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Morrissey, el patrón de los corazones rotos, se reconcilia con Madrid con la belleza de su drama

  • El cantante y fundador de The Smiths había cancelado su último concierto en la capital
  • El británico presentó su último disco y lo alternó con clásicos de toda su larga carrera
Morrissey en concierto en Madrid, cantando al micrófono con su banda. Escenario con pantalla abstracta y público al frente.
El músico Steven Patrick Morrissey, conocido como Morrissey, en un concierto este miércoles en Madrid Sergio Albert Avilés Sergio Albert Avilés
Javier Villuendas
Javier Villuendas

Que tras la coincidencia estelar en junio en Madrid del Papa León XIV y Bad Bunny le siga la de Morrissey y Kanye West durante estos días de finales de julio, ¿no es como su reverso diabólico? ¡Y con este calor infernal, además! Dejando de lado chistes fáciles y malos, el que fuera cantante de The Smiths ha ofrecido un concierto de redención en el Movistar Arena este miércoles. ¿Por qué? Porque ha tenido lugar, para empezar. Y porque ha tenido valiosos destellos en su irregularidad.

A menos de 24 horas del 12 de junio de 2025, con gente venida de toda España, Mozz, el auténtico líder de la cultura de la cancelación, comunicó que no podía actuar en Las Noches del Botánico en Madrid porque tenía sinusitis aguda. En marzo de este año, en Valencia, tampoco pudo ser por la “falta de sueño” provocada por el ruido de Las Fallas. Más de 350 conciertos cancelados en su carrera, según la revista Muzikalia... Pero aquí está, con su público de nuevo, aunque sin el lleno, y sin los anillos del pabellón desplegados, pero un detalle nada nimio a tenor del riesgo que conlleva comprarle un ticket. ¡Eso son fans!

Morrissey, durante su concierto de este miércoles en Madrid Sergio Albert Avilés

“Say, Billy Budd, so you think you should? Oh, everyone's laughing”, comenzó Morrissey con el escritor James Baldwin en la pantallita de detrás y entre riffs distorsionados en un tema, ‘Billy Budd’, que acaba con “perdería ambas piernas si eso significara que tú puedes ser libre. No nos dejes en la oscuridad”. Un mago del cierre de canciones, el divo de Manchester, con su verso poético o devastador para poner el lazo sublimado. Después llegaron ‘I Just Want to See the Boy Happy’ y ‘The Youngest Was the Most Loved’, con ese final entre gorgoritos tras cantar “no existe tal cosa como normalidad en la vida” y con las dobles voces de los niños emulados por una corista.

Tras Barcelona, la nueva gira de Morrissey venía a la capital a presentar su nuevo disco, 'Make-up is a Lie', el cual ha tenido críticas poco entusiastas, y lo hacía con una escenografía nula, unos juegos de luces peores que los de una orquesta de pueblo al borde de la bancarrota y una pantalla minúscula que no les enfocaba (los de la grada no le vieron la cara al artista en todo el concierto, de tan lejano, algo curioso hablando de un icono) y una banda de cinco miembros.

Tras esa triada inicial el público se calentó con 'Shoplifters of the World Unite', primer clásico de The Smiths convocado al rescate, y continúo con el trallazo de 'First of the Gang to Die'. Después llegó otro de sus clásicos de su banda mítica , ‘A Rush and a Push and the Land Is Ours’, con ese rugido suyo en el estribillo.

Tras este arranque entre lo frío y lo legendario, templando la garganta Mozz, desplegaron la afilada 'Kerching Kerching' de su último álbum. Tocaría cinco en total de él, aparte de la mentada, la homónima (con ese rasgueo de bouzouki tan exótico y su voz a pleno rendimiento aquí), ‘Zoom Zoom the Little Boy’ (pegadiza y psicodélica) y ‘Notre-Dame’ (muy Future Islands, sonó vaporosa y bella).

Cayó antes la arrolladora 'How Soon Is Now?', con su tremolo en la guitarra a todo trapo y Morrissey hasta mugiendo, que bueno, por lo que hubo fuerza eso sí en este envite, y después llegó 'Now My Heart Is Full’, otro clásico de su carrera en solitario que sonó algo desangelado (sin olvidar comentar nunca que su repertorio como solista no palidece tantísimo respecto a su grupo de los 80).

En la pantallita imágenes o gifs de Oscar Wilde, Kerouac, de Pasolini o de Brigitte Bardot dando vueltas con la cucharilla eterna a un café, imaginario clasicista, mientras sonaban algunos temas del último álbum o 'Sure Enough, the Telephone Rings' y Morrissey hacía bromas sobre que su concierto en Barcelona había estado estupendo, que si no le importaba a los de Madrid. Y subió el tono jocoso con una canción que "España debería presentar el próximo año a Eurovisión", o algo así, ‘The Bullfighter Dies’, su himno antitauromaquia que celebra la muerte del torero (“Hooray, hooray, the bullfighter dies... And nobody cries, nobody cries”) mientras en las pantallas veíamos sutiles cornadas y maltrato animal que sería interesante saber qué piensa el mancuniano de la película 'Tardes de Soledad', de Albert Serra. Sin olvidar aquí comentar también la inmortal rima “Gaga in Málaga” que pronuncia en la ristra de ciudades de nuestro país que recita. Ovación al término del respetable.

Por cierto, soflamas animalistas mediante, conviene recordar que en sus conciertos solo hay comida vegana, una exigencia contractual de Mozz: ni carne, pescado ni huevos, nada de origen animal. Por allí bicheando vimos que solo se vendían palomitas y patatas fritas.

De menos a más, el show sumó al batallón ‘I Know It's Over’, también de su etapa junto a Johnny Marr, balada larga y creciente, sobria, sostenida por el bajo, diversos arreglos de guitarra, con vientos, y ese “Sé que se acabó. Y que en realidad nunca empezó, pero en mi corazón due tan real. Hasta me hablaste y dijiste: Si eres tan gracioso, ¿por qué estás solo esta noche? Y si eres tan inteligente, ¿por qué estás solo esta noche? Si eres tan entretenido, ¿por qué estás solo esta noche? Si eres tan guapo ¿por qué duermes solo esta noche?” y cerrar dramáticamente y repetitivamente: “Oh, madre, puedo sentir la tierra cayendo sobre mi cabeza”.

Efectivamente, aquí se había venido a plañir. A Morrissey se le veía animado y con energía, no obstante, incluso para rogar el Armagedón en una muy coreada ‘Everyday Is Like Sunday’ con todos los móviles en horizontal (nótese la edad, aunque en verdad no porque ya saben ponerlos en vertical los veteranos) y en lo alto tras un hermoso inicio con piano y regalarnos también 'The Monsters of Pig Alley'.

Tras hora y media, el concierto ya se encaminaba hacia su final con ‘Suedehead’, una atronadora ‘Irish Blood, English Heart’ (estas dos últimas de enorme intensidad emocional, dos de sus grandes joyas de su perlada discografía como solista, que sonaron vibrantes al borde a veces del desafine o ahogarse mientras movía el pañuelo de dandy y se ponía de rodillas), ‘Jack the Ripper’ y el silencio, la oscuridad, los aplausos y el bis con la smithiana ‘There Is a Light That Never Goes Out’, con tintes a The Cure, y ese inolvidabilísimo estribillo sobre una pareja de enamorados atropellada por un autobús británico de dos pisos, el double-decker bus, una “forma tan celestial de morir”, de “morir a tu lado”. Romanticismo con recalcitrancia. Y una luz que tampoco se apaga. Tiró un ramo de flores al aire y se quitó la camisa negra dejando su sexagenario torso desnudo. Hay mucho oficio entre tanta cancelación.