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Cine

'Un pequeño mundo', la mejor película jamás filmada sobre el bullying

  • RTVE.es entrevista a la cineasta belga Laura Wandel: "Lo que sucede fuera de la clase es lo que construye al niño"

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Fotograma de 'Un pequeño mundo', de Laura Wandel.
Fotograma de 'Un pequeño mundo', de Laura Wandel.

Las aulas occidentales viven una revolución pedagógica constante y los métodos educativos se parecen poco a los de hace 20 o 30 años. Pero, cuando llega el tiempo del recreo, nada ha cambiado desde el siglo XIX: la socialización sigue siendo un proceso crudo y basado en la no intervención. ¿Qué es más importante en el aprendizaje?

La cineasta belga Laura Wandel (Bruselas, 1984) tiene una intuición que ha plasmado en Un pequeño mundo, probablemente la mejor película sobre el bullying jamás filmada, que actualmente se proyecta en salas de cine tras pasar el primer corte del Oscar a mejor película internacional y ganar el premio Fipresci de Una cierta mirada en el Festival de Cannes. “Aprender a leer o calcular es importante, pero el niño se construye en su relación con el otro, fuera de la clase, es un período clave de su construcción identitaria: es lo que va a influir en su manera de ser adulta y su modo de ver el mundo”, explica en una entrevista con RTVE.es.

Un pequeño mundo explora ese microcosmo infantil, vedado a la presencia adulta, que opera con sus propios códigos. Wandel pega su cámara a Nora (Maya Vanderbeque) una niña de siete años que llega junto a su hermano mayor Abel a un nuevo colegio. Pronto aparecen dinámicas de acoso hacia el hermano mayor y Nora vivirá al mismo tiempo la impotencia de no poder ayudarle, su deseo de integrarse, y la incapacidad de comunicarse con los adultos.

“Quise centrar el punto de vista sobre una niña que entra en el colegio por primera vez y que va descubriendo todas esas necesidades, todos esos objetivos de integrarse y ser reconocido”, explica Wandel. ”Esa es la primera confrontación, el primer enfrentamiento, que realmente dura toda nuestra vida, pero es la fundación, los cimientos”.

El estilo documental e inmersivo de Wandel, de un realismo apabullante, sitúa rápido al espectador en esa realidad a la que nadie es ajeno. “Mi voluntad era también reactivar algo: todos hemos pasado por eso, pero no sé por qué queremos olvidarlo. Quizá porque es un período difícil”.

El ciclo del acoso

Wandel pasó cinco años escribiendo un guion de una película que apenas dura 75 minutos. Y observó mucho patio. “Los niños siempre se las apañan para que los adultos no vean los mecanismos de violencia.  Vi hechos violentos, pero lo complicado es ver la violencia a lo largo del tiempo y su evolución”, describe. “Los psicopedagogos me explicaron también que un niño violento reacciona a un sufrimiento que no se ha escuchado. La línea entre verdugo y víctima es mínima porque los dos sufren y, a menudo, la víctima se convierte en verdugo. Es un ciclo infernal”.

Wandel no oculta que su cine nace de la poderosa influencia de los hermanos Dardenne, tanto formalmente como en su humanismo. “He aprendido mucho de su cine, que me conmueve completamente y es verdad que comparto su visión humanista”. Un pequeño mundo es, por último, un milagro de interpretación de los dos niños actores. “El método fue trabajar con los niños tres meses antes del rodaje. Creamos marionetas de sus personajes para que entendieran la diferencia entre ellos y los personajes. Y luego les pedimos que dibujasen todo el guion. En el rodaje, les sacábamos el dibujo de la escena que rodábamos e inmediatamente recordaban las emociones. Muchas veces improvisaban y aportaban diálogos mejores a los escritos”.

Para la cineasta, la intención de su película no es una denuncia del sistema educativo, sino señalar a un fallo sistémico de empatía en la sociedad. “Vivimos en la sociedad del rendimiento, donde se juzga al otro porque no hay tiempo para entenderle. Los mecanismos de violencia vienen de algo cultural: no aprendemos la paciencia o la empatía. ¿Si somos tan competitivos cómo vas a enseñar otra cosa a tu hijo?”.