Enlaces accesibilidad

'Good Boy': que alguien le dé un Oscar a este perro

  • La cinta de terror 'perruno' dirigida por Ben Leonberg, que triunfó en Sitges y en SXSW, llega a los cines

Ilustración de Indy, un retriever, sobre fondo azul grisáceo; su sombra se alarga mientras desde la izquierda avanzan manos negras de sombra hacia él. Arte de Good Boy.
Arte promocional de Good Boy (Ben Leonberg, 2025): Indy frente a manos de sombra que se estiran desde la oscuridad. Imagen: Filmin. Filimin
Daniel Cargol

En el cine existen muchos recursos para contar historias: pasando por los más visuales, como la fotografía, hasta decisiones de dirección como el uso de cámara al hombro o trípode, así como el color o pequeños microgestos en la interpretación; entre todos ellos destaca el efecto Kuleshov, bautizado por el cineasta soviético Lev Kuleshov en los años veinte. Esta técnica juega con el espectador de una forma curiosa: provoca que asociemos a rostros neutros distintas emociones y significados en función de la imagen que los sigue o los precede. En Good Boy encontramos un ejemplo claro de cómo utilizar este recurso en su máxima expresión.

Denle un Oscar a este perro

En este film, de apenas una hora y cuarto de duración, seguimos a Indy, un retriever de Nueva Escocia que se enfrenta a un demonio que habita la casa donde vive con su humano, Todd. Rompe con muchos estándares del cine de terror, ya que toda la película está rodada desde la perspectiva del can. De los humanos apenas se ven los rostros —a menudo fuera de foco o de cuadro, o simplemente velados por luz o ropa—, por lo que gran parte del peso actoral recae sobre el animal.

Indy, un retriever, mira a cámara en una habitación en penumbra mientras un humano, fuera de foco, sostiene una linterna azul. Fotograma de Good Boy.

Indy, protagonista de Good Boy (Ben Leonberg, 2025), en un interior a oscuras iluminado por una linterna. Imagen: Filmin. FILMIN

El pilar de Good Boy es Indy. Dirigida por Ben Leonberg, no hay voz en off ni trucos ni CGI: Indy es un perro real —debutante y, además, la mascota del director—, sin entrenamiento para la actuación. El cineasta demuestra pulso de montaje: activa el efecto Kuleshov para aportar significado a sus miradas y planos. Sentimos miedo, angustia o terror, no porque el perro esté “actuando”, sino porque lo que rodea su mirada y su expresividad nos invita a experimentar esas emociones. En los primeros cinco minutos quedan claras dos cosas: la expresividad de Indy —sin decir una sola palabra transmite más que muchos intérpretes bípedos— y la minuciosidad del montaje, la puesta en escena y la dirección.

La historia sigue a un perro y su dueño frágil enfrentándose a un demonio y a la enfermedad —aunque puede que se tratase siempre de la misma cosa—. Aunque la trama se apoya en lugares comunes y no ofrece nada nuevo en ese frente, la película emociona: acabamos apoyando a Indy, tememos por su bienestar y hay escenas de auténtico miedo, bien creadas y tensionadas. Escuchar a un perro llorar te rompe; escuchar a Indy ladrar, además, multiplica la angustia. Lo que para un humano sería “investigar el misterio”, para Indy es “proteger lo mío”, y ahí es donde el terror encuentra su verdadera fuerza.

El perro que en ocasiones veía fantasmas

Cámara al hombro y a ras de suelo: la casa se mira como la miraría Indy, y esa decisión funciona de maravilla. Con recursos limitados y mucho ingenio, la película supura mimo en cómo usa la luz (penumbra, contraluces) y el sonido (ruidos domésticos reconocibles, silencios bien medidos). Los jump scares son pocos y están bien colocados: cuando llegan, funcionan.

Indy, un retriever, en primer plano en un bosque grisáceo; al fondo, desenfocada, se intuye una figura humana junto a un tronco caído. Fotograma de Good Boy.

Indy, protagonista de Good Boy (Ben Leonberg, 2025), en el bosque frente a un tronco caído; al fondo, una presencia humana difusa. Imagen: Filmin. FILMIN

La película es directa y eso le sienta muy bien. Aun así, en la segunda mitad se percibe cierta repetición de patrón y, por momentos, parece dudar del siguiente paso; la duración corta lo amortigua y el último tramo vuelve a ajustar la tensión.

En definitiva, una propuesta fresca y muy bien ejecutada, ideal para este Halloween, con un punto de vista claro, ingenio con recursos limitados y un protagonista imposible de olvidar. Por favor, denle un Oscar a este perro.