Putin ha dirigido Rusia durante casi 24 años. La última década, con mano de hierro. Incluso ha modificado la Constitución para perpetuarse en el poder. Un hombre implacable también con los suyos, o eso parecía.
Los analistas lo definen como un árbitro: Putin se mantiene en el poder mediando entre las élites. Y una sola persona ha roto el equilibrio, se ha rebelado sin más consecuencias que el exilio, algo poco común en Rusia.
En medio de una rebelión sin precedentes, ha emergido una figura: la del presidente bielorruso, de quien se decía que era una marioneta del Kremlin.
Juntos han capeado el momento más delicado al que se ha enfrentado jamás el presidente ruso
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