La saeta: emotiva combinación de sentimiento, arte y devoción
La saeta nació como cante grande en Sevilla, hace poco más de 100 años. Hoy, hablar de saeta es hablar de Manuel Cuevas. Con él y con su hijo, figura emergente de este arte, estuvimos en uno de los bares sevillanos con más sabor cofrade…
Sevilla es su plaza fuerte. Sobre todo desde que en 2013 le cantó a la Macarena una saeta de esas que hacen historia. “Gente de aquí me decían: como le cantes a la Esperanza de Triana, olvídate de la Macarena… Y al final qué va, tengo la suerte de que las dos hermandades me abren las puertas”. Nacido en Osuna, Cuevas asegura que desde el miércoles ya no duerme. Los de Semana Santa son, dice, sus días laborables más intensos. “Yo empecé cantando por devoción y si vivo de lo que me gusta, pues doblemente mejor”. Hasta Sevilla llega con su hijo Manuel, figura emergente de este arte…
Los citamos en “La Fresquita”, uno de esos rincones que reconfortan si no el espíritu, sí los rigores de la sed. Bar cofrade donde los haya, en el que estos días no cabe un alfiler… Con el ambiente caldeado, brota la emoción del cante...
Hablar de saeta es hablar de Sevilla en su semana grande… Aquí adquirió enjundia musical… Al calor de la charla, surgen los grandes nombres que moldearon este cante: Tomás, Pastora, Mairena… “A mí me gusta mucho la saeta de antes, de Vallejo, del Gloria, con mucho sabor y muy cortita, pero hoy en día ha cambiado la cosa mucho”, reconoce el padre… Nombres míticos que la hicieron cante grande. Como grande la hacen, cada vez que la cantan, saeteros como ellos…