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¿Qué dicen los datos del autismo en España? Avances, brechas y tareas pendientes

  • España avanza en detección, pero sigue sin tener criterios unificados
  • Las señales se ven pronto; el diagnóstico tarda y la espera depende del territorio
Una silueta negra de un niño de perfil muestra el interior de su cabeza lleno de líneas coloridas y entrelazadas, que representan el cerebro y sus conexiones neuronales, con algunas líneas extendiéndose hacia afuera.
Miguel Ángel Bauset*

El autismo aflora cada vez con más fuerza en las estadísticas españolas. El alumnado identificado no ha dejado de crecer, las niñas siguen infradiagnosticadas y las diferencias territoriales pesan en el acceso al diagnóstico y a los apoyos. Esta radiografía en cinco claves repasa qué cuentan los datos sobre prevalencia, educación, salud mental y atención sanitaria, y cuáles son los retos actuales.

España avanza en detección, pero sigue sin tener criterios unificados

La referencia más repetida para medir la cantidad de personas con autismo en España es que una de cada 100 personas está dentro del espectro, una proporción que equivale a casi medio millón en el país. El propio Ministerio de Sanidad ya recogía hace años ese aumento de la prevalencia estimada y situaba también en torno a 450.000 las personas afectadas en España.

“Más que un incremento real de la prevalencia, lo que se está produciendo es una mayor capacidad para identificar perfiles que antes pasaban desapercibidos”, puntualiza Marta Plaza, socióloga del área de investigación de la asociación Autismo España, que subraya que el aumento de diagnósticos tiene mucho que ver con cómo se detecta hoy el autismo.

Según el análisis de Autismo España a partir de los datos del Ministerio de Educación correspondientes al curso 2023-2024, en España hay 91.877 estudiantes diagnosticados con TEA en enseñanzas no universitarias, un 17,7% más que en el curso anterior.

Así, la experta atribuye esa mejora a la ampliación de los criterios diagnósticos, a una mejor comprensión de la diversidad dentro del espectro y a una mayor sensibilización de los profesionales y de la sociedad. También apunta a avances en los sistemas de registro, la recogida de información y la investigación, con herramientas de cribado más sensibles y más formación en pediatría, educación y salud mental.

La propia especialista advierte de que “siguen existiendo retos en la detección, como la detección en la edad adulta, la identificación en mujeres o la homogeneidad de los sistemas de registro e identificación y diagnóstico en los distintos territorios”. Al no haber un sistema unificado, las asociaciones y colectivos recomiendan analizar la evolución del alumnado escolarizado con diagnóstico de TEA –la referencia utilizada en el gráfico anterior– para interpretar las tendencias. 

Las señales se ven pronto; el diagnóstico tarda y la espera depende del territorio

Algunas señales del autismo pueden observarse ya en los primeros años de vida, pero convertir esas alertas en un diagnóstico sigue sin ser un proceso ágil ni homogéneo. La socióloga de Autismo España, explica que en los últimos años han mejorado las herramientas de cribado, la formación de profesionales de pediatría, educación y salud mental y los programas de vigilancia del desarrollo infantil, lo que ha aumentado la capacidad para identificar perfiles que antes pasaban desapercibidos.

Aun así, persisten retrasos y desigualdades. Plaza advierte de que en España no existe todavía una coordinación formal suficiente entre sanidad, educación y servicios sociales: hay recomendaciones estatales en el ámbito sanitario y protocolos educativos que varían según la comunidad autónoma, pero “el flujo de información, orientaciones y recursos entre los ámbitos sociosanitario y educativo sigue siendo una asignatura pendiente para el autismo”.

 Esa falta de engranaje común ayuda a explicar por qué la detección temprana y el acceso a la valoración diagnóstica no funcionan igual en todos los territorios. Desde Autismo España reclaman objetivos compartidos en todo el país para favorecer la detección precoz en los distintos contextos del desarrollo infantil. Según explica Marta Plaza, hace falta más capacitación profesional, valoraciones especializadas gratuitas y un sistema de asesoramiento adecuado para poder hacer un diagnóstico precoz.

Mejora la detección en niñas, pero el diagnóstico sigue llegando tarde

La identificación de niñas con autismo dentro del sistema educativo avanza y cada vez son más los diagnósticos. Sin embargo, la brecha de detección sigue siendo grande: el 81% del alumnado TEA en el curso 2023-24 eran chicos.

 “Tradicionalmente, los criterios diagnósticos y las herramientas de evaluación se basaban en perfiles mayoritariamente masculinos”, resume Marta Plaza. Esto ha favorecido durante décadas el infradiagnóstico femenino. El aumento de su presencia en las estadísticas escolares no borra el retraso diagnóstico que sigue afectando a muchas mujeres. Como detallaba Beatriz Mota, responsable del servicio de evaluación y diagnóstico de la asociación Autismo Cádiz, en una entrevista para RTVE, al cumplir los 18 años el 80% de las mujeres autistas seguían sin contar con una evaluación médica determinante, ya que durante muchos años las únicas diagnosticadas eran aquellas "con un TEA grave".

Ese desfase ayuda a entender por qué las niñas y mujeres autistas han tardado más en entrar en el radar estadístico. La experta señala que muchas niñas presentan formas de expresión más sutiles o diferentes, con “mayores habilidades de camuflaje social, intereses menos estereotipados o una mayor capacidad para imitar conductas sociales”, factores que han contribuido a que pasaran desapercibidas. Las consecuencias pueden ser profundas: crecer sin comprender las propias dificultades, no acceder a apoyos adecuados en momentos clave y desarrollar con más frecuencia ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria.

La inclusión crece, pero pocos pasan de la educación obligatoria

 Si hay un ámbito donde el autismo diagnosticado se ve con más claridad es en la escuela. Según el análisis de Autismo España, los estudiantes diagnosticados con TEA representan el 1,1% del total del alumnado general no universitario.

Ese avance también se refleja en la modalidad de escolarización. En el curso 2023-2024, el 85 % del alumnado autista estaba escolarizado en educación ordinaria, frente al 15% que cursaba educación especial. En la práctica, explica Plaza, las aulas están incorporando adaptaciones curriculares, profesionales de apoyo especializado, sistemas aumentativos y alternativos de comunicación, apoyos visuales, estructuración del entorno, aulas TEA y equipos especializados.

Pero la inclusión no avanza al mismo ritmo en todas las etapas ni con los mismos recursos. La presencia del alumnado autista se concentra sobre todo en Infantil, Primaria y ESO, mientras que su peso es mucho menor en Bachillerato y Formación Profesional. Plaza advierte además de que “estos recursos aún no son suficientes ni están distribuidos de forma homogénea” y reclama seguir reforzándolos para que “la inclusión sea efectiva y de calidad, y no únicamente una cuestión de presencia en el aula ordinaria”.

La salud mental y la vida adulta, dos grandes urgencias

Las carencias no terminan al acabar la escuela. En la vida adulta, Plaza describe “un ámbito especialmente crítico, donde se evidencian altas tasas de desempleo, una fuerte dependencia del entorno familiar y una escasez significativa de apoyos personalizados”. Según un estudio de Autismo España realizado con más de 2.000 personas, el 87,7% de las personas autistas adultas en España vive en el hogar familiar, mientras que solo una minoría accede a recursos residenciales o a fórmulas alternativas.

En la salud, la experta destaca cómo las personas autistas presentan, a lo largo de todo su ciclo vital, una mayor frecuencia de problemas de salud física y mental que la población general. Entre los problemas físicos menciona trastornos neurológicos, problemas gastrointestinales, alteraciones del sueño, sobrepeso, obesidad y trastornos metabólicos. En paralelo, subraya la elevada prevalencia de ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria y dificultades de autorregulación emocional y conductual.

Sin embargo, a esa mayor necesidad de atención se le suman barreras importantes para acceder a servicios sanitarios de calidad. La experta destaca retrasos o inadecuaciones en la detección y el diagnóstico, escasez de servicios especializados —sobre todo en el ámbito público de la salud mental— y un conocimiento y una sensibilización todavía limitados por parte de algunos equipos profesionales.

También pesan los problemas de accesibilidad: muchos entornos, productos y servicios sanitarios no incorporan criterios de accesibilidad cognitiva, faltan ajustes sensoriales y la rigidez en la organización de la atención —por ejemplo, en los tiempos o en la gestión de las citas— puede generar un alto nivel de malestar. Plaza advierte de que “aún no existe una respuesta sistemática, estructurada y plenamente accesible que garantice una atención equitativa y de calidad para todas las personas autistas”.

Para garantizar una vida digna e independiente, la experta reclama reforzar recursos como el empleo con apoyo, los servicios de orientación y acompañamiento laboral, las fórmulas alternativas y flexibles de vivienda con apoyos y los servicios especializados de salud mental. En resumen, una atención continuada, coordinada y centrada en la persona.


*Miguel Ángel Bauset es alumno del Máster de Reporterismo Internacional de la Universidad de Alcalá y RTVE. Este artículo ha sido supervisado por los editores Jaime Gutiérrez y Paula Guisado.