Aunque no siempre ocurren con tanta intensidad, las tormentas son habituales al final del verano, así como en primavera, épocas de transición en la que colisionan el calor y el frío. Se dan, entonces, "los ingredientes necesarios" para que su formación.
Es importante que se dé una diferencia de temperatura para que pueda crecer la nube con mayor potencia y vigorosidad, explica Marc Santandreu, meteorólogo de TVE. El contraste ocurre "entre la superficie, porque sigue haciendo calor, y en capas más altas de la atmósfera, donde ya empieza a colarse algo de aire frío".