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'El principito' de José Luis Gómez nos enseña a "no tener miedo" en el Teatro de la Abadía

  • El protagonista se convierte en un actor que prepara su 'último viaje'
  • El italo-germano Roberto Ciulli dirige este montaje con Gómez e Inma Nieto
  • La versión busca incidir en lo que "está detrás del relato original'
  • Pueden verla también niños a partir de 6 años

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José Luis Gómez e Inma Nieto dan vida a este Principito en la Abadía desde este miércoleshasta el 17 de noviembre.
José Luis Gómez e Inma Nieto dan vida a este Principito en la Abadía desde este miércoleshasta el 17 de noviembre.

El principito ya no pide amablemente al aviador que le dibuje un cordero. Lo exige casi con acritud. Y es que ya no es un niño, lleno de inocencia, ingenuidad y certeza sino un hombre que ya ha vivido mucho y se impacienta ante el dubitativo e improvisado dibujante.Este martes pisa por primera vez ante la prensa, el escenario del Teatro de la Abadía, en Madrid.

Lleva la cara blanca y su estrafalaria indumentaria nos recuerda la época en la que Saint Exupéry escribió El principito, publicado en 1943. Sigue diciendo con lenguaje sencillo grandes verdades, pero lleva en su mochila la carga dramática y existencial de uno de nuestros mejores intérpretes, José Luis Gómez.

Con fantasía y gran expresividad le da la réplica, en los múltiples papeles restantes(hombre de negocios, zorro, aviador...) Inma Nieto.

"El lenguaje del clown" juega un papel evidente en este montaje, como explica el propio protagonista José Luis Gómez. Pero aunque "su principito" no sea tan ingenuo, tan inocente como el original, si va al encuentro de "el niño que uno tiene dentro".

En realidad, lo que pretende este montaje dirigido por Roberto Ciulli (Milán, 1934), actor y director que ha desarrollado su carrera en Alemania, es ir más allá del cuento de Saint Exupéry, que como recuerda Gómez fue un encargo para "sacarle de una depresión".

La adaptación teatral tiene además muy en cuenta las ideas sobre los hombres, el mundo y sí mismo, de Saint Exupéry expresadas tanto en cartas como en testimonios de amigos y familiares. Una bicicleta tumbada sobre las tablas nos recuerda la bici-aeroplano que el escritor, siendo niño construyó en el fantástico jardín del castillo de sus abuelos, donde transcurrieron algunos de los mejores capítulos de su infancia.

Sonríe complacido Roberto Ciulli cuando, resumiendo la intención del montaje, Gómez explica que este Principito está "a medio camino entre Samuel Beckett y Saint Exupéry". Y añade, en alemán: "desde Beckett las imágenes teatrales han cambiado". "Mostrar lo que no se ve es obligación del teatro", concluye.

"Un regalo para mi hija"

La idea de ofrecer este Principito en La Abadía nació del encuentro entre Gómez y Ciulli y de un deseo íntimo, el de un padre (Gómez) que quería ofrecer a su hija -que hoy tiene 12 años- una interpretación del famoso personaje. "Vi la versión de Roberoi Ciulli en Alemania y me atrapó". Se refiere al espectáculo Der kleine Prinz en el que el propio Ciulli encarnaba (y sigue encarnando) al principito mientras que Maria Neuman se hace cargo del resto de papeles (aviador, rosa, rey, zorro...).

Lo que más le atrajo a Gómez de este montaje es que el principito fuera un actor mayor, un actor que prepara su viaje definitivo. Cumplidos ya los 70, Gómez imagina ese viaje, no como una travesía en barca por el río Aqueronte, sino como una vuelta al origen; origen que él imagina como "un sitio de luz"

Ahora, aunque partiendo de ese montaje, han trabajado casi "ex novo", suprimiendo o añadiendo escenas e incluso adaptando canciones (Donde vas Alfonso XII habla ahora de faroleros y estrellas). Y han dado la vuelta a la forma de transmitir las palabras del cuento, para pasar de "la inocencia" a una "agridulce lucidez". A la pregunta ¿qué ha aprendido del Principito en este viaje final?, Gómez duda unos segundos y contesta con rotundidad: "a no tener miedo"