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Un equipo de talla Mundial: la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona

  • Los actuales Gigantes datan de 1860, cuando Tadeo Amorena propuso al Ayuntamiento la construcción de unos nuevos
  • La Comparsa está compuesta por 8 Gigantes, 5 Cabezudos, 6 Kilikis y 6 Zaldikos
Detallada exhibición de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona, con figuras representativas de distintas razas y el texto identificativo en español y euskera.
Javier Izu. Adriana González / RTVE Navarra

Para muchos, la fiesta de San Fermín en Pamplona no se entiende sin la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. El grupo de figuras de cartón piedra al que dan vida más de medio centenar de porteadores, junto a los músicos que la acompañan, constituyen con seguridad el primer contacto festivo para los más pequeños, cuyos primeros recuerdos de la fiesta, están vinculados casi obligatoriamente con la visita a la Comparsa. Es un ritual obligado al menos para los progenitores pamploneses y sus hijos e hijas acudir a la cita con los Gigantes e insuflar valor a los pequeños para hacer frente al miedo atávico de las vergas de espuma golpeantes de Kilikis y Zaldikos.

Comparsa de gigantes y cabezudos

Un poco de historia y sus orígenes

Las primeras referencias de gigantes en Pamplona se remontarían al 1600 como recogen Unai Lako y Aitor Calleja en su obra "Gigantes de Navarra. Pamplona". En 1657 Francisco de Azpigalla fabricó ocho gigantes y dos gigantillos, pero no solo el Ayuntamiento tenía sus Gigantes, también la Catedral. Tras años de decadencia y desuso, en la segunda mitad del siglo XIX vuelven a copar su protagonismo con la propuesta del pintor navarro, Tadeo Amorena, que propuso al Ayuntamiento la construcción de unos nuevos gigantes, del mismo tamaño de los que existían, pero más ligeros. Fabricó la pareja de gigantes europeos y, convencido el consistorio de la obra, le encargaron el resto. El resto de figuras de la comparsa fue incorporándose con los años.

Los protagonistas

Ocho Gigantes; cinco Cabezudos; seis Kilikis; y seis Zaldikos son los auténticos protagonistas del grupo, algunos con mayor o menor fama o favoritismo entre la población sanferminera.

Los Gigantes son ocho figuras que representan a cuatro parejas de reyes de cuatro etnias diferentes: europea, asiática, africana y americana. Miden unos tres metros y medio de altura y pesan entre 56 y 64 kilos, que son movidos con agilidad y destreza por sus porteadores, que danzan la figura al ritmo de la música. Son conocidos como el Rey Europeo (Joshemiguelerico), Reina Europea (Joshepamunda), Rey Asiático (Sidi abd El Mohame), Reina Asiática (Esther Arata), Rey Africano (Selim-pia Elcalzao), Reina Africana (Larancha-la), Rey Americano (Toko-toko) y Reina Americana (Braulia).

Cinco son los Cabezudos construidos por Félix Flores en 1890. Su única finalidad es pasear solemnemente precediendo a los gigantes y saludando a mayores y pequeños. Se trata de el “Alcalde", el “Concejal”, la “Abuela”, el “Japonés” y la “Japonesa”. Las figuras masculinas portan un bastón con pomo metálico, la Abuela una sombrilla y la Japonesa un pequeño abanico.

El "terror" de la Comparsa lo ponen los Kilikis. Media docena de figuras individuales, algo menos voluminosas de cabeza que los Cabezudos, y que todas van tocadas con una especie de tricornio. Su característica principal es la botana o verga de espuma con la que golpean a quienes se ponen a su alcance. La mezcla entre el pánico que desatan y su ternura es incomparable. Se les conoce como el “Coletas”, “Barbas”, “Patata”, “Napoleón”, "Berrugón" y sin duda el más famoso: “Caravinagre", que incluso ha puesta cara a la fiesta.

Los Zaldikos también son seis, su nombre deriva del euskera ..."caballitos" y son centauros que fusionan al hombre porteador y su grupa equina. No tienen nombre, aunque se les numera del uno al seis.

La Comparsa y todos sus protagonistas no tendrían vida sin sus Porteadores, más de medio centenar de personas que se encargan de que las figuras cobren vida al ritmo de la música que sirven, gaiteros, txistularis y al tamboril. Toda una delicia sonora para acompañar -sobre todo- las mañanas sanfermineras.