Enlaces accesibilidad

Semana de la Moda Sostenible: la pasarela que le 'saca los colores' a una de las industrias más contaminantes

  • Es el primer desfile español dedicado a la moda 'slow' y tiene como objetivo demostrar que otra forma de producir es posible
  • Entre las propuestas, tejidos forestales, calzado fabricado con residuos marinos, prendas recicladas o etiquetas 'plantables'

Por
El futuro se viste de moda sostenible

Para un diseñador que opta por hacer moda sostenible, cualquier detalle es importante, desde el hilo que utiliza hasta la forma en la que decide exhibir sus creaciones. Lo hace por ética profesional, pero también porque con cada elección nace una nueva posibilidad de lanzar a la industria textil un mensaje que defienden a capa y espada: otra forma de producir es posible.

“Somos conscientes de que formamos parte de la segunda industria más contaminante del planeta, pero nos ponemos de lado de todas esas empresas que nacen ya con un ADN sostenible. Antes éramos parte del problema y hoy somos la solución“, explica en una entrevista con RTVE.es Paloma García López, directora de Sustainable Fashion Week (Semana de la Moda Sostenible), una iniciativa que pretende visibilizar en España el trabajo de más de 30 profesionales del ecodiseño.

Ninguno de ellos, explica García, se encuentra "cómodo" mostrando sus creaciones en otras pasarelas o espacios en los que no existe un respeto por el medioambiente y por esa razón dedició poner en marcha una 'Fashion Week' que es "distinta a todas las demás". Es sostenible, como su nombre indica, pero también "ética, inclusiva, ecléctica y transversal".

El triple balance de la moda 'slow'

El germen está en un proyecto de pasarela urbana de moda sostenible que fue bautizado como ‘Let it Slow!’ y que ponía en valor ese tipo de moda, es decir, la que no se produce de manera rápida y masiva, sino que está hecha con mimo.

En los últimos dos días, la 'Sustinable Fashion Week' (SFW) ha congregado en Madrid a numerosos diseñadores y pequeños empresarios interesados en seguir aprendiendo nuevas formas de crear y producir que sean coherentes con lo que se denomina triple balance, el equilibrio entre el valor ecológico, el económico y el social.

"Sí es posible hacer las cosas bien, pero hace falta voluntad, conciencia y transparencia. Las grandes empresas no trabajan transparentemente y esa responsabilidad social corporativa con la que dicen que están trabajando muchas veces es solo un nombre", lamenta García durante el descanso de unas jornadas dedicadas exclusivamente a hablar de moda sostenible y que sirvieron como pistoletazo de salida al evento.

La transparencia en el origen de los materiales

La necesidad de "transparencia" en el sector textil también la mencionan muchos de los diseñadores o los responsables de algunas firmas que participan en la pasarela. Se trata de permitir que el cliente pueda conocer de dónde proceden los materiales con los que han sido fabricadas las prendas y, a su vez, de que esas materias primas cumplan con los estándares de calidad y con los objetivos de desarrollo sostenible.

En esto último incide Ana Belén Noriega, secretaria general de PEFC en España, el sistema de certificación forestal más implantado en el mundo, que garantiza a los consumidores que los productos de origen forestal empleados en la producción de la prenda, como madera, papel, corcho o resinas, fueron extraídos de bosques gestionados de forma sostenible.

La asociación lleva cinco años trabajando de manera conjunta con Naciones Unidas en el proyecto 'Forest for Fashion', que quiere promover ese tipo de tejidos naturales. A ese reto se une la diseñadora María Lafuente, que colabora a través de sus colecciones, y Textil Santanderina, el primer productor de tejidos certificado PEFC a nivel internacional.

"Queremos mostrar estos tejidos forestales a los diseñadores y al consumidor, porque son tejidos que consumen una tercera parte de la energía que requieren otros materiales y gastan sesenta veces menos agua. El tejido forestal es renovable, reciclable, y viene de una fuente bien gestionada", subraya Noriega, que subraya que el consumidor debe saber si está comprando o no una prenda "con origen responsable".

Transformar residuos marinos o reciclar ropa usada

Si uno de los objetivos de la Semana de la Moda Sostenible es mostrar alternativas en el proceso de producción, otro de los propósitos es convencer a los consumidores de que también existen multitud de opciones a la hora de vestirse. Así se demostró en la pasarela de moda ecológica que tuvo lugar el pasado sábado en la capital, en el marco de la SFW.

La marca que proporcionó el calzado a todos los modelos, El Naturalista, refleja en su última colección cómo la innovación está muy presente en el proceso de transformación de la industria.

"Cogemos redes de pesca de los puertos, las trituramos y después las incorporamos en la suela. Utilizamos también residuos de conchas de moluscos como mejillones, ostras o berberechos procedentes de la industria conservera de Galicia. Son residuos que generan una problemática a la industria conservera y nosotros los aprovechamos", explica el responsable de I+D de esa firma de calzado, Alfonso Morán.

Entre las propuestas de los 'ecodiseñadores' también se ve un interés por afianzar el reciclaje de textiles usados, una técnica que permite dar un nuevo valor a piezas que ya contaminaron en el pasado, cuando fueron producidas.

"Yo hago piezas únicas a partir de ropa reutilizada que recojo de gente que ya no la usa. Esto son ovillos realizados con camisetas usadas", señala Olga Iriépar, que confecciona cada una de las prendas de su marca, A Pompidou.

Volver al origen y a las técnicas del pasado

Ella teje a mano y en un telar las faldas y vestidos que diseña, algo cada vez menos habitual en la industria textil que representan las grandes marcas, pero con mucha presencia en esta 'Fashion Week' sostenible, donde reviven los bolillos, el macramé o el punto, y se ensalzan 'joyas' de la cultura textil española como el encaje de Camariñas (Galicia) o el de Almagro (Ciudad Real).

"Hoy en día desperdiciamos mucha tela porque no nos cuesta casi dinero. Si un tejido es bueno o tiene un buen encaje no lo tiras. Y ese es el inicio de todo, es el valor que le damos a las cosas", explica durante la conferencia '¿De dónde venimos'? la artesana textil Inés Rir, quien opina que si las casas de alta costura abogasen por la moda sostenible, se vería como "un lujo".

También lo cree la directora de la SFW: "Mi madre era modista y no entendía cómo de repente se podía comprar algo tan barato. Nos deslumbramos con los precios bajos y no somos conscientes de que hay mucho trabajo detrás", recalca García, que también es la impulsora de la plataforma The Circular Project.

Producción responsable desde pequeños pueblos

Es muy frecuente que el interés por reducir la huella ambiental esté ligado también a un compromiso más amplio de justicia social. Lo refleja la filosofía de marcas como ActandBe, la primera en España dedicada en exclusiva a la fabricación de moda deportiva 100% sostenible.

Su fundadora, Laura González Arriaga, ha vivido y trabajado en grandes ciudades europeas como Florencia, París o Maastricht, pero cuando decidió crear su propia empresa textil tuvo claro que quería regresar a Miguelturra, su pueblo, ubicado en la provincia de Ciudad Real.

"Quería emprender donde nadie crea empresas porque creo, además, que los empresarios no tenemos todos que irnos a Madrid o Barcelona. Podemos ir a las zonas rurales y crear trabajo en lo que llaman la España vaciada", opina González, convencida de que fundar una empresa sostenible, "aunque sea pequeña", puede servir para animar a las grandes firmas a que se acerquen a la sostenibilidad.

Ella, como la mayoría de diseñadores o empresarios que participan en la SFW, producen todas sus piezas en España y se esfuerzan para que el impacto medioambiental sea mínimo. Por eso, se avergüenzan de que su actividad laboral pertenezca a una industria conocida por pagar salarios mínimos en fábricas de países pobres y que, además, es responsable del 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

"Detrás de la industria de la moda hay una 'cara B' muy oscura. Yo no quería seguir contribuyendo con esa parte del sector. Quiero ser parte del cambio", confiesa González, que espera que, aunque solo sea por la presión social, las grandes marcas decidan dar un giro a sus métodos de producción.

"Creo que al final toda la moda va a tener que ser sostenible si queremos seguir viviendo en este planeta. Será un imperativo", afirma con rotundidad.

Mientras tanto, seguirá reivindicando la vida y la moda 'slow' incluso desde la etiqueta de sus prendas: "Las pones en una maceta, las riegas y cuando germinan sale una planta. Cero residuos", explica con una sonrisa.