales en aquellas épocas. Fruto de su amistad, Gaudí recibió el encargo de diseñar y planificar una nueva colonia industrial que debería disponer de hospital, fonda, escuelas, comercios, teatro, cooperativa, servicios religiosos, además de las naves de la propia fábrica textil y, por supuesto, las viviendas de los trabajadores. Así los edificios de la colonia nos han dejado verdaderas joyas modernistas como la casa del maestro, la casa Espinal, la casa Ordal, el centro cultural San Luis, el Ateneo Unió, etc.
Gaudí contó con la colaboración de sus ayudantes que luego se encargaron de la arquitectura de las casas de la colonia, reservándose personalmente el diseño y la construcción de la iglesia.
Eusebio Güell dio carta blanca a Gaudí, sin límites al diseño ni al presupuesto ni al plazo de ejecución. Desde aquel momento dedicó a plasmar toda su creatividad y genialidad en un modelo arquitectónico único al servicio de la realización de una iglesia concebida en principio con dos naves, una inferior y otra superior coronadas por varias torres laterales y un cimborrio central de 40 metros de altura. Se puede decir que en esta se reúnen la práctica totalidad de sus innovaciones arquitectónicas y artísticas. Por desgracia, no pudo ser acabada ya que 1914 que empezó la primera guerra mundial, los hijos del conde Güell comunicaron que no podían seguir financiando la construcción, hasta que en el año 1918 murió Eusebio Güell y se abandonó definitivamente el proyecto. Pese a todo, la nave inferior quedó terminada tanto exterior como interiormente, siendo consagrada como iglesia por el obispo de Barcelona. La Cripta, que así es como se denomina, no fue sino el anticipo de lo que después sería la gran obra del resto de su vida, la Sagrada Familia.