Resulta extraño que en un partido de esta envergadura y con un nivel de concentración defensiva tan alto como el que demostraron ambos equipos, los tres goles viniesen de tres desajustes defensivos clamorosos. En el 1-0, Piqué, en un exceso de confianza, dejó todo el espacio del mundo a Cristiano para armar la pierna. Su actitud indolente despistó a un Pinto que, todavía frío, cantó al encajar por debajo de las piernas un disparo centrado y no demasiado cercano. En el 1-1, Pepe comete un inusual error de marca y deja que Puyol remate solo dentro del área a la salida de un córner en una jugada que, para más delito, sus compañeros de selección conocen bien. Por último, en el 1-2 se produce un desajuste global en la última línea madridista, que deja un agujero mayúsculo en la banda derecha que Abidal, con todo el pasillo para él, aprovecha a la perfección.