Mónaco, Principado de la Fórmula 1 y salida de lujo para la Vuelta a España con Tadej Pogacar como gran joya
- La ronda española toma el Casino de Montecarlo y se hace notar entre los turistas del icónico circuito urbano
- Vuelta 2026: del 22 de agosto al 13 de septiembre en directo en Teledeporte, La1, La2 y RTVE Play
Pocas cosas sorprenden en el Principado de Mónaco. Quizás su lujo. Obviamente es el esperado, pero la capacidad de asombro se pone a prueba ante tanto coche deportivo y, sobre todo, ante el tamaño de los megayates del Port Hercule. Allí el único músculo hercúleo que se exhibe es el financiero. El de los millonarios, claro.
Ahora bien, Mónaco ofrece una peculiar paradoja para un ciudadano del mundo: la de sentirte especialmente familiarizado dentro de un escenario tan exclusivo. Cierto es que aquí las calles no son calles, son curvas: la horquilla del Fairmont, la entrada al túnel Louis II, la chicane del puerto o la célebre Rascasse. El Principado ha construido buena parte de su imaginario deportivo alrededor de un circuito que durante un fin de semana al año convierte cada balcón en una tribuna y cada metro cuadrado con vistas al asfalto en un producto de lujo.
Este sábado llega la Vuelta a España y, por una vez en Mónaco, para mirar no hace falta pagar. Lo recalcan los carteles repartidos por la ciudad: acceso libre al Grand Départ. No debería ser noticia en una carrera ciclista. Pero en Mónaco no está de más. Frente al hermetismo de la Fórmula 1, sus entradas imposibles, las terrazas alquiladas a precio de apartamento y los yates convertidos en palcos, la Vuelta propone algo mucho más sencillo: ponerse detrás de una valla y esperar a que pasen los ciclistas.
La comparación con la Fórmula 1 es inevitable porque el recorrido la busca. La contrarreloj inaugural tiene 9,4 kilómetros y amplía el trazado del Gran Premio respetando buena parte de sus lugares reconocibles. Mónaco se convertirá así además en la primera ciudad que habrá acogido la salida de Giro (1966), Tour (2009) y Vuelta (2026). Donde sobran los cheques, tampoco faltan las ideas.
Más turistas que aficionados
En la calle, de momento, bastante indiferencia. La Vuelta está en Mónaco, pero los que visitan Mónaco todavía no parecen muy enterados. Y eso que la ronda española llega con el mayor reclamo posible: Tadej Pogacar. Ni siquiera la presencia del esloveno parece alterar demasiado el ritual turístico. El Casino sigue lleno de curiosos que llegan para fotografiar los Ferrari de la puerta con bastante más interés que la rampa desde la que partirá una de las grandes estrellas del deporte mundial y los otros 183 ciclistas; también se ve algún que otro aspirante a James Bond, que descubre allí que entrar a jugar cuesta 20 euros. Serán sin duda los primeros en un lugar donde salta a la vista que la banca siempre gana.
La realidad es que Mónaco cuenta todos los días con su propio pelotón. Desembarcan los pasajeros de los cruceros y por unas horas multiplican de golpe la población del pequeño Principado. En agosto también se escucha muchísimo italiano. La frontera está a apenas unos kilómetros y la Costa Azul vive las vacaciones de verano invadida por sus vecinos, especialmente en ciudades como Niza, incluso Cannes. Muchos aprovechan estos días para acercarse a visitar Mónaco.
Españoles también hay, claro, aunque buena parte parece haberse encontrado con la Vuelta en Mónaco por accidente. No hay todavía demasiadas banderas, maillots ni grupos reconocibles de aficionados. Sí alguna conversación de sorpresa: “¿Pero empieza aquí la Vuelta?”. Pues sí. Se nota que algo va a pasar porque conducir empieza a ser complicado. Los cortes de calles, los trabajos para instalar kilómetros de vallas y la preparación del recorrido están provocando atascos en una ciudad que ya tiene una relación complicada con el tráfico. Hay conos, policías, desvíos y operarios por todas partes. Durante este fin de semana los únicos autorizados para circular verdaderamente rápido por Mónaco serán los ciclistas.
Los yates cederán protagonismo a las bicicletas
La mejor fotografía está en el puerto. La zona de meta coincide prácticamente con el escenario habitual de la Fórmula 1 y queda pegada a Port Hercule, donde descansan megayates de varios pisos, piscinas, tripulaciones uniformadas y embarcaciones cuyo precio permitiría financiar unos cuantos equipos ciclistas. Allí terminará una contrarreloj de un deporte que todavía presume de permitir al público acercarse a sus protagonistas hasta casi tocarlos. Difícil encontrar un decorado que resuma mejor el contraste.
Este sábado la Vuelta se apropiará durante unas horas del Principado de Mónaco. Donde normalmente ruge un Fórmula 1 habrá el zumbido de una lenticular; donde se paga por una tribuna habrá gente apoyada en una valla; donde los yates sirven de palco, el público podrá mirar desde la calle. Quizá el ambiente ciclista aparezca de golpe cuando llegue la carrera y las bicicletas de contrarreloj y sus cascos aerodinámicos terminen llamando más la atención que los superdeportivos estacionados frente al Casino. En una ciudad construida alrededor de la exclusividad, la Vuelta ofrece esta tarde a los visitantes de Mónaco su espectáculo más exótico: el que es gratis.