¿Por qué cambiamos tanto en la adolescencia? ‘Órbita Laika’ explica la revolución de los genes y las hormonas
- La genética y las hormonas explican los grandes cambios físicos, emocionales y cognitivos que experimenta el cuerpo durante la adolescencia
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La adolescencia es una etapa de grandes transformaciones en la que el cuerpo experimenta un auténtico relevo genético. Cambian los genes, se activan nuevos procesos hormonales y el cerebro también se ve afectado. Helena González, genetista y colaboradora de Órbita Laika, ha explicado en el programa qué sucede en el organismo durante estos años y cómo se relaciona con algunos de los cambios físicos y emocionales más habituales.
Durante la adolescencia, hay genes que dejan de funcionar y otros que comienzan a expresarse. Es como si el organismo cambiara de programación justo cuando más cosas están pasando. Las hormonas desempeñan un papel fundamental en este proceso, ya que intervienen en la regulación de los genes que se activan y en la de los genes que se silencian. En torno a los 11 y 12 años, el hipotálamo comienza a liberar la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH), que pone en marcha una cadena de señales hormonales. Estas actúan sobre las gónadas, que maduran y empiezan a producir hormonas sexuales.
El resultado son cambios físicos que todos conocemos: crecimiento muscular, desarrollo de los pechos, acumulación de grasa en los glúteos, aparición de vello o el inicio de la menstruación. Sin embargo, la transformación no se limita a lo que podemos observar a simple vista en el espejo. También llega al cerebro. Las hormonas sexuales atraviesan la barrera hematoencefálica y alcanzan el cerebro, donde producen cambios cognitivos y emocionales. De esta manera, algunos de los comportamientos adolescentes que pueden generar sorpresa o incomprensión en el entorno social tienen relación con los procesos biológicos que atraviesa el organismo durante esta etapa. Porque sí, detrás de muchos cambios de humor, decisiones impulsivas o comportamientos que los adultos no terminan de entender, también hay biología.
Los granos y el acné son otro de los cambios característicos de la adolescencia. Ricardo Moure y Eduardo Sáenz de Castejón, presentadores de Órbita Laika, han explicado que se trata de un proceso relacionado con la actividad de las glándulas sebáceas. Esas pequeñas fábricas de grasa que tenemos en la piel pueden ponerse especialmente trabajadoras durante la pubertad. El folículo pilosebáceo es un sistema microscópico formado por un pelo, un poro y una glándula sebácea, cuya función es producir sebo, una grasa natural que protege y lubrica la piel. Durante la pubertad, estas glándulas aumentan su actividad y generan más sebo.
Cuando el exceso de grasa se mezcla con células muertas de la piel, puede formarse un tapón que obstruye el sistema de drenaje. Y ahí empieza el problema: el sebo se acumula, el poro se obstruye y aparecen esos granos que nadie había invitado a la fiesta. Es entonces cuando aparece el acné. Como ha aclarado Moure en el programa, se trata de un proceso normal del desarrollo adolescente, que no es consecuencia de una mala higiene o alimentación.
