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El planeta ha lanzado ya su voz de alarma: un millón de especies animales y vegetales se encuentran en riesgo de extinción, muchas en las próximas décadas, a menos que haya un cambio radical en los métodos de producción y consumo, según advierte el mayor informe sobre biodiversidad hasta la fecha.
El análisis de la Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), presentado este lunes en la Unesco, subraya la responsabilidad humana en esta situación límite porque los cambios en el uso de la tierra y el mar y la explotación directa de ciertos organismos son los principales culpables.
El cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras completan esa combinación, que ha llevado a que la tasa de extinción actual sea ya "entre decenas y cientos de veces más alta que el promedio experimentado en los últimos diez millones de años".

El negocio de los safaris en Sudáfrica está en auge. Se han creado cientos de fincas privadas para sacar beneficios de los animales salvajes. Rodeados de cercas electrificadas, pueden ser fotografiados por turistas y servir de trofeo a cazadores exigentes. Es un turismo que deja huella. Desde el desierto de Tombuctú a las playas de Tailandia, los turistas dejan un impacto dramático en la cultura y medio ambiente de los destinos elegidos. La noche temática nos lleva a lugares lejanos y nos muestra las fatales consecuencias del turismo con dos documentales: "Safaris, un negocio salvaje" y "La ruta de los gringos".

En el País Vasco, en Baleares, en Galicia o en Canarias. Al menos siete ballenas se han quedado varadas en las últimas semanas. Los temporales, nos dicen los científicos, han podido influir en estas muertes.
Las maniobras militares, que son muy habituales en el Mediterráneo, también pueden afectar a las ballenas. Investigadores de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria han demostrado una relación directa entre los sonares que utiliza el Ejército y la muerte de estos animales.