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Mucho antes de que Hollywood se convirtiera en el gran imperio del entretenimiento, una mujer ya demostraba que el cine podía ser mucho más que un espectáculo. Lois Weber no solo fue directora en una época en la que casi todos los grandes estudios estaban dirigidos por hombres. También fue guionista, productora y una de las cineastas más influyentes del mundo durante los años diez del siglo pasado.

Mientras otros buscaban únicamente llenar las salas, ella utilizó la pantalla para abordar asuntos incómodos como la pobreza, las desigualdades sociales, la explotación infantil, la pena de muerte o el control de la natalidad. Su éxito fue tan grande que llegó a ser una de las personas mejor pagadas de la industria cinematográfica estadounidense. Sin embargo, cuando Hollywood cambió y el cine se convirtió en un negocio cada vez más controlado por grandes estudios, su figura fue perdiendo protagonismo hasta quedar casi olvidada.

Hoy muchos historiadores la consideran una de las grandes pioneras del séptimo arte. La historia de Lois Weber demuestra que hubo mujeres cambiando el cine desde sus primeros años, aunque durante demasiado tiempo casi nadie se acordara de contarlo.

Pablo Neruda nació en Parral, Chile, en 1904. Vivió la Guerra Civil española muy de cerca. El asesinato de Federico García Lorca cambió para siempre su poesía. Fue diplomático, senador, Premio Nobel, perseguido político y amigo de Salvador Allende. Murió apenas doce días después del golpe de Estado de Pinochet en Chile. Oficialmente de cáncer. Aunque, más de medio siglo después, su muerte sigue siendo objeto de investigación.

'Lady Nazca' es el primer largometraje del cineasta suizo Damien Dorsaz, libremente inspirado en la historia real de María Reiche, una joven matemática alemana instalada en Lima en 1936 que quedó impresionada por las figuras milenarias trazadas en el desierto de Nazca y dedicó su vida a que no fueran borradas hasta conseguir que fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994. La actriz alemana Devrim Lingnau da vida a María Reiche. Ya en cines.

Mucho antes de que existieran las grandes celebridades modernas, Pola Negri ya sabía lo que significaba ser observada por millones de personas. Nacida en la Polonia sometida al Imperio ruso, conoció la pobreza, la enfermedad y la incertidumbre desde niña. Nada hacía pensar que aquella muchacha acabaría convertida en una de las mujeres más famosas del planeta.

Su talento la llevó primero a los escenarios y después al cine europeo. En Alemania se convirtió en una estrella gracias a las películas dirigidas por Ernst Lubitsch, que supo ver en ella una mezcla poco común de elegancia, fuerza y magnetismo. Cuando Hollywood empezó a buscar talento internacional, Pola Negri cruzó el océano y se convirtió en una de las primeras actrices europeas capaces de conquistar el cine estadounidense.

Su vida estuvo rodeada de fama, rumores y grandes pasiones. Fue relacionada con algunas de las figuras más conocidas de su tiempo y protagonizó titulares que cruzaban continentes. Sin embargo, detrás del glamour existía una mujer que había aprendido muy pronto que el éxito nunca es definitivo. Sobrevivió a guerras, cambios políticos y transformaciones profundas de la industria cinematográfica. Cuando muchas estrellas desaparecieron, ella siguió adelante.

La historia de Pola Negri es la de una mujer que logró reinventarse una y otra vez sin olvidar jamás de dónde venía.

Nellie Cashman nació en Irlanda en 1845 y emigró siendo niña a Norteamérica. Mientras miles de personas perseguían la riqueza en las fronteras del Oeste, ella decidió hacer algo todavía más difícil: abrirse camino en un mundo dominado por hombres sin depender de nadie. Fue empresaria, aventurera, buscadora de oro y una figura muy respetada en algunos de los territorios más duros del continente.

A diferencia de muchos buscadores que llegaban, fracasaban y desaparecían, Nellie comprendió pronto que las verdaderas oportunidades estaban en prestar servicios a quienes perseguían la fortuna. Abrió hoteles, restaurantes y negocios en zonas mineras donde casi no existía infraestructura. Su inteligencia para los negocios se combinó con una extraordinaria generosidad. Ayudó a enfermos, financió hospitales y organizó campañas de ayuda para personas atrapadas por la pobreza o las condiciones extremas.

Su episodio más famoso llegó cuando participó en el rescate de una expedición perdida en el norte canadiense. Mientras otros dudaban, ella reunió suministros y se internó en territorios helados para salvar vidas. Aquella acción consolidó una reputación que la acompañaría siempre.

La historia de Nellie Cashman es la de una mujer que convirtió la frontera en su hogar y la valentía en una forma de vida.

Marguerite Higgins nació en 1920 y se convirtió en una de las periodistas más valientes del siglo XX. Cuando la mayoría de las redacciones consideraban que la guerra era terreno exclusivo de hombres, ella decidió ir precisamente allí donde caían las bombas. Cubrió el final de la Segunda Guerra Mundial, fue una de las primeras periodistas occidentales que entraron en los campos de concentración liberados por los aliados y alcanzó fama mundial durante la Guerra de Corea.

Su carrera estuvo marcada por una lucha constante. Tuvo que enfrentarse al enemigo, pero también a generales, oficiales y directores de periódico que consideraban que una mujer no debía estar en primera línea. Cada vez que intentaban apartarla, encontraba la forma de regresar. Su determinación fue tan extraordinaria que terminó convirtiéndose en la primera mujer en recibir el Premio Pulitzer de periodismo internacional.

Vivió entre trincheras, bombardeos, avances militares y decisiones políticas que cambiaban el mundo. Vio de cerca algunas de las tragedias más importantes de su tiempo y las contó para millones de lectores. Su historia no es únicamente la de una periodista. Es la historia de una mujer que se negó a aceptar que hubiera lugares prohibidos para ella

El 20 de junio, dicen algunos, es el día más feliz del año: el Yellow Day. Un día en el que, supuestamente, confluyen los factores que más favorecen la felicidad. Para ponerlo a prueba –incluso en jaque– traemos al estudio a un hombre que dedicó su vida a sospechar de la felicidad y que no confiaba demasiado en la alegría humana. El filósofo del pesimismo: Arthur Schopenhauer.

Sarah Winchester nació en 1839 y parecía destinada a una vida privilegiada. Inteligente, culta y perteneciente a una familia acomodada, se casó con el heredero de la empresa que fabricaba los famosos rifles Winchester. Sin embargo, la tragedia golpeó su vida una y otra vez. Perdió a su única hija siendo un bebé y años después también perdió a su marido. Convertida en una de las mujeres más ricas de Estados Unidos, quedó sola frente a una fortuna gigantesca y un dolor difícil de medir.

Fue entonces cuando comenzó la historia que la haría inmortal. En California compró una casa y empezó a ampliarla. Después volvió a ampliarla. Y otra vez. Durante décadas las obras continuaron sin descanso. Aparecieron escaleras que no llevaban a ninguna parte, puertas abiertas sobre el vacío, pasillos extraños y habitaciones ocultas. Pronto nació la leyenda de que Sarah intentaba confundir a los espíritus de quienes habían muerto por las armas fabricadas por la fortuna familiar.

La realidad fue probablemente más compleja que el mito. Entre la tristeza, la excentricidad y la imaginación popular surgió una figura fascinante que todavía hoy provoca preguntas. Sarah Winchester convirtió una casa en un misterio y una vida marcada por la pérdida en una de las leyendas más duraderas de la historia estadounidense.

Con una Europa intentando aún curar las heridas de la I Guerra Mundial, millones de personas se reúnen alrededor de un balón. El fútbol había conquistado el planeta, pero faltaba alguien que lo transformara en un lenguaje universal. Alguien que soñara con reunir a todas las naciones en una misma competición. Y ese alguien fue Jules Rimet, un dirigente deportivo que veía el fútbol como algo mucho más importante que un deporte. Creía que podía acercar a los pueblos, e incluso ayudar a construir la paz.

Julie d’Aubigny nació hacia 1670 en una Francia donde las mujeres tenían muy pocas formas de elegir su destino. Ella encontró una tercera vía: ignorar las normas. Hija de un hombre relacionado con la corte de Luis XIV, aprendió desde niña a montar a caballo y a manejar la espada con una habilidad impropia de una dama de su tiempo. Cantó en los mejores escenarios de París, protagonizó duelos, escándalos amorosos y episodios tan extraordinarios que durante siglos parecieron leyendas.

Conocida como La Maupin, se convirtió en una de las grandes figuras de la ópera francesa y en una celebridad antes de que existiera la palabra. Se enfrentó a hombres que la retaban, desafió convenciones sociales y vivió romances con hombres y mujeres sin ocultarse demasiado en una época que castigaba severamente esas libertades.

Su vida parece escrita por un novelista aventurero, pero detrás del mito hubo una mujer real que se negó a aceptar el papel que la sociedad le había asignado. Murió joven, dejando tras de sí una historia difícil de creer y todavía más difícil de olvidar.

Nellie Melba nació en 1861 cerca de Melbourne con el nombre de Helen Porter Mitchell y acabó convirtiéndose en la primera gran estrella internacional de la ópera australiana. Su padre, empresario estricto, no veía con buenos ojos que una hija hiciera carrera sobre un escenario, pero ella tenía una voz demasiado extraordinaria para quedar encerrada en casa. Se casó joven, fue madre y luego decidió perseguir su destino musical con una determinación poco común en una mujer de su época.

Viajó a Europa, estudió en París con Mathilde Marchesi y tomó el nombre artístico de Melba en homenaje a Melbourne. Su triunfo llegó en Bruselas y después en Londres, donde Covent Garden la convirtió en una leyenda. Cantó en los grandes teatros, trató con reyes, empresarios y compositores, y defendió con fiereza sus papeles, sus honorarios y su lugar.

Fue diva en el sentido más completo: caprichosa, generosa, exigente y magnética. Inspiró el melocotón Melba y la tostada Melba, hizo giras triunfales por Australia y recaudó fondos durante la guerra. Murió en 1931, después de una vida en la que convirtió la voz en imperio propio, el escenario en territorio conquistado y la fama en una forma de autoridad femenin

La figura de Rocío Jurado sigue despertando debate, admiración y nuevas lecturas décadas después de convertirse en uno de los grandes iconos de la cultura popular española. En esta entrevista conversamos con Carlos Barea y Machús Osinaga sobre su nuevo libro, 'Rocío Jurado: La voz que nos hizo sentir libres', una obra que revisa el impacto cultural, social e ideológico de la artista más allá de la música.

Ida Lupino nació en Londres en 1918 dentro de una familia de actores y llegó a Hollywood siendo muy joven, convertida primero en estrella y después en algo mucho más raro: una mujer capaz de dirigir cine en un mundo gobernado casi exclusivamente por hombres. Durante los años cuarenta fue actriz destacada del cine negro, trabajando con Humphrey Bogart y directores como Raoul Walsh, pero pronto entendió que no quería limitarse a ser el rostro que otros decidían iluminar.

En una época en la que casi ninguna mujer dirigía películas en Estados Unidos, Lupino fundó su propia productora y empezó a rodar historias incómodas sobre violación, bigamia, enfermedad o miedo, asuntos que Hollywood prefería esconder. Lo hizo con presupuestos pequeños, rapidez y una libertad que la industria rara vez concedía a las mujeres.

Después revolucionó también la televisión estadounidense, convirtiéndose en una de las primeras mujeres que dirigieron series de éxito en Hollywood.

Inteligente, rápida y ferozmente profesional, Ida Lupino desafió el lugar reservado a las actrices de su tiempo. Murió en 1995 dejando algo más importante que una filmografía: dejó una puerta abierta para las mujeres que llegaron después.

Theda Bara nació en Cincinnati en 1885 como Theodosia Burr Goodman, hija de una familia judía que nada tenía que ver con los templos egipcios que Hollywood inventaría para venderla. Antes de ser mito fue actriz de teatro, mujer ambiciosa y rostro perfecto para una industria que empezaba a comprender el poder del deseo. En 1915, con “A Fool There Was”, se convirtió en la gran vampira del cine mudo, una mujer fatal que arrastraba a los hombres a la ruina y fascinaba a un público que aún no había visto nada parecido.

Su éxito fue enorme y brevísimo. Interpretó a Cleopatra, Salomé, Carmen y otras figuras peligrosas, envuelta en una campaña publicitaria que la presentó como criatura exótica nacida entre misterios orientales. Pero detrás del personaje había una mujer profesional, disciplinada y mucho más inteligente que su leyenda. Casi todas sus películas desaparecieron en incendios y descuidos de archivo. Murió en 1955, dejando una imagen poderosa: la primera gran mujer fatal del cine, fabricada por la fantasía y sobrevivida por el mito.

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