Cerezas recolectadas antes del amanecer para esquivar el calor en el Valle del Jerte
- Parte de la campaña de la cereza del norte de Cáceres se traslada a la madrugada ante picos de 40 grados
- Jornadas laborales más cortas, formación y prevención para evitar los golpes de calor
La recolección de la cereza en el Valle del Jerte y sus comarcas vecinas, en el norte de la provincia de Cáceres, ya no sigue el ritmo tradicional del campo. Los despertadores de patronos y temporeros suenan en torno a las cuatro de la madrugada. El aumento de las temperaturas ha obligado a transformar por completo las jornadas laborales, que ahora comienzan de madrugada para evitar las horas más extremas de calor.
Con linternas frontales en la cabeza y aún de noche, los trabajadores comienzan su jornada. “Venimos de noche. A las cinco de la mañana la mayoría de la gente está en el campo”, explica el cerecero José Estar Vaquero, conocido como Curro, de la localidad de Jerte. Así aprovechan las horas más frescas para avanzar la cosecha antes de que el calor apriete.
El cerecero José Estar recoge las cerezas a mano en su finca de Jerte, (Cáceres) Rubén Caballero
Madrugar para sobrevivir al calor
El cambio no es menor. La recogida de la cereza sigue siendo manual, trasladando las cestas de cerezas recién cogidas a pulso en los árboles a las cajas de transporte, lo que incrementa el esfuerzo y la exposición directa al sol. Por eso, la jornada termina ahora en torno a la una de la tarde. “Antes la jornada se hacía partida, de tres a seis, pero ahora es insoportable”, señala el propio José Estar Vaquero. Hoy manda el reloj térmico.
Antes la jornada se hacía partida, de tres a seis, pero ahora es insoportable
El comienzo de la faena de madrugada también beneficia a la cereza: llega con una temperatura menor a las cooperativas; y por tanto, menos blanda, lo que facilita su transporte, limpieza, y empaquetado.
Las altas temperaturas han alterado incluso el comportamiento de los árboles. Ahora deben resistir episodios prolongados de calor extremo que superan ampliamente los registros históricos. Los agricultores lo constatan: las distintas variedades están alterando su calendario de maduración.
Las cerezas maduran bajo el sol en el Valle de Jerte (Cáceres) Rubén Caballero
Prevención frente al riesgo laboral
Cada campaña, las explotaciones familiares incorporan mano de obra eventual. En el caso del agricultor José Estar, contrata entre tres y cuatro trabajadores temporeros. Si son nuevos, reciben formación específica en prevención de riesgos laborales. “Cuando das de alta a un trabajador, la empresa que tienes contratada de riesgos laborales les ofrece un curso unos días antes de empezar”, explica.
Las recomendaciones se centran en la hidratación constante, el uso de ropa ligera y transpirable y la necesidad de realizar pausas periódicas. El objetivo es evitar golpes de calor, el principal riesgo en estas condiciones, que puede llegar a provocar la muerte.
Moviendo peso: de las cestas de recolección a las cajas de transporte Rubén Caballero
“Aquí en el Valle del Jerte 40 grados nunca han existido. Ahora es inviable tener a un trabajador subido a una escalera recogiendo cerezas con ese calor”, advierte el veterano cerecero José Estar Vaquero, quien subraya el peligro real de accidentes y problemas de salud.
Es inviable tener a un trabajador subido a una escalera recogiendo cerezas con ese calor
Aunque no se han registrado casos graves en la zona durante labores agrícolas, la preocupación es creciente. La adaptación del campo a las condiciones climáticas más calurosas ya no es solo una cuestión de productividad, sino de seguridad.