Werner Herzog, Premio Donostia: "Quiero ser muy claro con los jóvenes. No viváis una vida dictada por algoritmos"
- El director alemán presenta en San Sebastián, junto a Orlando Bloom, Bucking Fastard
- Herzog rechaza hacer balance, pero reconoce la grandeza de los anteriores premiados
Werner Herzog se considera un escritor, un poeta, que casualmente hace películas. Sin embargo, por ellas, el aclamado director alemán recibirá esta noche el Premio Donostia en el Festival de Cine de San Sebastián, donde también ha presentado Bucking Fastard, su nueva cinta, con Orlando Bloom y las hermanas Mara en un doble papel muy lynchiano. De hecho, le dedica la película a David Lynch.
El octogenario muniqués recibe el gran premio del certamen por haber escrito una de las páginas más alucinantes no solo del cine sino casi que de la vida misma, hasta bordear la incredulidad del receptor, como narró en sus memorias Cada uno por su lado y Dios contra todos. Una audacia vital y cinematográfica que le ha llevado a filmar obras que son hazañas como como Aguirre, la cólera de Dios o Fitzcarraldo, clásicos del séptimo arte protagonizados varios por Klaus Kinski, su 'enemigo íntimo', con quien tuvo desavenencias límite harto conocidas.
Aunque el Premio Donostia es a toda su carrera, el artista no parece especialmente dispuesto a hacer balance en la rueda de prensa, que comparte con Bloom y el productor Ariel Leon Isacovitch. Ni siquiera cuando es preguntado por esa especie de "obsesión" artística que le ha llevado durante seis décadas a perseguir historias, personajes y lugares al margen de lo convencional. La pregunta le provoca rechazo y necesita cortarla...
"¿Estás viendo a un hombre obsesivo?"
"Me gustaría interrumpirte", advierte Herzog. "¿Estás viendo a un hombre obsesivo? Estoy superrelajado". Para él, la obsesión implica otra cosa: "Cuando uno está realmente obsesionado, desaparecen el dinero, los equipos y hasta uno mismo. Yo no estoy obsesionado", zanja, antes de disculparse por la interrupción. Recordemos que le contrataron para ser villano en la primera temporada de la serie The Mandalorian.
Preguntado por su proceso creativo, el autor de El enigma de Gaspar Hauser lo explica de una forma muy impactante y viril marca de la casa herzogiana: "Tengo una lista de muchísimas historias dentro de mí. Pero no quiero mirar dentro de la lista. Te hago una metáfora de cómo me siento. Por ejemplo, me despierto a las 4 a. m. y escucho un ruido y voy a la cocina. Y me encuentro a cuatro vagabundos y uno viene con un hacha. Con ese es con quien me voy a enfrentar... Y así es como yo me relaciono con las películas. Así lo afronto. Me enfrento a lo que me viene con más vehemencia. Y no me da miedo".
"Tenemos que defender nuestras almas del exterior"
Esa actitud de Herzog también aparece cuando habla de la forma en que las redes sociales y el lenguaje contemporáneo están moldeando nuestra manera de relacionarnos con los demás. Según explica, la cultura y el lenguaje nos conforman hasta el punto de que gran parte de lo que hacemos actualmente es performativo y está condicionado por el contexto social.
Incluso esta rueda de prensa forma parte de esa representación. "En este momento estamos performando Orlando y yo", apunta. Para Herzog, no hay necesariamente nada malo en ello. El problema aparece cuando esas influencias externas empiezan a ocupar un espacio que considera esencial: el alma.
"Tenemos que defender nuestras almas de todos los ataques que vengan de fuera e intenten ocuparlas. Y, en este sentido, quiero ser muy claro con la gente muy joven. No viváis una vida dictada por algoritmos; mantened vuestra atención mientras caváis un agujero en el suelo u os hacéis una pequeña casita en un árbol. El momento en el que el mundo empieza a ocupar nuestra alma es cuando tenemos que ser muy vigilantes. Mucho cuidado con la IA, que la cosa se va a poner difícil", reflexiona.
Ni mirar atrás ni contar las películas
Herzog recibirá este viernes por la noche el Premio Donostia, un reconocimiento honorífico a una trayectoria que incluye algunas de las películas más singulares del cine contemporáneo. Pero el director alemán no parece interesado en detenerse demasiado en ella. Lo importante sigue estando delante, su nueva película Bucking Fastard, y en elogiar a Bloom a la que puede en este acto. Además, nos cuenta que le quedan tres días para acabar su próxima película, que tiene también dos libros entre manos y recuerda que el lunes volverá a ponerse a trabajar.
Pero matiza: "Pero que sepáis que no trabajo como un salvaje. Trabajo con fluidez, cinco días en este guion, pero, por ejemplo, paro para hacer cosas de la vida diaria, como ir al banco o quedar con amigos. Interrumpo mi trabajo. Para mí es fácil escribir 20 páginas al día. Para mí es como si estuviera copiando. Lo veo en mi cabeza y lo copio". De hecho, cuando el productor supo de la historia, le dijo a Herzog: "Tienes dos semanas para escribir el guion". Y al alemán le sobró holgadamente tiempo.
Preguntado Bloom por lo que más le ha atraído de Bucking Fastard, el actor destaca que la película "rechaza juzgar a sus personajes y a la vez plantea preguntas fáciles", algo que, a su juicio, Herzog hace especialmente bien. También celebra haber trabajado con las hermanas Mara, de quienes se declara admirador: "Ha sido maravilloso trabajar con ellas. Nos lo pasamos muy bien en Dublín". Bloom considera que participar en la película ha sido, en definitiva, "una oportunidad maravillosa". Y el compromiso por su parte es incuestionable, porque su papel en la misma no es protagónico y aquí está promocionándola.
Volviendo de nuevo a Herzog, este insiste en negar cualquier revisión ni mirar al pasado. Pero se permite una excepción con este Premio Donostia: "Veo que formo parte de un conjunto de grandes artistas y directores", reconoce. Y apunta, ensalzando el físico de Legolas en El Señor de los Anillos, uno de los aspectos que le interesan del arte que él practica (con la 'pullita' característica al periodista): "No deberíais entrar en internet y buscar cosas que hemos dicho hace 45 años. Mucho del trabajo que estamos haciendo no son ideas académicas, son ideas abstractas. Tenemos que ser como atletas. Y tenemos que ver la parte física de hacer cine. No quedarnos en lo abstracto, en la Academia".