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'Clockilandia', un tan bonito como inquietante cómic que homenajea a los dibujos animados clásicos

  • Un cómic de Mathias Martinez que obtuvo una mención especial en la feria de Bolonia
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En la portada de un cómic, un reloj con rostro humano y manecillas que marcan una hora no especificada, se encuentra rodeado de comida y bebida, como hamburguesas y batidos, todo dibujado con un estilo de cómic europeo.
Ilustración de 'Clockilandia' (La Granja Editorial)

Nos encantan los cómics que, bajo su apariencia infantil, esconden una mirada crítica e incluso perversa sobre la sociedad actual. Y Clockilandia (La Granja Editorial), es uno de ellos. Un trabajo del joven artista francés Mathias Martinez (París, 1993), que nos remite a los míticos dibujos animados de los Fleischer (Popeye, Superman, Betty Boop), y que recibió una mención especial del jurado en la feria de libro ilustrado de Bologna 2025. Ya os decimos que no es un libro para regalar a los más pequeños, sino más bien a los fans de Los Simpsons, Futurama, Padre de familia...

Un cómic que nos cuenta la historia de Clocki, un reloj parlante que nació como personaje de cómic en 1932, se convirtió en el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y alcanzó su máxima popularidad al anunciar por televisión la hora de la merienda a los chavales (como la familia Telerín nos indicaba anosotros que nos fuéramos a la cama). Fue entonces cuando, en 1955, se inauguró Clockilandia, un parque de atracciones dedicado al reloj y a sus amigos.

Sin embargo, tras esa paraíso para los niños acecha una oscuridad que muestra el reverso más oscuro y tenebroso de esa felicidad infantil.

Páginas de 'Clockilandia' (La Granja Editorial)

La cara oculta del éxito

En Clockilandia, Mathias Martinez nos muestra la cara oculta del éxito, que hemos visto en la realidad en muchos actores infantiles como Macaulay Culkin o Drew Barrymore, ya que, a pesar de su fama y su dinero, Clocki se siente muy solo en su mansión y acaba sucumbiendo al alcohol y los excesos, lo que pone en peligro su programa y el parque de atracciones.

Para intentar salvar el programa, sus productores se sacan un compañero de la manga, Patón, un elefante policía que enseña a los niños a portarse bien. Al principio tiene tanto éxito que revitaliza la carrera de Cloki pero, finalmente, caerá en el olvido, mientras Cloki mantiene su fama y su fortuna.

Eso sirve a Martinez para hablarnos de la explotación laboral y de la fugacidad de la fama, de esos 15 minutos de fama de los que hablaba Andy Warhold y de ,os que encontramos tantos ejemplos en la actualidad, con estrellas efímeras como los protagonistas de los realitys, presentadores que duran una temporada. Y es que vivimos en un mundo que avanza a toda velocidad y no se detiene nunca.

Por supuesto también nos encontraremos a actores obligados a trabajar como camareros, uno de los tópicos más recurrentessobre la profesión.

Páginas de 'Clockilandia' (La Granja Editorial)

Una atmósfera inquietante

Mathias Martinez recalca esa fugacidad de la fama en este parque imaginario por el que pasan varios personajes que tampoco están en su mejor momento (una mascota también olvidada, un aficionado a las atracciones, una ex empleada que odia el parque y una niña).

Y aumenta esa sensación de pesadilla de los protagonistas con ese homenaje a los cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer. Pero llevando esa imagen, que tenemos grabada en nuestro inconsciente, hasta lo más grotesco, con dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector. Un mundo casi en descomposición, que contribuye a la confusión entre la realidad y el sueño, entre la vida y la ficción.

Páginas de 'Clockilandia' (La Granja Editorial)

La niña que protagoniza uno de los episodios (Susi), está inspirada claramente en Betty Boop, uno de los mayores éxitos de los estudios Feischer, y no deja de ser curiosa la aversión que parece tener hacia el parque de atracciones. Una experiencia que, con gran tino, el autor narra a ritmo de rock and roll.

Además, Martinez no usa bocadillos en la mayor parte de las páginas, sino que narra la historia con textos de apoyo. Otro homenaje a los primeros cómics de los que tanto bebe este trabajo, como El Príncipe Valiente, Flash Gordon...

Páginas de 'Clockilandia' (La Granja Editorial)

Destacar también la reducida paleta de colores del cómic (rojos y azules), que sirven al autor para reforzar esa atmósfera vintage del cómic. Y la estupenda edición de La Granja Editorial, ya que han cuidado con mimo todos los detalles, desde la tipografía hasta la camisa desplegable que se convierte en un poster en el que podemos ver el mapa de ese parque de atracciones tan peculiar.

En fin, un cómic tan bonito visualmente como emocionalmente inquietante. Nos ha encantado.

Portada de 'Clockilandia' (La Granja Editorial)