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Nelson Mandela, el liberador de Sudáfrica

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Mandela, una vida servicio de la lucha por la libertad

El 10 de mayo de 1994 fue un día histórico no sólo para Sudáfrica sino también para el mundo entero: el dirigente negro Nelson Mandela accedía a la presidencia de esa república del sur de África, la mayor potencia del continente, poniendo así fin a más de tres siglos de supremacía blanca.

Jura de Mandela como presidente

Mandela, líder del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), había obtenido una resonante victoria en las elecciones del 27 de abril, las primeras en las que pudieron votar los ciudadanos sudafricanos de todas las razas. El ANC logró en esos comicios más del 62% de los votos, copando 252 de los 400 escaños del parlamento.

Luchador con voluntad de hierro

Nacido el 18 de julio de 1918 en Mvezo (pequeño poblado de la actual provincia Oriental de El Cabo), en el seno de una familia noble de etnia xhosa, Mandela estudió Derecho y se colegió como abogado en 1942. Junto al también abogado Oliver Tambo montó un bufete jurídico dedicado a aconsejar legalmente a personas negras con escasos recursos.

Ingresó en el ANC tras la implantación en 1948 del apartheid, sistema de segregación racial destinado a asegurar el dominio político de la minoría blanca (actualmente, el 9% de la población, frente al 79% de la mayoría negra, el 9% de los mestizos y el 2% de los asiáticos). En 1961 se alzó en armas contra el régimen racista como jefe del Umkhonto we Sizwe, brazo armado del ANC. Fue detenido un año más tarde, y en 1964 condenado a cadena perpetua en el conocido como proceso de Rivonia.

Casi tres décadas en la cárcel no quebraron la voluntad de hierro de Mandela ni le hicieron presa de la amargura o el resentimiento. En su pequeña celda de Robben Island hacía todos los dias ejercicio al tiempo que aprendía afrikáans (el dialecto neerlandés nativo de gran parte de la minoría blanca) y se empapaba de la cultura de sus 'enemigos' afrikáners. Siempre tuvo presente que algún día le tocaría negociar con quienes le habían encarcelado para alumbrar una nueva Sudáfrica en la que blancos y negros estaban llamados a convivir civilizadamente. Los sudafricanos blancos que lo conocieron durante sus años de prisión -incluso sus propios carceleros- no dejaban de asombrarse de su amabilidad y trato cordial, no reñido con la firmeza en la defensa de sus ideas contra el régimen racista.

Los cambios en Sudáfrica se iniciaron con la llegada al poder en 1989 del político blanco reformista Frederik de Klerk, quien procedió a desmantelar el apartheid tras abrir una negociación política con Mandela. Éste fue liberado en febrero de 1990, después de 27 años en prisión. Las reformas de De Klerk, fruto del diálogo con el ANC, conducirían a las elecciones de 1994.

Puesta de largo de la nueva Sudáfrica

La toma de posesión de Mandela en Pretoria en 1994 contó con la asistencia de mandatarios de más de 140 países. Ante un auditorio integrado por más de cien mil personas (blancos, negros, mestizos...), el nuevo y flamante presidente pronunció un discurso reconciliador en el que alabó a De Klerk por su papel decisivo en la liquidación del antiguo régimen. El sueño de Mandela se hacía realidad 33 años después de haberse alzado en armas por la igualdad de derechos en su país. En 1993 recibió, junto a De Klerk, el Premio Nobel de la Paz. El año anterior, ambos fueron galardonados con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

El 24 de junio de 1995, Mandela y su país vivieron otra jornada inolvidable al asistir en suelo patrio al triunfo de su selección nacional en la Copa del Mundo de Rugby. Mandela entregó a su compatriota blanco François Pienaar la preciada copa, tras una épica final contra Nueva Zelanda que ha pasado a la historia del deporte e inspirado un libro de John Carlin (El factor humano) y una película de Clint Eastwood (Invictus).

Mandela se mantuvo en la presidencia sudafricana hasta su retirada en 1999, cuando cedió el testigo a su correligionario Thabo Mbeki. Alejado desde entonces de la política activa, el histórico dirigente africano no dejó de defender, mientras se lo permitió su salud, causas humanitarias de la más diversa índole: entre ellas, la lucha contra el sida a través de su campaña 46664 (su número de celda en la prisión de Robben Island). En julio de 2008 celebró su 90 cumpleaños, en medio de la admiración mundial por su figura y su enorme legado político y moral.

Su última aparición en público fue hace tres años en Johannesburgo, en la final del Mundial de fútbol ganado por España. La última etapa de su vida estuvo marcada por la desgraciada pérdida de una de sus bisnietas (fallecida en 2010 en accidente de tráfico) y dos peleas de las que no ha sido demasiado consciente a causa de su enfermedad: la primera, entre los políticos del ANC para hacerse con el poder; la segunda, entre sus descendientes y su tercera esposa, Graça Machel, a cuenta de su herencia.