Agustín Comotto publica 'Los días': "Pasear al perro y hablar con la gente hace que me sienta humano"

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Persona y perro con trajes de protección y cascos especiales caminan por un paisaje postapocalíptico.

Detalle de la portada de 'Los días' (Norma)

En un futuro cercano, el mundo se ha convertido en un infierno y las altas temperaturas obligan a la gente a vivir hacinada bajo tierra. Para algunos de los supervivientes, su único momento de felicidad del día es ponerse sus trajes presurizados y sacar a sus perros a pasear por la devastada superficie. Ese es el escenario de Los días (Norma editorial), del dibujante e ilustrador Agustín Comotto (Buenos Aires, 1968).

Un cómic sobre el futuro que nace de nuestro presente: "El libro lo concebí durante la pandemia, porque a mí el perro me salvó la vida -nos confiesa Agustín-. Como podía pasear al perro me echaba al monte que tengo al lado de casa. Gracias a eso tenía unas horas de libertad mientras veía a gente encerrada con niños saliendo a un balcón diminuto, desesperada porque no sabía ni cómo explicarle a sus hijos lo que estaba pasando. Por eso, la gran metáfora del libro es la pandemia".

"Además -continúa el autor argentino-, el libro también tiene que ver con una observación muy concreta de qué es lo que sucede cuando uno pasea un perro. Pasear al perro implica conocer gente. Porque la gente que tenemos perros hablamos entre nosotros y se crea una magia. Una magia que hace que desaparezcan las diferencias, sobre todo en un barrio de la periferia de Barcelona como en el que yo vivo. Porque puedes encontrar a un pobre de solemnidad paseando al perro junto a un millonario que aparca Bugatti para dar una vuelta a su can. También te puedes encontrar combinaciones de género absolutamente inexplicables, oficios completamente dispares... Yo soy un ilustrador y tengo un vecino que es portero de un edificio y casi no tiene recursos económicos, que se gasta lo poco que tiene en sus tres perros, a los que pasea".

"Creo que es muy difícil encontrar otro lugar en el que esto pase de una manera espontánea -añade el ilustrador-. Porque los que paseamos al perro hacemos una pausa en nuestras existencias, en nuestras desgracias cotidianas y disfrutamos mínimamente de nuestro animal y de lo que sucede alrededor de él. Y ahí encontré un "neorrealismo italiano", por decirlo de una manera, que me resulta fascinante. Entonces empecé a prestar atención a lo que decía la gente y me di cuenta de que se puede hacer un corte de la humanidad espectacular".

Página de 'Los días' (Norma editorial)

"Después empecé a preguntarme cosas como: ¿Qué pasaría si la humanidad se acaba y una nave espacial, con unos seres de otro planeta, se encuentra con una caja negra que contiene la esencia de lo que fue la humanidad? ¿Qué colocaríamos dentro? ¿Qué nos define como especie? Pero eso ya se había hecho. Los americanos enviaron al espacio un disco de oro en el que grabaron lo que ellos pensaron que era la humanidad. Y ahí encontré la primera respuesta: 'Si eso es la humanidad, yo no tengo nada que ver con todo eso'. Eso no me representa y creo que no representa a los seres humanos. Mi respuesta a esa pregunta primigenia sobre qué es la humanidad es justamente eso: pasear al perro, hablar entre nosotros, intercambiar opiniones... eso es lo que hace que me sienta un ser humano".

"A partir de esa idea, decidí ambientar la historia en ese futuro cercano que puede derivar de este momento actual en el que el fascismo y la irracionalidad dominan prácticamente todo el globo. Tenemos el poder atómico en seis manos completamente desquiciadas que son capaces de tocar el botón. Hay un calentamiento climático del que somos responsables, aunque la corona solar también hace su trabajo, y que va a hacer que alcancemos temperaturas de 60 grados en menos de 50 años. Ese es el fondo del libro. Dios creó la humanidad en seis días y al séptimo descansó. Y aunque yo no sea dios, he querido estructurar también la historia en siete días", asegura el dibujante.

Página de 'Los días' (Norma editorial)

"Como las cucarachas, los humanos nos adaptamos a todo"

En el libro también se habla de esa capacidad del ser humano para adaptarse a todo: "Yo creo que la mayor arma del ser humano es esa adaptabilidad -asegura Comotto-. Igual que las cucarachas y las ratas, nos adaptamos a los sitios más improbables. Es decir, un inuit vive a 35 grados bajo cero en invierno, de noche, nueve meses al año, y se adapta. Y para él es absolutamente normal comer crudo el corazón de una foca porque es parte de su tradición y su cultura. Un tuareg se adapta a 55 grados de temperatura y los niños tuareg no sudan a esa temperatura. Nos adaptamos a cacofonías, nos adaptamos a guerras exterminadoras, nos adaptamos a la propia especie humana y al mismo tiempo nos adaptaremos a vivir en cúpulas en Marte. Es la única gran arma de la especie, además de pensar y tener ideas".

"Recuerdo ver un documental sobre una flor que se extinguió porque el único insecto que ella había elegido para ser polinizada descubrió que era más fácil llegar al polen perforando los pétalos. Y no pudo sobrevivir porque el insecto no tocaba con sus patas el polen, porque libaba agujereando. Así que se extinguió. Pero al ser humano no nos va a pasar como a esa flor porque nos adaptamos a todo".

El cómic también habla sobre otros problemas actuales como la especulación inmobiliaria. "Cuando concebí el libro sufríamos esa especulación, pero de una manera menos dura que ahora -confiesa Agustín-. Estaba en un plano inconsciente y no era tan evidente como puede serlo ahora".

Página de 'Los días' (Norma editorial)

"Es la primera vez en la historia que las drogas son legales"

Agustín Comotto apunta esas cosas sin dejarnos ver nunca cómo es ese refugio subterráneo en el que viven los supervivientes. "Solo doy algunas pistas como es falta de vivienda. Y eso atiende a un recurso que no invento, que es la capacidad e imaginación del ser humano. Para mí, lo que podemos imaginar es mucho más potente que lo que se muestra. Es decir, si yo te muestro todo Nueva York, lo vas a ver y punto. Pero si te digo que es una jungla absolutamente espesa de hormigón, te vas a imaginar un bosque de rascacielos. Y eso creo que tiene una potencia enorme".

Esos personajes que pasean los perros son todos adultos. "Hablo sobre mi generación porque creo que los adolescentes tendría que contar su propia historia, que a mí se me escapa por todos lados -nos confiesa Agustín-. Creo que tienen una realidad tremenda. Yo me crie en el Madrid de los 70 entre yonquis. Había jeringuillas por todas partes e incluso se regalaban drogas en los barrios periféricos. Digámoslo claro de una vez. Pero creo que ahora es la primera vez en la historia de la humanidad en la que las drogas son legales. Porque cosas como TikTok o Instagram son heroína digital y casi todos los adolescentes que veo están enganchados. Tengo un amigo que volvía de un viaje y a su lado había un chaval que se vió varias películas, a cuádruple velocidad, en hora y media de vuelo. Para mí eso es como una droga".

Página de 'Los días' (Norma editorial)

"Estamos empeñados en dejar de ser humanos"

En cuanto a si cree que merece la pena sobrevivir a cualquier precio, Agustín Comotto asegura: "Si podemos seguir paseando al perro, sí. De eso va el libro. Es decir, la condición humana es seguir siendo humanos. Porque estamos empeñados en dejar de serlo. Inventamos cosas que atentan contra lo que yo entiendo que vale la pena como especie humana, que es esta capacidad de comunicarnos, de poder intercambiar ideas, de conocernos y dejarnos seducir por el misterio del otro. Pero ahora parece que vivimos una etapa en la que hacemos un esfuerzo enorme por borrar capacidades de la condición humana y sustituirla por capacidades que a priori, nadie ha pedido".

"Por ejemplo -añade-, creo que estamos matando la curiosidad. La estamos sustituyendo por un algoritmo. Es decir, la gente mira un móvil y se deja llevar por lo que le ofrecen. Ya no hay curiosidad por saber a dónde voy. Es decir, ¿Cuánta gente hay que puede vincular la rotura de un vaso con el principio de Leonardo? Poca, porque el algoritmo no lo lleva. El algoritmo nos muestra lo que quiere y nos ha robado la curiosidad. Cuanto más tiempo estamos mirando una pantalla, más posibilidades hay de que compremos lo que nos venda. Por eso me preocupa entrar en un metro y ver a toda la gente convertida en fantasmas que solo miran sus móviles. Y por eso me rebelo u animo a pasear al perro"

"Pasear el perro es una condición humana que reivindico y que evidentemente es una figura simbólica: es volver a ser lo que somos, la gran capacidad de resistencia que tenemos. Oponernos a todo esto que nos rodea es justamente eso, es decir, quiénes somos. Por ejemplo, en el reciente Halloween también había un algoritmo detrás de todos esos niños que iban pidiendo caramelos. Y tengo que rebelarme ante eso".

Uno de los protagonistas del cómic asegura en un momento que "la guerra entra de manera natural al ser humano". "Es de otro libro que tengo en la cabeza, que tiene que ver con el sexo, el poder y la guerra, como definición natural de la especie humana. Bueno, el darwinismo está basado en eso, es decir, en que solo sobreviven los más fuertes. Y el capitalismo que genera el darwinismo económico genera el imperio inglés. Es decir, nosotros tenemos el derecho moral de conquistar a los otros porque somos moralmente más poderosos y estamos en la punta de la pirámide. Por eso creo que la guerra está en nosotros y es una cosa que todavía no sabemos como parar. Actualmente estamos viendo una cantidad de guerras atroces. Puedes coger un avión y en cuatro horas te plantas en un sitio donde están cometiendo un genocidio por condición racial. Están eliminando una población para instaurar otra, como se hizo evidentemente con los judíos en Europa en el 45. Es decir, en Gaza se está haciendo un genocidio. Seguimos cometiendo los mismos errores".

Página de 'Los días' (Norma editorial)

"Su forma de hablar diferencia a los personajes"

Una de la dificultades a las que se ha enfrentado Agustín en el cómic es a no poder dibujar los rostros y las expresiones de los personajes, ya que siempre van con trajes antirradiación. "Eso ha sido un desafío enorme -confiesa-, porque la cara de un personaje es el único medio expresivo que tenemos los dibujantes. Por eso es una de las cosas más duras, pero también más satisfactorias que he hecho como dibujante. Porque el lector tiene que comprender quiénes son los personajes por su forma de hablar y expresarse. Y es que nuestra forma de hablar también nos identifica. Yo hablo con un acento, he tenido unas vivencias y he vivido unas situaciones concretas. Y aunque haya compartido algunas contigo, como estar delante de las Torres Gemelas cuando cayeron, yo estaba a punto de ser padre y tú no".

"Cada uno vemos y vivimos las cosas de una manera y yo quería reflejar la importancia de esas experiencias en el papel. Porque cuando cayeron las Torres igual no me podías ver la cara, pero sí podías oír lo que te estaba diciendo. Por eso he intentado prestar especial atención a la manera de hablar y de escuchar de las personajes. Y he intentado plasmarlo en el papel. También hay otra cosa que es que, si miráis a la cara de los perros del cómic podéis imaginaros cómo son sus amos".

Uno de los protagonistas tiene una perra que, con ese casco espacial que lleva, nos recuerda a la famosa Laika. "Los perros son una reproducción realista de perros reales de personas auténticas, en la medida de mis capacidades -nos confiesa Agustín-. Y la razón de que esa perra se parezca a Laika es que la mía también se parece. Aunque Laika era una perra muy pequeñita, a la que sacrificaron en aras de la condición humana, mientras que la mía pesa 22 kilos y es mucho más grande".

Además, las armaduras de los protagonistas también tienen diferencias. "Como los coches, las clases sociales de esta historia tunean sus trajes de manera diferente. En la vida real los ricos tienen un Mercedes y los que no tienen dinero tunean sus coches. Y aquí pasa algo parecido con esos trajes. Además de que la gente que fuma tendrá un tubo de escape para humos en la escafandra. Y si alguien es muy pobre tendrá cuadraditos de placas solares", añade el dibujante.

Página de 'Los días' (Norma editorial)

Cada día tiene su propio color

Cada día de los que componen este relato de una semana tiene su propio color. "A priori no hay un esfuerzo intelectual o racional sobre por qué cada día tiene un color concreto, exceptuando el último día y dos días más que tienen que ver con parte de la historia que no revelo. Uno tiene un componente dramático y quería que el color elegido fuera muy fluorescente porque visitan una fábrica abandonada y necesitaba un tono muy bestia porque había un componente anímico en lo que estaba pasando. En ese contexto he relacionado los colores con estados de ánimo, pero también hay otros días aleatorios. Lo importante era combinar siete colores de forma que combinasen bien".

En cuanto a sus influencias en este cómic, Agustín nos confiesa: "Siempre me ha gustado la ciencia ficción y hay una etapa de la que me siento muy deudor que es la ciencia ficción europea de Ballard, Strugatski, Stanisław Lem o Tarkovski en el cine. Ese tipo de ciencia ficción que, en realidad, es gente pensando en la condición humana en el futuro o dejando volar la imaginación. Y a nivel gráfico, gente como Moebius y Richard Corben han marcado mi vida. Ahora hay un chaval que me vuelve loco, que dibuja de una forma horrible pero, a la vez, extraordinariamente bien, que es Mathieu Bablet. Tiene tres libros que son extraordinarios y que he leído cuatro veces".

Página de 'Los días' (Norma editorial)

En cuanto al dibujo, Agustín Comotto nos explica: "Cada uno de mis proyectos va a la velocidad que le toca. Por ejemplo, cuando empecé este proyecto, dibujé 25 páginas de una historia con un estilo realista, con caras como las nuestras, de gente paseando en el presente. Pero me detuve porque no estaba contento con el resultado. Meses después volví a empezarlo de la misma manera y llegué a hacer hasta casi 60 páginas del material, hasta que me rendí porque no acababa de convencerme. Hasta que un día decidí ambientar la historia en el futuro y cambiar completamente el estilo de dibujo. Y todo encajó".

Un dibujo que debe mucho a sus maestros. Yo estudié con Breccia y Leopoldo Durañona me enseñó literalmente a dibujar. Cuando tenía 20 años Leopoldo me decía: "No te preocupes pibe, los caballos son difíciles pero aprenderás a dibujarlos. Todavía no se dibujarlos pero tuve la suerte de aprender de gigantes del dibujo como ellos. Porque debería haber pagado por ver dibujar a Enrique Breccia, cosa que tuve la suerte de ver en el taller de Leopoldo".

En cuanto a la banda sonora que pondría a Los días, Agustín Comotto nos comenta: "Para la apertura, "Riders on the storm", de los Doors. Y aunque cada día varían mis gustos musicales, no podrían faltar Jimi Hendrix, especialmente su parte más estruendosa, o una buena balada de Elton John, como "Tiny Dancer". Y para la parte más aventurera del cómic, porque mis tebeos siempre buscan entretener al lector aunque también le hagan pensar, pondría un poco de música industrial, como Queens of the Stone Age o "Master of Puppets" de Metallica. Tampoco podría faltar Leño. Como veis, mis gustos son variados".

Portada de 'Los días' (Norma)