Los banquillos van a ser fundamentales por tres motivos: los entrenadores, el público y los suplentes. Mourinho y Guardiola protagonizarán un duelo de psicólogos con métodos antagónicos. Mientras Mourinho dispara, Guardiola repele. El choque, que cogió fama la temporada pasada con una banda como testigo, promete vivir un nuevo episodio. ¿Habrá cuchicheos al oído de nuevo? ¿Tendrá alguna sorpresa Mourinho? De sus gestos dependerá el número de decibelios que marque el respetable del Camp Nou, al que su presidente ya ha pedido que no se deje desconcentrar. Por primera vez en la historia de un clásico parece que los entrenadores son más protagonistas que los propios jugadores. Y la realidad es que se juegan más en lo extradeportivo, en cuanto a su guerra psicológica, prensa, etc., que en lo deportivo, donde nada va a ser decisivo. En el planteamiento, Guardiola no ofrece dudas, por lo que la única incógnita es la de 'Mou'. Iban a jugar los mismos once de siempre, pero la probable baja de Higuaín puede acabar en variación táctica, con Lass de refuerzo en el centro en detrimento de Benzema, el recambio natural. ¿Y cómo van jugar, valientes o replegados? Ni los propios titulares lo tienen claro. Más allá de los tres (o seis) puntos, el interés está comprobar si hay un modelo capaz de mandar en el fútbol actual con autoridad además del de Guardiola. Por otra parte, el banquillo será importante por los posibles revulsivos que lo ocupen. El Barça tiene una plantilla corta y carece de recambios que a día de hoy hayan desnivelado partidos, mientras que el Madrid sí cuenta con dos que han hecho méritos para que se les tenga en cuenta: Benzema, que parece despertar y fue clave en varias ocasiones saliendo desde el banco, y Pedro León, que resolvió en Milán.