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Marruecos, desde el epicentro del seísmo (III)

Ouirgane, un pueblo entero pendiente de la búsqueda de una familia: "No hay esperanzas, pero ¿quién sabe?"

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Varias personas llevan el cuerpo de una víctima del terremoto en Imi N'Tala, cerca de la ciudad de Amizmiz
Varias personas llevan el cuerpo de una víctima del terremoto en Imi N'Tala, cerca de la ciudad de Amizmiz

En Ouirgane, un pueblo bereber que se encuentra en una de las zonas más afectadas por el terremoto de 6,8 de magnitud que sacudió Marruecos en la madrugada del viernes al sábado -a algo más de 60 kilómetros de Marrakech-, todos están pendientes de lo mismo: atender a los damnificados y buscar supervivientes. Mientras el personal sanitario atiende a los heridos, los equipos de rescate y los militares trabajan para encontrar a una madre con sus dos hijos que quedaron sepultados por los escombros de su vivienda. El terremoto se produjo hace más de 72 horas, lo que significa que cada vez será más complicado encontrar a personas con vida debajo de las restos de los edificios.

En este pueblo, de menos de 7.000 habitantes y con vistas a una gran presa, las tiendas de campaña han sustituido a las pequeñas casas de adobe que se han colapsado tras el seísmo. Entre esas casas destaca una, que ha quedado inclinada sin terminar de caerse.

Es precisamente en esa casa peculiar en la que buscan a esa madre con sus hijos. Todo el pueblo está pendiente de la suerte de esa familia. Bajo los escombros de esa casa encontraron el primer día después del terremoto a tres personas con vida, pero también a otros ocho muertos.

"No hay esperanzas de encontrar a los dos niños y su madre con vida, pero ¿quién sabe?”, comenta este vecino que observa las labores de los rescatistas desde lo alto, sobre escombros de lo que hace tres días eran otra vivienda.

“Hemos sufrido mucho, pero aguantamos”

Aziz y su madre Fátima viven con el resto de su familia, en una casa de cemento algo apartada del pueblo. También conocen a esa madre y a sus hijos. "Su casa se ha caído, pero no hay forma de sacar a nadie. Es muy difícil rescatarles", admite Aziz sentado en el salón de su casa, mientras de fondo se escucha algún llanto de Amín, el bebé de 20 días que ha quedado huérfano después de que su madre muriera en el terremoto.

"Aquí la gente lo ha perdido todo. Ha perdido a sus hermanos y familiares. La gente ha sufrido mucho, pero aguantamos. Tenemos mucha paciencia", señala Aziz, quien detalla que durante el terremoto una de las puertas de su casa se desplomó.

Además, este joven de unos 40 años asegura que van a tardar en recuperar la normalidad al menos uno o dos años. "Mucha gente se sostiene con el turismo. Ahora nos vamos a quedar sin trabajo y la gente de esta región va a sufrir mucho", asegura, aunque recalca que “el mayor problema son las pérdidas de quien ha perdido a sus padres o a sus hijos”. “Les va a costar mucho volver a la vida normal”, admite.

Hassan también es un vecino de Ouirgane pendiente de si encuentran a una mujer con sus hijos a tan solo unos metros de lo que era su casa. La vivienda en la que nació, creció y vivió con toda su familia hasta el terremoto ha quedado completamente derruida.

"Mi familia está bien porque estaban todos cenando en casa de uno de mis tíos", asegura sentado en lo que sería el tejado de su casa con una venda en la cabeza. "Cuando noté el terremoto estaba tumbado en la cama y partes del tejado se empezaron a caer en mi cabeza. Ahora tengo un agujero en la nuca", detalla mientras señala el lugar en el que se encontraba durante el seísmo.

Los equipos de rescate no pierden la esperanza

En mitad de una carretera entre montañas, de camino a Amizmiz –una ciudad a unos 55 kilómetros al sur de Marrakech, nos encontramos un camión militar con un equipo de bomberos británicos acompañados por un miembro de la Unidad Militar de Emergencias (UME) española que les ayudaba a buscar un lugar en el que empezar las labores de rescate.

"Nos han pedido que miremos las carreteras y comprobemos cómo están los edificios en esta ruta. Nos han dicho que muchos se han colapsado", explica uno de los bomberos británicos agarrando la correa de su perro Collie. "Lo que buscamos son vidas que salvar", recalca antes de entrar de nuevo en el camión y dirigirse con su equipo al pueblo más cercano.

Una gran parte de las viviendas de ladrillo parecía haber desaparecido en Amizmiz, donde encontramos mucho bullicio. Motos que suben y bajan por la calle principal de la ciudad, ambulancias dirigiéndose al hospital de campaña que se ha levantado frente al edificio del hospital por miedo a que se derrumbe, algunos heridos que pasean por las calles con tornillos en las muñecas y camiones con militares que atraviesan la zona rápidamente.

En una calle cercana a un mercado, en la que la que son pocos los edificios que quedan en pie, entre los vecinos que observan a los equipos de rescate y a los militares se encuentra un equipo de Bomberos Unidos Sin Fronteras, formado por 13 personas, tanto bomberos profesionales como sanitarios de Madrid, Huelva y Córdoba, y cuatro perros adiestrados en la localización de personas sepultadas vivas.

Las autoridades marroquíes les han pedido que fueran a ese lugar porque sospechaban que podría haber una persona viva en el interior de un edificio. Los vecinos y militares hacen hueco a los bomberos españoles, que entran en la casa destrozada para hacer una primera evaluación del lugar.

"Creo que hay una persona muerta. En esta casa ya han encontrado a dos personas muertas y, por el olor, creo que hay una tercera", asegura Kamelia, una mujer de unos 40 años que ha venido desde Marrakech para traer comida y colchones a los afectados.

Los bomberos salen del edificio y es el momento de poner a los perros en acción. Los vecinos les hacen un pasillo para no molestarles. Primero es el turno de Bolo, que se sube rápidamente por los escombros y después de unos minutos vuelve a salir sin haber podido encontrar ninguna persona con vida. A continuación, otro perro llamado Otto hace lo mismo, pero tampoco encuentra nada.

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Hasta ahora, este equipo de bomberos no ha localizado a ninguna persona con vida desde que llegara a Marruecos este sábado. “Nos hemos desplazado a varias zonas. Hemos realizado bastantes batidas con los perros. Estuvimos ayer en una zona que se llama Imi N’Tala, que estaba completamente destruida. No había ninguna vivienda en pie, pero no tuvimos la fortuna de encontrar a nadie con vida”, lamenta Antonio Nogales, presidente de la ONG

Así es la vida en la ciudad marroquí de Amizamiz tras el terremoto

"Nunca perdemos la esperanza de encontrar a gente con vida”, asegura Nogales. “Mientras haya una situación donde hay una persona desaparecida que no sabe si está viva o muerta, vamos y realizamos nuestro trabajo porque tenemos experiencia de que tras varios días de producirse un terremoto es posible que aparezcan personas vivas. Estoy seguro de que en estas horas, en estos días, es probable que aparezca más gente viva”, añade.