Endometriosis, mucho más que un dolor menstrual
- La padecen una de cada diez mujeres en el mundo, pero a pesar de su altísima prevalencia, es una enfermedad poco investigada
- Provoca dolores muy intensos y síntomas variados, y en muchos casos acaba derivando en infertilidad
- Desde la Asociación de Endometriosis de Navarra piden que se conciencie a la comunidad médica para que se diagnostique antes
La llaman "la enfermedad del silencio" porque no se conoce mucho sobre ella. A pesar de su alta prevalencia –afecta a una de cada 10 mujeres en el mundo en edad reproductiva; la OMS cifra en 190 millones las mujeres afectadas a nivel global–, es una patología poco investigada y que tarda en diagnosticarse.
Endo… ¿qué?
La endometriosis es una enfermedad crónica sin causa conocida en la que el endometrio, un tejido que envuelve el útero, se inflama y crece fuera, pudiendo adherirse a otros órganos. Provoca dolores muy intensos –en algunos casos similares a los de las contracciones de un parto-, sangrados abundantes, fiebre, y molestias muy variadas, según cada mujer.
Una vida con dolor
Nerea Barba es la presidenta de la Asenna, la Asociación de Endometriosis de Navarra, y cuenta que tiene dolores menstruales desde los 10 años. “Con 8 años, el día de mi comunión, me baja mi primera regla, y a partir de los diez, ya empiezo a tener molestias muy fuertes”. Ha convivido con el dolor prácticamente desde que tiene recuerdos.
“Yo no podía hacer la vida cotidiana como una más, porque faltaba mucho al colegio”, explica Barba, que no fue diagnosticada hasta que tuvo 30 años. “Te condiciona muchísimo la vida, porque al final, acabas faltando también al trabajo, no puedes con el dolor”, explica.
La enfermedad del silencio
A la endometriosis se la conoce como “la enfermedad del silencio” por diferentes razones: en primer lugar porque, como ha ocurrido históricamente con muchas patologías relacionadas con las mujeres, se han invisibilizado sus consecuencias.
Espe Ciriza, miembro de Asenna, ha sido intervenida en quirófano en varias ocasiones y reconoce que la enfermedad le ha causado mucha frustración, porque le ha hecho sentirse muy incomprendida: “Ahora se empieza a hablar más, puedes expresarte sobre ello, pero ves que la gente no te entiende”. Barba abunda en este mismo sentimiento, muy común entre las afectadas: “A la hora de socializar no te entienden. Piensan: ‘Ya está otra vez mala, es una falsa, se queja por todo… Al final, te aísla socialmente, laboralmente, personalmente”.
Objetivo: que se diagnostique antes
La variedad de síntomas, pero también la falta de formación médica específica en la materia, hace que se tarde una media de siete años en diagnosticarse. Por eso, desde Asenna insisten en la importancia de que se hagan más esfuerzos para su detección precoz.
Ciriza explica que si se diagnostica antes, se pueden poner tratamientos para paliar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Se logra además, en muchos casos, frenar el crecimiento del tejido y sus consecuencias negativas. “Se les tendría que encender una bombilla tanto a los médicos de cabecera como a los ginecólogos, cuando les viene una paciente con todos estos síntomas”, advierte.
“Ser mujer no tiene por qué doler”
Otra de las caras de esta enfermedad poliédrica es la normalización que nuestra sociedad hace del dolor menstrual. Las mujeres a menudo crecemos con el mantra de que la regla duele, que “es lo que hay”. Algo que hace que, a menudo, el dolor se asuma y no se exteriorice. Desde Asenna quieren contribuir a romper este tabú en torno a los dolores menstruales, porque ser mujer, insisten, no tiene por qué doler.