Eric Clapton deslumbra en su regreso a Madrid en una noche de emoción, clásicos y un final inesperado
- El guitarrista e interprete británico retornó a la capital tras dos décadas de ausencia en un concierto breve pero intenso
- Con todas las entradas vendidas en el Movistar Arena, el recital duró apenas 80 minutos y los músicos no ofrecieron bises
Eric Clapton, el mítico guitarrista de blues que reinventó y popularizó el género en los años 60 del siglo XX, regresó en la noche del jueves a Madrid tras más de dos décadas de ausencia para ofrecer un concierto en el Movistar Arena cargado de clásicos y de nostalgia, pero de duración breve y con un final abrupto. Una hora y 20 minutos de concierto, sin bises, en el que el artista británico repasó algunos de los grandes éxitos de su larga trayectoria.
Una ausencia tan prolongada de los escenarios españoles hizo que el recinto madrileño colgara el cartel de 'no hay billetes —15.000 almas completaron el aforo— a pesar del alto precio de las entradas y de la edad del artista, 81 años muy bien llevados pero que pasaron factura en algún momento del recital. A pesar de su buen aspecto, Clapton no permitió el paso a reporteros gráficos, de ahí que las crónicas de esta noche madrileña, incluida esta, hayan tenido que ser ilustradas con imágenes de archivo.
El blues, protagonista
Tras la solvente actuación del telonero, Andy Fariweather Low, que calentó al público a base de versiones de soul, blues y swing, Clapton y su banda aparecieron sobre el escenario madrileño unos minutos antes de las 21:00, hora prevista para el comienzo. Lo hicieron con "Badge", uno de los temas emblemáticos de Cream, el supergrupo de vida breve que Eric Clapton formó en los 60 junto a Jack Bruce y Ginger Baker, una época en la que el guitarrista era considerado un dios, según rezaban los grafitis de las paredes de Londres.
Vestido con traje negro y camisa blanca, a juego con el color de su mítica Fender Stratocaster, desde el primer minuto se palpó en el ambiente que teníamos ante nosotros una banda excepcional, con un sonido limpio y contundente, y un guitarrista, Clapton, que aunque nunca fue el más rápido, sí sigue siendo único a la hora de poner el alma y el sentimiento a cada uno de sus solos. Parco en palabras, el artista solo se dirigió al público para pronunciar un tímido "buenas noches" al inicio del recital y algún "gracias" como respuesta a los fervorosos aplausos de los fans, la mayoría entrados en años e incluso contemporáneos del propio Eric Clapton.
El blues, gran protagonista de la noche, hizo aparición de inmediato con dos clásicos como "Key to the highway" y "Hoochie coochie man", dos estándards del género que Clapton ha convertido en parte de su repertorio habitual y en los que la banda se lució debidamente.
Llegó entonces el momento de "I shot the sheriff", el tema de Bob Marley and The Wailers que Clapton versionó en 1974 y supuso el espaldarazo para su entonces emergente carrera en solitario. Su interpretación fue uno de los grandes momentos de la noche, con un solo magistral de Clapton que elevó —aún más— el alto nivel musical que hasta el momento había ofrecido la banda.
Emoción en acústico
A continuación, los músicos desaparecieron de la escena y solo quedó la estrella de la noche que, armado únicamente con su acústica Martin, atacó "Kind hearted woman", como inicio de un tramo acústico al que se fue sumando el resto de la banda y en el que sonaron temas como "Nobody knows you when you're down and out" o "Golden years".
Con un pabellón entregado a la delicadeza de lo que estaba sonando llegó uno de los momentos de la noche, la lectura en acústico de "Layla" que Clapton nos regaló en su Unplugged de 1992 y que prefiere interpretar en lugar de la versión eléctrica que creó en 1970 junto a Duanne Allman, como respuesta al amor no correspondido por parte de Pattie Boyd, esposa de su amigo George Harrison, con quien finalmente se casaría años después en lo que supuso una tormentosa relación.
Pero si hay una canción con historia en la discografía de Eric Clapton esa es "Tears in heaven", el tema que dedicó a su hijo Conor tras su fallecimiento por una caída desde un rascacielos de Manhattan en 1991. Un dolor que el artista convirtió en una canción memorable que, en su versión actual, aparece con un arreglo distinto y un tempo algo más acelerado, sin que pierda ni un ápice del sentimiento que atesora.
Un final eléctrico y precipitado
La electricidad regresó al show con "Holy mother", un tema que rememora el infierno de drogas y alcohol que fue la vida del intérprete durante tres décadas y que escribió como forma de exorcizar aquellos demonios. "Crossroads blues", un clásico de Robert Johnson que Clapton hizo suyo desde la época de Cream, devolvió toda la fuerza del blues y el rock al escenario, con la banda funcionando como una máquina perfecta: una base rítimica contundente y de tempo milimétrico formada por el batería Sonny Emory y el bajista Nathan East, sobre la que brillaron los solos y arreglos del guitarrista Doyle Bramhall II, los teclistas Chris Stainton y Tim Carmon y las voces de las coristas Sharon White y Katie Kissoon.
"Little queen of spades", otro original de Robert Johnson, permitió a los músicos mostrar toda su maestría en una larga versión que dio paso al último tema de la noche, "Cocaine", un clásico de J.J. Cale que Clapton hizo suyo en 1977 y que desde entonces prácticamente no ha abandonado su repertorio. Más de diez minutos de interpretación que supusieron, sin duda, uno de los grandes momentos de la velada, con un Clapton pletórico haciendo aullar su guitarra con un sentimiento al alcance de solo algunos privilegiados.
Tras 80 minutos de concierto, Eric Clapton y sus músicos dijeron adiós y se retiraron a los camerinos, en lo que parecía el clásico ritual previo al bis. Pero la banda no regresó, como estaba previsto —en el resto de la gira europea, han interpretado "Before you accuse me" como cierre— y las luces del pabellón se encendieron, ante la incredulidad de los asistentes. Es cierto que, cuando se marchaban, una portada de un vinilo arrojada por alguien del público impactó en el músico. Pero según informa la agencia EFE, la promotora no ha confirmado que ese sea el motivo del final precipitado del concierto.
Una anécdocta que no debe empañar la sensación de haber vivido una noche histórica como es la actuación de un mito viviente de la música, quizá el guitarrista de rock —junto a Jimi Hendrix— más influyente de todos los tiempos.
La gira europea de Eric Clapton continuará este domingo con un recital en el Palau Sant Jordi de Barcelona y, tras un pequeño paréntesis, culminará el agosto en Reino Unido, antes de poner rumbo a Estados Unidos, donde ofrecerá ocho conciertos más, incluidos dos en el Crossroads Blues Festival en Austin (Texas), que promueve desde hace años el guitarrista que, por lo visto anoche en Madrid, sigue en forma y sin visos de retirarse.