El presidente francés ha reconocido fallos de seguridad y previsión en la convocatoria anterior y ahora enfrenta ya críticas por excesiva mano dura. Su decisión de prohibir las manifestaciones no convocadas por sindicatos amenaza con inflamar aún más las calles. "El problema es que este enfoque también puede resultar contraproducente, en un país que ahora mismo acumula mucha frustración y que tiene una tradición muy extensa de protestas en las calles que con frecuencia se vuelven violentas", explica Jorge Tamames es investigador del Real Instituto Elcano.
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