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REFLEXIONES

Por el derecho a estar triste (y mostrarlo): ¿Por qué queremos aparentar continuamente que somos felices?

  • Hablamos con la psicóloga Ángeles Cabezas Vega y reflexionamos acerca de la necesidad de aceptar que se puede estar triste... y que no pasa nada
  • En un año tan atípico como este 2020, ¿por qué no hay cabida a mostrar que nos está afectando negativamente?
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Joaquin Phoenix en 'El Joker' EL JOKER PELÍCULA

Según un estudio de la Asociación Americana de Psicología, "la gran mayoría de los jóvenes de las nuevas generaciones sufre más estrés, ansiedad y otros trastornos en comparación con las generaciones anteriores". Sin embargo y paradójicamente, a veces parece que estar triste y llorar en público sigue siendo un tabú. ¿Por qué queremos aparentar estar bien continuamente? ¿Qué le pasa a la sociedad con la tristeza? ¿La presión por ser felices nos está volviendo más infelices aún?

Parece mentira que, en una generación donde no nos avergonzamos de nuestra forma de vivir y de expresarnos, aún tengamos que pedir perdón a los demás por estar de bajón. Si bien es cierto que nuestras redes sociales se han convertido en nuestra vía de escape principal, también es cierto que no nos desahogamos hasta que no hemos "explotado" del todo emocionalmente. Y es que, en un año tan atípico como este 2020, ¿por qué no hay cabida a mostrar que nos está afectando negativamente la pandemia? Parecemos el Joker pintándonos una sonrisa forzada y falsa de oreja a oreja, no vaya a ser que molestemos al de al lado con nuestra cara del "viejito" de Up

Porque ya lo dijo El Chojin: "No se puede ser simpático siempre y estar dispuesto, sonriente y educado y brillante y encantador y sobresaliente"... y no le falta razón, que a veces no está de más estar "apagado o fuera de cobertura". Hablamos con la psicóloga Ángeles Cabezas Vega y reflexionamos acerca de la necesidad de aceptar que se puede estar triste y que, sorprendentemente, no pasa nada. Ya sabes: "ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites". Ya lo dijo un sabio rapero.

Hay que atender a todas las emociones

"Sonríe, hoy será un gran día". Lo pone en tu taza del desayuno, en tu libreta de Mr. Wonderful y en tu póster de motivación de Paulo Coelho. ¡Y que ni se te pase por la cabeza llevarle la contraria a Paulo Coelho! Pero dichoso aquel o aquella que crea que en la vida tiene que ser todo de color de rosas. ¿Y si hoy en especial no me apetece sonreír? Ángeles Cabezas Vega es psicóloga y ejerce como orientadora escolar desde hace 24 años en Madrid. Le preguntamos sobre si es importante para nuestra salud mental atender también a las emociones negativas. 

"Las emociones no son ni positivas ni negativas sino agradables o desagradables", dice Ángeles. "Es importante para nuestra salud emocional saber gestionar o regular las emociones en general. Para ello, es imprescindible poner nombre a lo que sentimos; reconocer y expresar las emociones es el primer paso", concluye, pues "la vida tiene momentos de todos los colores y sabores, así que debemos aceptar todas nuestras emociones".

Le preguntamos también a Ángeles sobre cuáles son las consecuencias de ignorar la tristeza: "Seguro que has experimentado muchas veces alegría, felicidad o amor y por el contrario miedo, enfado, tristeza, asco o sorpresa. Las emociones desagradables nos ayudan a adaptarnos y a veces son la señal que nos puede salvar de un peligro, como el miedo. No podemos ignorar la tristeza", explica la psicóloga.

Queda claro entonces que hay que atender a todos los sentimientos, y si no, que se lo digan a Riley, la niña de Del Revés, película de Pixar ganadora de un Globo de Oro en 2015 a Mejor Película de Animación. En Del Revés, la vida de Riley ha estado siempre marcada por Alegría, la emoción que dirige el cotarro en su cabeza y que hace todo lo posible por evitar a Tristeza. Pero, ¿qué pasa cuando esta trata de ignorar completamente a esta emoción tan desagradable? Pues que la protagonista "explota" emocionalmente, porque Tristeza es la que, al final, nos hace más humanos.

Las redes sociales y el "postureo" de la felicidad

Decía el sociólogo y filósofo Baudrillard que en el consumo "se funda todo nuestro sistema cultural" y que es "un modo activo de relacionarse". Y en una sociedad contemporánea donde la felicidad tiene hasta un Día Internacional, no sería muy desacertado empezar a pensar que la propia felicidad se ha convertido en un objeto más de consumo y en un negocio. Recuerda que tienes una taza que dice que tienes que sonreír, aunque a veces uno preferiría que pusiese "no me toques las palmas, que me conozco". 

Para la psicóloga Ángeles Cabezas, la sociedad actual nos presiona a mostrar continuamente que somos felices. "Vivimos en la cultura del bienestar, la felicidad y el placer inmediato que rechaza el dolor; incluso nos aterra y nos incomoda verlo en los demás, de ahí que muchas veces escuchamos frases como 'no llores', 'no estés triste', 'tú eres fuerte'...", explica ella. 

"El fenómeno del postureo, el aparentar ser feliz y exitoso en las redes sociales y el estar obsesionados por gustar a los demás, tiene como objetivo conseguir más likes y más seguidores, ya que vivimos en un momento de la exaltación del ego y la personalización en la que los selfies y las fotos son las principales protagonistas de las redes sociales", dice Ángeles. "El problema es cuando dejamos de ser nosotros mismos para vivir una realidad paralela, pues ahí pueden surgir problemas de incomunicación y autoengaño", concluye la psicóloga. 

Una problemática actual que se resume en una palabra: "Happycracia". Un concepto acuñado por el doctor en Psicología, Edgar Cabanas, y que cada vez parece cobrar más sentido. "La industria de la felicidad es poderosísima, lucrativa e influyente", dice Cabanas en una entrevista con El País. "Tenemos la necesidad de mostrarnos felices; las redes son una identidad extendida. Se tiende a exagerar esa imagen positiva de uno mismo porque si no pareces un tóxico o un fracasado", añade el psicólogo. 

Boys don't cry... o sí.

"Los chicos no lloran, solo pueden soñar", dijo Miguel Bosé; "Woman, no cry", dijo Bob Marley; y "Boys don't cry", dijo Rels B hace menos tiempo que Bosé y Marley (aunque no es el primero). Pero parece que los jóvenes vamos abriendo la mente y aceptando que llorar de vez en cuando es totalmente necesario. Sin embargo, ¿llorar sigue siendo un tabú? "El llorar en público no está bien visto porque se considera por la sociedad un signo de debilidad", explica Ángeles a nuestra pregunta de si llorar es un tabú social. "Sin embargo, es muy saludable hacer aflorar las lágrimas, ya que si se guardan pueden explotar por algún sitio y llegar a provocarnos dolor de cabeza, tensión o alguna otra respuesta psicosomática", añade la psicóloga.

Y es que, en un año tan atípico como este 2020, ¿por qué no vamos a permitirnos aceptar que la pandemia nos puede estar afectando de manera negativa psicológicamente? Según Ángeles Cabezas, "es una realidad que la pandemia ha aumentado los problemas psicológicos y los trastornos mentales en la población, se han disparado los problemas de ansiedad, depresión, alimentación y a medio y largo plazo esto puede empeorar", explica. Y, según ella, lo peor solo está por venir, pues "no tenemos recursos suficientes para atender a las personas afectadas y los servicios de salud mental se encuentran colapsados". 

En conclusión: llora, grita, enfádate, cómprate una taza que ponga que odias los lunes o pon la cara del "viejito" de Up. Pues quizá, y solo quizá, en la era de la incertidumbre, el cambio constante, la conectividad masiva y las redes sociales, va siendo hora de permitirse "estar apagado o fuera de cobertura". Así que, si esto ocurre, que no cunda el pánico... o sí. Por aquello del derecho a estar triste.  

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