Rodolfo Martín Villa: "El 3 de marzo fue una suma de errores horribles"
- El exministro cuenta a RTVE cómo vivió aquella trágica jornada que dejó cinco muertos y decenas heridos
- 3 de marzo de 1976: La masacre en Vitoria que dejó cinco obreros muertos y un centenar de heridos
Rodolfo Martín Villa era ministro de Relaciones Sindicales en el Gobierno presidido por Carlos Arias Navarro a la muerte de Franco. Como tal, siguió de cerca los acontecimientos que se sucedieron en Vitoria desde enero de 1976 y que desembocaron en la masacre del 3 de marzo.
Así recuerda el exministro aquella jornada: "Respecto de Vitoria tengo un recuerdo marcado por la rabia y el dolor ante algo que se pudo evitar. El día 3 era miércoles de ceniza. El domingo anterior me había reunido en el Parador de Fuenterrabía con los presidentes de los Consejos de Trabajadores y Empresarios de las tres provincias vascas y Navarra. Estaba previsto abordar la reforma sindical, pero la mayor parte de la conversación fue sobre la situación en Vitoria, que era extremadamente grave, no solo desde el punto de vista sindical sino desde el punto de vista ciudadano".
PREGUNTA. ¿Qué es lo que les preocupaba?
RESPUESTA. Son los primeros meses de 1976 y la muerte de Franco estaba todavía reciente. Coinciden muchos convenios colectivos que en Vitoria afectan a empresas importantes, en particular Forjas Alavesas. Además, hay otra cosa negativa. En Vitoria no hay autoridades porque el alcalde y el presidente de la Diputación Foral habían tenido que dimitir para presentarse a las elecciones. El gobernador civil llevaba poco tiempo en el cargo y, por las razones que sean, la autoridad gubernativa se inhibe de todo lo que estaba pasando en la calle. Esto no explica todo lo que pasó el día 3 ni lo justifica, que fue horrible, pero no se puede explicar el día 3 sin lo que previamente había sucedido en Vitoria.
P. ¿Cuándo se enteraron del asalto a la iglesia de San Francisco de Asís por fuerzas policiales?
R. Estábamos reunidos en el edificio del Consejo Nacional, hoy del Senado y después de las muertes de los cinco trabajadores a mí me llega la noticia y le digo a Arias Navarro "presidente, en Vitoria ha pasado esto". Fraga no estaba en España y Arias Navarro dijo a Suárez, que era el encargado de los asuntos corriente del Ministerio de la Gobernación en ausencia de su titular, a Alfonso Osorio y a mí que nos reuniéramos en un despacho aparte. Recabamos más información y decidimos que no se aplicara el estado de excepción porque nunca había sido eficaz y sí que había generado múltiples errores.
P. ¿Es cierto que el capitán general de Burgos quiso sacar los tanques en Vitoria?
R. El capitán general de la sexta Región Militar, con sede en Burgos, quiso atribuirse una cierta autoridad política que no tenía. Adolfo Suárez fue absolutamente firme y le negó las atribuciones que quería tener. Respecto a sacar los tanques, no soy capaz de confirmarlo. Solo afirmo lo que conozco y con el detalle que lo conozco. Lo que sí confirmo es que quiso ser alguien que tuviera autoridad y no tenía ninguna autoridad para ese tema.
P. ¿Fue un error desalojar la iglesia? ¿Quién dio la orden?
R. A toro pasado es fácil acertar sobre lo que se debió y no se debió hacer. Tras la reunión del Parador de Fuenterrabía el 29 de febrero, traslado al ministro Fraga lo difícil de la situación en Vitoria. El martes siguiente tenemos una cena, en la que yo expongo claramente lo que me han contado. Esa información pasa luego a la autoridad gubernativa. No son ganas de eludir responsabilidades, pero creo que ejercí las mías como buenamente pude ¿Quién dio las órdenes? Mire, yo al cabo de unos meses soy ministro de Gobernación y por eso sé que en ese tipo de cosas también los gobernadores civiles podían tener la responsabilidad y creo que el gobernador civil de Álava la asumió al requerir refuerzos para actuar. La actuación allí fue más de tipo militar y de agentes militares con mando militares.
P. ¿Qué opina de lo que pasó?
R. Creo que fue una suma de errores horribles. Quizás a toro pasado se puede decir que no se debió permitir la reunión, pero lo cierto es que se permitió y allí había miles de trabajadores. Además, cuando se entra y se dispara había otros miles de trabajadores fuera que querían entrar. Las dificultades fueron manifiestas y las responsabilidades totales. Colocarlas en personas concretas…me siento incapaz.
Respecto a las mías, yo siempre me he sentido cerca de las responsabilidades en todos los gobiernos de los que he formado parte, incluso de aquellas actividades en las que yo no hubiera participado. En ese tema yo no tenía las responsabilidades sobre las actuaciones policiales, pero ciertamente me he considerado muy cerca de lo que allí pasó y tengo un sentimiento de rabia y dolor por no haber podido evitarlo.
P. ¿Fue una irresponsabilidad la actuación policial?
R. Por supuesto. Pero no me atrevo a señalar responsables concretos. Sí me atrevo a decir que la responsabilidad originaria está en la falta de actuación de la autoridad gubernativa antes del 3 de marzo. A lo largo de los dos meses anteriores.
P. ¿Presionaron los empresarios para aplicar mano dura con los huelguistas?
R. El presidente de los empresarios de Álava y vicepresidente de la Cámara de Comercio era Jesús Viana, que luego tuvo protagonismo importante en la UCD. Ni los empresarios ni los trabajadores con los que yo me había reunido en Fuenterrabía pidieron que se acabara de cualquier manera el conflicto. Lo que echaron de menos era una inteligente actuación de la autoridad gubernativa, que no había existido. A nadie se le ocurrió pedir el uso de las armas.
Solo unos días después del 3 de marzo los empresarios aceptaron la mayor parte de las exigencias de los huelguistas. ¿Por qué no lo hicieron antes?
Algunas reivindicaciones eran inasumibles. La situación era muy extraña. Las comisiones representativas de las fábricas en lucha no tenían nada que ver con la organización sindical que podían considerar un producto del franquismo. Tampoco tuvieron en cuenta a CCOO o UGT sindicatos que, pese a estar prohibidos, tenían ya una presencia importante. Se podían resolver algunas cosas y otras no. La solución, desgraciadamente, llegó tres días después del 3 de marzo. Fue el juez Juan Bautista Pardo quien arbitró la salida al conflicto en Forjas Alavesas.
P. ¿Cómo era la situación en aquellos primeros meses tras la muerte del dictador?
R. Era muy complicada. Había muerto Franco y había una explosión de las libertades. Se sabía lo que queríamos ser, pero no cómo llegar a serlo. Lo que hoy parece sencillo, en aquel momento no lo era. Yo soy un reformista, me ha tocado serlo y los ciudadanos se inclinaron por la reforma para hacer lo mismo que pretendían los rupturistas, pero sin que al Gobierno se le fuera de las manos la seguridad ciudadana. Explicarlo ahora es difícil.
P. ¿Le parece oportuno que se desclasifiquen los papeles del 3 de marzo?
R. Creo que no hay ningún inconveniente. Nunca he tenido fe en los secretos oficiales. No creo que nada importante de la seguridad nacional esté en juego si se desclasifican mañana.
P. ¿Qué opina de la causa abierta contra usted en Argentina por el 3 de marzo?
R. Es fácil una querella en la que se concluya que cualquier actuación policial con muertes, en cualquier país del mundo, es crimen de lesa humanidad. Hoy mismo situaciones similares se dan en países muy democráticos. Y, además, se considera que cualquier integrante de un Gobierno que haya cometido hechos como estos, con o sin competencias policiales, es responsable de crímenes de lesa humanidad. Los crímenes así catalogados no pueden ser amnistiables. Yo no me siento amnistiable porque la propia ley de Amnistía de 1977 beneficia sobre todo al terrorismo, que fue el único enemigo de la transición y a las autoridades y agentes de la autoridad que tuvieran responsabilidades. Yo no las tenía.
P. Como integrante del gobierno que había el 3 de marzo, ¿enviaría unas palabras de disculpa a las familias de los fallecidos?
R. A mí una de las cosas, si quiere en el orden personal, que más me impresionó es que había dos personas entre los muertos que no llegaban a los 20 años o estaban alrededor. Yo en aquel momento tenía solo 41 pero es que algunos de estos podían ser hijos míos…