Día de la Lengua Materna: palabras que tejen la memoria que somos
- Cuatro periodistas de RTVE narran en su propia lengua materna recuerdos de infancia
La lengua materna es origen y, al mismo tiempo, refugio. Las palabras que pronunciamos desde la infancia no solo nos enseñan a nombrar lo que nos rodea: modelan, sutilmente, la persona en la que nos convertimos. Se fijan en la memoria como raíces profundas y, con el paso de los años, permanecen ahí, firmes. Son ese salvavidas al que uno vuelve, tenga la edad que tenga, para no perderse.
En el Día Internacional de la Lengua Materna, cuatro periodistas de RTVE cuentan en primera persona —y en la lengua que les acompañó en buena parte de su infancia y juventud— su convivencia con estas lenguas que llegan acompañadas de olores, acentos y sonidos familiares. Son testimonios donde se entrelazan la intimidad del hogar y la vida social, donde la identidad se construye entre sobremesas, aulas, rincones de juego y calles. Miradas que, con la perspectiva que nos da el tiempo, hablan también de distancia, de pertenencia y, en algunos casos, de reconciliación con esa lengua que nunca dejó de ser casa.
Ebbaba, Àlex, Víctor y Laura no crecieron en castellano, pese a que lo usen en su día a día, y comparten la riqueza de una mochila cargada de palabras y el sentimiento común de que no importa el idioma para poder entenderse.
Ebbaba Hameida. Lengua materna: italiano
Caro italiano: da bambina, mi sentivo indissolubile alla tua cadenza, a quel tuo modo di narrare il mondo con il volo delle mani. Ti osservavo e sentivo che, per parlarti, era necessario muovere le labbra con la stessa persistenza con cui i cammelli attraversano il Sahara. La mia partenza fu uno strappo così brusco che, lungo la strada, mi lasciai alle spalle l’arabo e mi convinsi che tu mi appartenessi. Sei diventato l'eco della mia infanzia, l'aroma dei parchi verdi e il rifugio dei miei giochi.
Ma, all'improvviso, ti ho imposto il silenzio. Ti ho abbandonato per abbracciare il deserto, cercando di assimilare una lingua che, in realtà, già pulsava nel mio sangue: l'hassanya, quel figlio dell'arabo classico. L’arabo è tornato a reclamarmi, a riconquistarmi con una lentezza piena di rispetto e complessità. Anche se la verità è che non se n'era mai andato del tutto; abitava nel rifugio delle coccole, tra gli abbracci di mia madre, cristallizzandosi nella mia memoria con la dolcezza di un واني بيك.
Tuttavia, arrivò il giorno in cui lasciai Roma e il Sahara, e un risentimento profondo sbocciò contro di te e contro l’arabo. I miei primi anni in Spagna furono di un'orfandad assoluta. Sentivo di non abitare nessuna lingua, che le parole mi fossero estranee. Vi conoscevo tutti e tre, ma a nessuno apparteneva la mia anima. La mia mente sembrava una mappa senza spazio per così tante frontiere, e quell'assenza di lingua divenne una crisi d'identità: se non avevo parole mie, chi ero io veramente?
Fu allora che mi immersi nella ricerca. Mi concessi una nuova opportunità e il castigliano mi catturò, esigendo lo sforzo di mettere a tacere la tua voce e quella dell’arabo. Ci siamo abbandonati a vicenda, a poco a poco, in un addio silenzioso.
Oggi, sento e penso in spagnolo. Ma, sai una cosa? Non voglio che tu te ne vada. Mi insegui nella traccia di un accento indecifrabile che mi fa sentire strana, ma allo stesso tempo, immensamente fortunata. Ti uso poco, è vero, ma quando ritorni sulle mie labbra, mi restituisci una felicità che appartiene solo a chi sa che la propria identitá è fatta di molti mondi.
Un viaggio tra le lingue del cuore
Lettera all'italiano de la mia infanzia
Querido italiano: de niña, me sentía indisoluble a tu cadencia, a esa forma tuya de narrar el mundo con el vuelo de las manos. Te observaba y sentía que, para hablarte, era necesario mover los labios con la misma persistencia con que los camellos atraviesan el Sáhara. Mi partida fue un desgarro tan abrupto que, en el camino, dejé atrás el árabe y me convencí de que tú me pertenecías. Te convertiste en el eco de mi infancia, en el aroma de los parques verdes y en el refugio de mis juegos.
Pero, de pronto, te impuse el silencio. Te abandoné para abrazar el desierto, intentando asimilar una lengua que, en realidad, ya latía en mi sangre: el hasanía, ese hijo del árabe clásico. El árabe volvió a reclamarme, a reconquistarme con una lentitud llena de respeto y complejidad. Aunque la verdad es que nunca se fue del todo; habitaba en el refugio de los mimos, entre los abrazos de mi madre, cristalizándose en mi memoria con la dulzura de un wani bik.
Sin embargo, llegó el día en que dejé Roma y el Sáhara, y un resentimiento profundo brotó contra ti y contra el árabe. Mis primeros años en España fueron de una orfandad absoluta. Sentía que no habitaba ningún idioma, que las palabras me eran ajenas. Os conocía a los tres, pero a ninguno le pertenecía mi alma. Mi mente parecía un mapa sin espacio para tantas fronteras, y esa ausencia de lengua se convirtió en una crisis de identidad: si no tenía palabras propias, ¿quién era yo realmente?
Fue entonces cuando me sumergí en la búsqueda. Me concedí una nueva oportunidad y el castellano me cautivó, exigiéndome el esfuerzo de silenciar tu voz y la del árabe. Nos abandonamos mutuamente, poco a poco, en una despedida silenciosa.
Hoy, siento y pienso en castellano. Pero, ¿sabes algo? No quiero que te vayas. Me persigues en el rastro de un acento indescifrable que me hace sentir extraña, pero al mismo tiempo, inmensamente afortunada. Te uso poco, es cierto, pero cuando regresas a mis labios, me devuelves una felicidad que solo pertenece a quienes saben que su hogar está hecho de muchos mundos.
Àlex Cabrera. Lengua materna: catalán
Una conversa sobre el català és una conversa sobre la meva idea de família. He crescut amb aquesta llengua gràcies a bona part dels meus éssers més estimats; un aprenentatge que m'ha permès ser qui sóc avui. Les primeres veus que vaig sentir que em parlaven en català van ser les dels meus avis i els meus padrins. Quatre de les figures més importants, sens dubte, de la meva vida.
Amb ells he crescut amb el català com a llengua principal, un fet del qual n'estic molt orgullós. Els meus records de petit comencen de fet amb ells, a Sabadell: els diumenges a la tarda jugant a jocs de taula i mirant el Barça. Recordar el meu avi cridant i mirant la televisió sempre em va fer molta gràcia. Aquelles tardes, a més, s'amanien amb pa i pernil. "Pernil del bo!", sempre em deia ell.
És cert que sempre he reservat el català pels espais més íntims de la meva vida, com per exemple amb la meva parella i part dels meus millors amics. Amb una altra part de les meves amistats parlo castellà, i ho faig amb la mateixa naturalitat que parla el català. La veritat és que no se'm fa gens estrany barrejar tots dos idiomes; de fet els estimo tots dos.
Ara, i des de fa uns mesos, he obert una nova etapa professional a Madrid. Com és evident, parlo i em comunico més en castellà que no pas en català. Però sempre que tinc l'oportunitat intento transmetre el meu coneixement sobre la meva llengua a la resta de companys. Trobo que és un fet que ens pot enriquir a tots. I malgrat que ara sigui a Madrid, sempre que penso en català o sempre que l'escolto em porten a aquelles veus familiars. Perquè, per mi, el català em porta a la idea de família.
El català, una llengua que em recorda a la idea de família
La meva llengua vol viure i conviure amb tothom
Una conversación sobre el catalán es una conversación sobre mi idea de familia. He crecido con esta lengua gracias a buena parte de mis seres más queridos; un aprendizaje que me ha permitido ser quien soy hoy. Las primeras voces que oí que me hablaban en catalán fueron las de mis abuelos y mis abuelos. Cuatro de las figuras más importantes, sin duda alguna, de mi vida.
Con ellos he crecido con el catalán como lengua principal, algo de lo que estoy muy orgulloso. Mis recuerdos de pequeño comienzan de hecho con ellos, en Sabadell: los domingos por la tarde jugando a juegos de mesa y mirando al Barça. Recordar a mi abuelo gritando y mirando la televisión siempre me hizo mucha gracia. Esas tardes, además, se aliñaban con pan y jamón. "Jamón del bueno!", siempre me decía él.
Es cierto que siempre he reservado el catalán por los espacios más íntimos de mi vida, como por ejemplo con mi pareja y parte de mis mejores amigos. Con otra parte de mis amistades hablo castellano, y lo hago con la misma naturalidad que habla el catalán. La verdad es que no me resulta extraño mezclar ambos idiomas; de hecho amo a ambos.
Ahora, y desde hace meses, he abierto una nueva etapa profesional en Madrid. Como es evidente, hablo y me comunico más en castellano que en catalán. Pero siempre que tengo la oportunidad intento transmitir mi conocimiento sobre mi lengua al resto de compañeros. Creo que es algo que nos puede enriquecer a todos. Y aunque ahora esté en Madrid, siempre que pienso en catalán o siempre que lo escucho me llevan a esas voces familiares. Porque, para mí, el catalán me lleva a la idea de familia.
Victor d'Avigneau. Lengua materna: francés
Moi et le français, nous sommes fâchés.
Au début, quand j’étais petit, à l’école, à Alicante, c’était mon pouvoir magique. Un code indéchiffrable pour les autres. Je n’avais pas le droit de dire de gros mots en espagnol ; en revanche, impossible pour mes professeures de me punir si je les disais en français. J’avais d’ailleurs pris soin d’enseigner cette astuce à mes petits camarades. Il fallait voir la tête des nonnes de mon école quand elles ont vu une trentaine de gamins hurler « merde » à tue-tête.
À cette époque, je ne savais même pas qu’il existait un pays entier où l’on parlait cette langue. Ce que je connaissais du monde, c’était l’Espagne. Ou plutôt Alicante. Et même cela est encore un peu grand. Mon univers, c’était la Playa San Juan. Au-delà du château de Santa Bárbara, c’était déjà l’étranger.
Longtemps, les choses ont été simples : il y avait la langue de l’école et celle de la maison. Deux univers séparés qui ne se mélangeaient pas.
Puis je suis parti en Belgique. Là, j’ai dû affronter le français autrement. Il n’avait plus rien d’un jeu. Il n’était pas sympathique. Il était même très désagréable. L’espagnol, lui, se laissait lire et écrire sans rouspéter. Le français, avec ses règles, ses exceptions et ses exceptions aux règles, me paraissait injuste — pire — absurde.
Et puis il a pris trop de place. Il est devenu la langue de mes lectures, de mes études, de mes colères, de mes amis, de mes ennemis et de mes amours. C’est en français que j’ai appris à penser le monde, à l’explorer et à en douter.
J’aime le français, mais il m’exaspère. Il peut être si négatif, si dédaigneux, si prétentieux. Il juge, il nuance, il soupire. Il complique ce qui pourrait être simple. Il met des règles là où je voudrais du souffle.
Et pourtant.
Quand il enlève son corset, quand il respire, quand il sort de sa rigidité, il devient vertigineux. On peut le tordre, le déchiqueter, le pousser jusqu’au cri. Il peut être sublime ou obscène, savant ou violent, élégant ou résolument vulgaire. Il possède des dizaines de synonymes pour presque tout, des nuances infinies pour nommer une même émotion, une même blessure, un même désir. Il supporte tout. Il résiste. Et il répond. Aucune autre langue ne m’a offert cette passion, cette précision, cette liberté.
Je l’aime pour ce qu’il me permet.
Je le déteste pour ce qu’il exige.
Je pense souvent que c’est pour cela que je suis revenu en Espagne. Le français et moi, nous nous entendons mieux lorsqu’il est loin de moi.
Je t'aime, moi non plus
Cronique de comment le français m'a toujours dépassé
El francés y yo estamos enfadados. Al principio, cuando era pequeño, en el colegio, en Alicante, era mi poder mágico. Un código indescifrable para los demás. No tenía permitido decir palabrotas en español; en cambio, era imposible que mis profesoras me castigaran si las decía en francés. Incluso tuve el cuidado de enseñarles el truco a mis compañeros. Había que ver la cara de las monjas cuando una treintena de niños se puso a gritar «merde» a las nueve de la mañana.
En aquella época ni siquiera sabía que existía un país entero donde se hablaba esa lengua. Lo que yo conocía del mundo era España. O mejor dicho, Alicante. Y aun eso es demasiado. Mi universo era la Playa San Juan. Más allá del castillo Santa Bárbara, ya empezaba el extranjero.
Durante mucho tiempo, todo fue simple: la lengua del colegio por un lado y la de casa por otro.
Luego me fui a Bélgica. Allí tuve que enfrentarme al francés de otra manera. Ya no era un juego. No era amable. Era, incluso, bastante desagradable. El español se dejaba leer y escribir sin protestar; el francés, con sus reglas, sus excepciones y sus excepciones a las reglas, me parecía injusto —peor aún— absurdo.
Y, sin embargo, acabó ocupándolo todo. Se convirtió en la lengua de mis lecturas, de mis estudios, de mis enfados, de mis amigos, de mis enemigos y de mis amores. En francés aprendí a pensar el mundo, a explorarlo y a dudar de él.
Quiero al francés, pero me exaspera. Puede ser tan negativo, tan desdeñoso, tan pretencioso. Juzga, matiza, suspira. Complica lo que podría ser sencillo. Impone reglas donde yo querría respirar. Y, aun así.
Cuando se quita el corsé, cuando respira, cuando sale de su rigidez, se vuelve vertiginoso. Se puede retorcer, despedazar o invertir. Puede ser sublime u obsceno, ser culto o violento, elegante o descaradamente vulgar. Tiene decenas de sinónimos para casi todo, matices infinitos para nombrar una misma emoción, una misma herida, un mismo deseo. Lo soporta todo. Resiste. Responde. Ninguna otra lengua me ha ofrecido esa pasión, esa precisión, esa libertad.
Lo quiero por lo que me permite.
Lo odio por lo que me exige.
A menudo pienso que por eso he vuelto a España. El francés y yo nos llevamos mejor cuando está lejos de mí.
Laura Villalba. Lengua materna: gallego
Marchei da terra con 17 anos e levo outros 17 fóra. Dende cativa, tiven unha relación especial coa lingua. Eu tiven que aprendela nos libros, non coma o resto dos nenos, pois os meus pais non son galegos. Antes de falala, a lingua era para min algo misterioso e alleo, unhas verbas fascinantes e cativadoras que os meus amigos utilizaban cos seus avós coma unha ponte entre xeracións. O que para outros era natural, foi para min obxecto de interese e estudo. Quizais por iso dende o comezo entendín que unha lingua é coma un segredo que compartes cos teus iguais, un código ancestral e preciado para recoñecernos e nomear experiencias comúns de difícil tradución: a saudade, a morriña, a afouteza, a carraxe…
Nestes 17 anos de diáspora, a lingua foi para min coma unha áncora coa miña identidade. Foi tamén un medio para namorar, falando galego entre copas nun balcón de Malasaña co home que hoxe é o meu marido, compartindo cun estraño ese código íntimo do berce. A lingua é conexión, herdanza e memoria. Por iso nós, oito anos despois daquela primeira conversa, seguimos falando galego no noso piso de Madrid. Para manter un fogar fóra do fogar.
A lingua, unha áncora coa identidade
O galego como ponte entre xeracións e instrumento para crear comunidade
Me fui de la tierra con 17 años y llevo otros 17 fuera. Desde pequeña, he tenido una relación especial con la lengua. Yo tuve que aprenderla en los libros, no como el resto de niños, ya que mis padres no son gallegos. Antes de hablarla, la lengua era para mí algo misterioso y ajeno, unas palabras fascinantes y cautivadoras que mis amigos utilizaban con sus abuelos, como un puente entre generaciones. Lo que para otros era natural, fue para mí objeto de interés y estudio. Quizás por eso desde el principio entendí que una lengua es como un secreto que compartes con tus iguales, un código ancestral y preciado para reconocernos y nombrar experiencias comunes de difícil traducción: la “saudade”, la “morriña”, la “afouteza”, la “carraxe”…
En estos 17 años de diáspora, la lengua ha sido para mí como un ancla con mi identidad. Fue también un medio para enamorarme, hablando gallego entre copas en un balcón de Malasaña con el hombre que hoy es mi marido, compartiendo con un extraño ese código íntimo de cuna. La lengua es conexión, herencia y memoria. Por eso nosotros, ocho años después de aquella primera conversación, seguimos hablando gallego en nuestro piso de Madrid. Para mantener un hogar fuera del hogar.
*InfografíaRTVE (Hiberus)