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La Estrella de David: "Canto a la incapacidad que tenemos de enamorarnos porque tenemos la cabeza en el culo"

  • El músico lanza Máximo, su cuarto disco, un ensayo sobre el amor, Madrid y el paso del tiempo
  • Además, prepara su nuevo proyecto Hermanos Reid y este jueves actúa en la sala Sol
Santiago Segura, con barba canosa y gafas, posa pensativo en un ascensor con camisa de cuadros y rebeca. Reflejo en pared metálica.
La Estrella de David Sonido Muchacho
Javier Villuendas
Javier Villuendas

David Rodríguez, La Estrella de David, es un músico telúrico, de Sant Feliu de Llobregat y ahora de Hortaleza, en Madrid. Y con los pies en la tierra se eleva y canta, se demuestra a sí mismo que aún puede volar. Cuando lo hace, a veces, una lágrima cae en el asfalto, que nunca cantó Peret. Pero bajo los adoquines ya no hay nada. Aquí no hay playa.

Figura de culto del 'indie bherdadero' español, tanto con Beef como con Bach is Dead, Junco y Diamante, Telefilme o con La Bien Querida, o en su labor como productor, su proyecto en solitario es también una estela en la que se han subido a lo Silver Surfer grupos y artistas muy celebrados. Hemos escuchado con nuestras orejas "sin la Estrella de David mi proyecto no existiría". ¿Quién logra eso? Alguien que se puso en la portada de un disco bajando la basura.

Acaba de publicar su cuarto LP, Máximo (Sonido Muchacho), que tiene soterramientos y señales reflectantes, el amor (y sus cuitas) o Madrid, capital de la Villa y Corte menos experimental en este caso, más guitarrero, pero con el 'mojo' intacto para desencajarte la armadura de la emoción. Y pronto llegará otro disco con Srta. Trueno Negro bajo el nombre de Hermanos Reid, en honor a los de The Jesus and Mary Chain. Y, por si faltara algo, este próximo jueves actúa en la sala Sol.

Pregunta: Una vez te vi y te pregunté que cuándo sacarías nuevo disco y poco menos que te pareció absurda la idea. Te vi un mes después y ya lo tenías grabado. ¿Cómo sucedió ese arrebato?

Respuesta: Fue lo que sentí. Cuando no estás haciendo canciones parece como que es súper difícil hacerlas. De que no soy capaz. Y esa sensación te puede durar años. Pero un día supongo que relajé un poco las expectativas. Y una canción te lleva a hacer otra. Recuerdo que era un encargo de una canción que le había salido a Ana (La Bien Querida) y la hicimos a medias. Al final no salió lo de ese chico, pero la canción la podía cantar yo. Y al día siguiente te encuentras con otra. La verdad es que fue bastante fácil hacerlo porque este disco no es como otros que me comía más el coco con los arreglos. Es un disco de dos guitarras, bajo y batería. Lo único que hacían falta eran las ganas. Y una vez con las ganas, en un mes y medio ventilado.

P: Han pasado ocho años desde tu anterior disco, Consagración, pero, en verdad, sigue el ritmo de publicación más o menos parecido que tenías.

R: Sí, pero no contaba tampoco con hacer ninguno. Siempre te quedas con las ganas de... no ya por jugar a la lotería del éxito ni nada parecido. A ver, me encantaría tener éxito y tener, sobre todo, dinero. Pero esto era sobre todo por pensar que eres capaz de hacer algo. Soy capaz de hacer un disco. Te valida. Y yo quería hacer un disco por pensar que era capaz de hacerlo. Y al final he sido capaz. Es muy satisfactorio.

P: Eres de los que hacen muchas canciones con nombre de una persona. Anita, Andrés, Mari Carmen… Los Nikis eran también así.

R: No sabía que Los Nikis lo hacían. Con los Beef con mi grupo anterior también tenía canciones que se llamaban Isabel, no sé qué… La de Anita, por ejemplo, que luego resultó que se convirtió en la madre de mi hija, no la hice pensando en Anita, la hice pensando en la mujer de Manolo Escobar. Era una alemana que se enamoró de Manolo Escobar y se vino a España. Y al cabo de dos semanas, casualidades, conocí a Anita.

P: En Máximo cantas mucho sobre amor. Como que enamorarse es lo mejor y lo peor.

R: Ahora mismo para mí es muy caro, una cosa que cuesta mucho. Porque cuando ya has pasado por muchas parejas, por muchas movidas, al final parece que tienes una cierta minusvalía para enamorarte. Y es una cosa que yo creo que no me pasa exclusivamente a mí sino que está en el signo de los tiempos. Por eso primamos tanto el individualismo, el yo, nosotros por encima de todo, como que nos cuesta mucho asumir los roles que pide el amor. O sea, descargarte de cierto egoísmo y esas cosas no las llevamos bien. Va un poco por ahí. Es un poco pretencioso lo que voy a decir, pero tiene una lectura política. Parece que esté contando experiencias personales pero también canto un poco a eso, a la incapacidad que tenemos de enamorarnos porque tenemos la cabeza en el culo. Primero yo, después yo y después yo también. Me cuesta mucho a mí y a más gente que conozco. Ya sabes que ahora las parejas no duran nada, a menos que seas del Opus Dei.

P: ¿Eres neurótico?

R: Sí, sí… Tengo todos los cuadros. Soy más depresivo que neurótico. Pero neurosis también. Tengo un cuadro importante.

P: ¿Amas u odias Madrid?

R: La odio más que la amo. Pero no nada personal contra Madrid, también odio Barcelona. Esta es también la carga de hacerse viejo. Uno empieza a odiar a partir de los 30 años cuando las cosas cambian porque el mundo muta, el mundo cambia, y nosotros no cambiamos a la velocidad que cambia el mundo. Y cuando dejas de entender el mundo o de entender tu alrededor, el recurso más fácil es odiarlo. Porque u odias al mundo o te odias a ti mismo. Y Madrid, en lo que se ha convertido y tal, es un poco espejo de lo que se está convirtiendo el mundo, me parece odioso. El rollo neoliberal, esta desgracia en la que prima el dinero, el sálvese quien pueda… Eso lo odio y Madrid es muy buen ejemplo. Es la Corte de España. ¿Y a la Corte quién va? Pues el espabilado, el buscavidas, el medrador… el que va a desgraciar la vida a los demás. Y Madrid está lleno de gente así. Barcelona igual. De hecho, en Barcelona le llevamos ventaja porque nos cargamos la ciudad 25 años antes que vosotros. Pero ya te digo, esta amargura viene también de hacerse viejo. De no entender las cosas, de no entender el mundo.

P: Justo otra de las patas del disco es el hacerse mayor… el "ya nada es para siempre" o "se me va a ir la vejez haciendo el tonto".

R: Hay una canción que es el otro lado de eso. La de ojalá el amor pudiera ser una fuerza redentora que me cambie completamente y pase de ser idiota a ser alguien que valga la pena. Pues ahora mismo estoy en la fase en la que me veo incapaz de dejar de ser idiota. Por lo tanto, es fácil que se me vaya la vejez haciendo el tonto. Si no viene, que no tiene pinta de venir esa fuerza redentora que me tire del caballo como a San Pablo y yo vea la luz, voy a seguir siendo idiota toda la vida.

P: El disco es más de pop-rock que los anteriores. ¿Qué andabas escuchando cuando lo hiciste?

R: Yo mucha música no escucho. Las canciones referentes eran cosas que no escucho habitualmente pero que tengo en el tuétano porque son grupos que escuchaba de cuando era joven. Y cuando eres joven es lo que más te marca. Los Wedding Present, New Order y cosas así, noise noventero. No me he comido mucho el coco porque me daba cuenta de que era un poco igual, el sobreesfuerzo que me podía suponer intentar arreglarlo así en plan más modernito pues a mí no me compensaba. Me sentiría un poco farsante. He optado por no innovar y hacerme fuerte en las letras y en el tener ganas de contar algo y con una música vestida de la manera más urgente posible. Y no creo que el resultado sea peor que si hubiera intentado innovar.

P: Y además has escrito la frase del año: "No, no puedo arreglar el país pero puedo enamorarme de ti". Un nuevo tipo de superhéroe ha llegado a la ciudad…

R: Tampoco puedo enamorarme de ti. Ojalá fuera verdad. También es política. Si no podemos enamorarnos del prójimo, si no podemos arreglar el ascensor porque no nos ponemos de acuerdo seis personas en la comunidad, ¿cómo pretendemos arreglar un país? Es imposible.

P: Y sabemos al detalle cuántos barcos pasan por el estrecho de Ormuz, minuto y resultado, pero no sabemos cómo se llama ni el vecino ni la de la mercería de abajo. Los medios de comunicación no llevan a lugares lejanos...

R: El poder nos quiere neuróticos. Y ahora nos impone las neurosis que tenemos que tener en un momento u otro. Ahora tenéis que estar neuróticos por Trump, porque vienen muchos inmigrantes… Nos imponen sus neurosis y ni siquiera somos capaces de escoger eso. El mundo pinta muy mal. Ahora con la sobreinformación creemos que estamos más informados que nunca y nada más lejos, es cuando menos albedrío tenemos. Yo creo que nunca hemos tenido menos albedrío que ahora. Porque un campesino de la Edad Media se podía sentar en una piedra y escoger en lo que pensar más allá de solventar sus necesidades. Nosotros nos sentamos en una piedra y la mitad de la población estamos pensando lo mismo que nos están imponiendo desde arriba.

P: Y el algoritmo ya ha sido el gran salto adelante.

R: Sí, unos genios… del mal.

P: Hay que quitarse el sombrero.

R: Es que además no es un cerebro solo, es una máquina que se va perfeccionando sola. No es ponemos una bomba y todo arreglado.

P: Pero en tu barrio, Hortaleza, tejéis comunidad, como dicen los cursis. Sois muy activos, ¿no?

R: Bueno, pero somos 30 o 40. Es una manera de sobrellevar un poco… Pero, vamos, si realmente fuéramos molestos estaríamos en la cárcel. Molestamos lo mínimo. Es una manera de hacernos valer y de engañarnos a nosotros mismos pensando que no pasamos por el rodillo. Es una manera de llevarlo. Y luego, por otro lado, tampoco vamos a idealizar otras cosas tipo jugar a mus dos o tres veces por semana. Lo hacen los viejos y ellos no piensan que sea una cuestión política. Pero es que ciertamente algo hay en volver a saber cómo se llama el vecino y a estrechar los círculos en lugar de agrandarlos. Y está guay.

P: ¿El término indie qué te provoca? Risa, asco o indiferencia.

R: Indiferencia. Me da un poco igual. Cada vez se usa menos, ¿no? La gente ya sabe que mueve un poco a la risa. Pero es indiferencia. Cuando empecé eran los alternativos. Luego lo de indie era un anglicismo que se usa para vender cervezas en los festivales, es una etiqueta completamente absurda que no engaña a nadie.

P: Lo de alternativo también era un poco ir de guay por la cara…

R: Sí, claro. Pero eso estaba bien cuando eres joven. Antes, los jóvenes buscaban su identidad a fuerza de… leí a Julian Cope, y tiene razón, que los prejuicios forman mucho. Los prejuicios forman a la gente, y los jóvenes eran prejuiciosos con el mainstream, con lo que le venía masticado del mainstream, y buscaban una realidad alternativa. Quizá fuese peor musicalmente, pues es posible, pero eso les hacía lo que eran. Ahora es todo lo contrario. Cuanto más éxito tienes, eres mejor. Antes las cosas no se medían por el éxito, se medían por la postura que tomabas tú ante el mundo. Ahora todo se mide por el éxito y a todos los niveles, y en la música también.

P: ¿Te da pena que las cifras lo definan todo?

R: Me da rabia. Más que nada por lo que supone eso del triunfo del pensamiento neoliberal. Es una locura. Sólo se miden las cosas por el éxito.

P: Antes había éxito ¿de crítica?

R: Ni siquiera. Es que cuesta creerlo pero antes, te lo juro, había gente que no pensaba ni en la crítica ni en el público. Pensaba en hacer las cosas y ya está. Sí que es verdad que la crítica a veces tenía más peso que el público, que también había cierto esnobismo ahí que te concentrabas en salir en el Rockdelux, que es una catetada que flipas también. Pero las dos posturas eran respetables. Ahora parece que solo es respetable el éxito. Y es cutrísimo si quieres aspirar a algo. Aspirar, yo qué sé, a dar un concierto. El mundo nos supera. Y esto era no hace tanto. Yo siempre he sido un poquito Pepito Grillo en ese aspecto. Cuando en los 90 primaba lo alternativo, yo iba diciendo por ahí que me gustaba Rocío Durcal o Rocío Jurado. Pero lo que no puede ser es o blanco o negro. Es que la gente parece gilipollas, tío. Fíjate que siempre he tenido la idea de que yo soy el más tonto de España. Pero creo que no, con el tiempo me estoy dando cuenta de que hay gente que es más subnormal que yo. Tampoco te creas que es muy reconfortante. Date cuenta de que la pandemia qué mazazo de realidad fue de que estamos rodeados de gilipollas. Tampoco era muy sano pensar que yo era el más gilipollas, pero pensar que los demás son muy gilipollas no ayuda a ir tirando. Antes pensabas: "Yo soy gilipollas pero alguien vendrá y arreglará esto". Pero qué va, esto no tiene arreglo.

P: ¿Te sientes padre de algún tipo de escena? Marcelo Criminal, Gúdar, Primogénito López…

R: Bueno, me siento orgulloso cuando reconozco cosas de ellos en mí y de mí en ellos porque me gustan. Pero no sé si me gustan porque me reconozco en ellos o porque lo que hacen ellos está bien. Igual me gustan simplemente porque tienen un aire a mí, jajaja. Pero tampoco ha trascendido a esos grupos que dices. Y ellos han volado solos. Lo que ahora hacen los Gúdar es la leche, el disco de Primo o Marcelo… vuelan solos muy bien. No tienen tantas deudas conmigo como otros grupos que copiaban a Los Planetas, y no puedo dar nombres, y eran malos. Estos que dices son gente que tiene su criterio y vuelan libres, son guays.

P: ¿Te gustan las canciones que hacen llorar?

R: Sí, me gustaban, sí. Ahora como no escucho música… Pero sí, me gustaban mucho. Las canciones que más me han gustado siempre eran las más emocionantes. Me gustaba mucho Manel, que tenían canciones muy emo. Me gustan mucho ese tipo de canciones. Y de crío me gustaban las canciones desgarradoras de amor de Umberto Tozzi, que movían a sentimientos fuertes.

P: Cantas: "He hecho mucho más daño del que me han hecho a mí, pero he sido el primero en llorar".

R: Simplemente digo en voz alta cosas que pienso en voz baja. Tampoco cuando escribo esas cosas pienso: “Joder, lo que he descubierto de mí mismo”. Tiene un punto gracioso también. Porque hay cantantes, los italianos mismos, que basan su carrera en el daño que les han hecho. Las mujeres no sé qué, y ellos han sido unos hijos de puta de carrera.

P: ¿Y qué es este nuevo grupo que has montado de los Hermanos Reid?

R: Pues un disco siguiendo el mismo plan que que este de La Estrella, aquí con Srta Trueno Negro. Son canciones que hemos hecho en mes y medio o dos meses. Nos juntamos y cada día hacíamos un par de canciones. Partió como una idea, generada por el nombre, de hacer canciones de los Jesus and Mary Chain y lo hemos llevado un poco más allá con el tema de las letras, que no sé si la peña lo pillará, de inventarnos un personaje que es alguien que va muy de guays y también es muy neoliberal y que piensa que es la polla, que primero voy yo y al mundo que le den. Pero todos somos un poco así. Esa parte de nosotros la hemos sacado Natalia y yo de inventarnos a alguien que cree que el mundo le debe algo. Es muy trumpista.

P: ¿Por qué haces canciones?

R: Por pensar que soy capaz de hacer algo. Al final, no tengo una carrera universitaria. No te puedo decir: "Soy arquitecto, sé hacer un plano". La única habilidad que tenía era que escribía muy rápido a máquina, la mecanografía, pero esa habilidad ha quedado ya demodé. Por eso hago canciones, por pensar que soy capaz de hacer algo.