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Superviviente del terremoto: "Hay que estar volcados con Haití ahora y dentro de un año"

  • José María Moreno de Barreda vivía en Haití y fue testigo del seísmo
  • Sobrevivió al temblor refugiado bajo una mesa de reuniones
  • Después de tres intentos de evacuación, consiguió salir del país en avioneta
  • Asegura que "se ha perdido todo" y reclama ayuda a largo plazo para el país

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Avioneta en la que José María consiguió abandonar Haíti desde el aeropuerto de Puerto Príncipe, cuatro días después del terremoto.
Avioneta en la que José María consiguió abandonar Haíti desde el aeropuerto de Puerto Príncipe, cuatro días después del terremoto.

"He visto sangre y destrucción por todas partes", relata José María Moreno de Barreda, consultor de 40 años, que ha conocido de primera mano Haití, antes y después del terremoto de magnitud 7,3 del pasado 12 de enero.

De vuelta a España y después de tres intentos de evacuación, asegura que nunca olvidará las escenas "dantescas" que ha visto en las calles de Puerto Príncipe.

"Me han impresionado los heridos atendidos en la propia calle, los maleteros de los coches que se usaban como improvisadas ambulancias y sobre todo ver como han quedado destruidas las escuelas y los edificios apilados como si fueran hojas de papel unos encima de otros", nos explica.

Asegura que "se ha perdido todo" y denuncia que nadie se acordaba de Haití hasta que llegó la tragedia.

"Hay que estar volcados con  Haití ahora y dentro de un año, no sólo necesitan alimentos, hay que levantar  nuevas escuelas, edificios de gobiernos, viviendas, negocios. Necesitan de nuestra solidaridad y ayuda", reclama.

Vivió durante tres meses en la capital de Haití y señala que ha visto un país de fuertes contrastes entre ricos y pobres, "hay mucha miseria, pero también es un país muy alegre". "Ahora ya no queda nada", lamenta.

Sobrevivió al temblor bajo una mesa

El fuerte temblor pilló a este empresario español trabajando en una sala de reuniones en el barrio de Petion Villet, la parte alta de Puerto Príncipe.

Durante un minuto el suelo empezó a temblar cada vez más fuerte, sesenta segundos para intentar entender que es lo que estaba ocurriendo y a la vez reaccionar.

"Cuando salí a los pasillos empecé a oír a la gente decir que era un terremoto y volví a la sala de reuniones para protegerme debajo de la mesa. Sentí angustia y pensaba que como se cayera el edificio la mesa me iba a servir de muy poco", recuerda.

José María tuvo suerte, el edifico resistió y consiguieron ser evacuado junto a otros compañeros para esperar en la calle a que pasara la segunda réplica.

Antes de que se cayeran todas la comunicaciones consiguió hablar con su familia para decirles que estaba bien, después le llevaron a su casa a la espera de noticias.

"Mi apartamento aún se mantenía en pie aunque los armarios estaban desencajados, todos los cajones abiertos, había grietas en las paredes. Recogí todas mis cosas y salí a la calle a esperar, porque no me sentía seguro en un edificio de cinco plantas", afirma.

Tres intentos de evacuación

La empresa para la que trabaja decidió reagrupar a todos los extranjeros y alojarlos en una casa en la parte baja de la montaña. Allí pasaron la primera noche tras el seísmo, "los temblores continuaron toda la noche y hubo momentos de mucha tensión y mucho miedo".

"Teníamos la psicosis de que hubiera otro terremoto, por eso dormimos con las puertas abiertas para salir corriendo en cualquier momento", recuerda.

Desde el consulado español en Haití le aconsejaron que aprovechara cualquier oportunidad para abandonar Haití y así lo hizo.

Hasta en tres ocasiones un grupo de 10 extranjeros, entre los que se encontraba José María, viajó hasta el aeropuerto para intentar salir en avioneta hacia República Dominicana.

"En esos trasladados fue cuando ya vi realmente que la ciudad está completamente destruida, no quedan dos edifico en pie juntos. Era impresionante ver sólo los suelos de las casas apilados como si fueran de papel, he visto muchos cuerpos sin vida en las calles y gente recogiendo muertos con mascarillas en medio de un hedor muy fuerte", nos cuenta.

La ayuda es necesaria en cualquier parte de la ciudad

Tras dos ensayos fallidos de evacuación y después de horas de espera en el aeropuerto -donde no había ni torre de control- finalmente el viernes -tres días después del terremoto- el grupo consiguió abandonar el país.

Afortunado y triste

Durante los cuatro días que José María pasó a la espera nos asegura que no vio en ningún momento ayuda humanitaria por las calles, sólo camiones y maquinaria pesada dispuesta a remover escombros.

Para este consultor sevillano ahora la prioridad es reconstruir el país y atender las necesidades básicas "porque viven a la intemperie, sin un techo. La ayuda es necesaria en cualquier parte de la ciudad".

Después habrá que trabajar por restablecer las comunicaciones "conseguirles móviles" y hasta "saldo gratuito", como ha sugerido la empresa a la que asesoraba este español.

Haití es un país que me ha tratado muy bien y quiero ayudarles

José María, ya es España, trata de volver a la normalidad tras ser testigo de la tragedia y confiesa que se siente muy afortunado tras salir ileso del seísmo, pero a la vez triste y conmocionado al ver cómo se enfrenta un país tan pobre a una catástrofe de estas dimensiones.

"Esto no lo voy a olvidar nunca, pero hay que seguir adelante. Viendo estas escenas te das cuenta de qué es importante y qué es accesorio. Haití es un país que me ha tratado muy bien y quiero ayudarles", concluye.