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El cerebro de los niños no aprende de la misma manera que el de los adultos.

¿Cómo aprende el cerebro de un niño?

  • La plasticidad del cerebro y la capacidad de aprendizaje en la infancia es irrepetible

  • El cerebro de los niños es mucho más maleable y tiene una capacidad increbíble de adaptación

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La plasticidad del cerebro y la capacidad de aprendizaje en la infancia es irrepetible. Es durante nuestros primeros años de vida cuando nuestras neuronas se organizan, y establecen conexiones unas con otras, formando la estructura cerebral que tendremos de mayores.

El cerebro de los niños no aprende de la misma manera que el de los adultos. Para que los niños desarrollen todo su potencial y poder prevenir el fracaso escolar, necesitamos que la educación se adapte a sus necesidades, preferencias y habilidades. Los programas de neuroeducación nos ayudan a comprender cómo funciona el cerebro de los más pequeños, y nos permiten aprovechar esos conocimientos para educar y enseñar mejor.

Un estudio de la Universidad de Standford, muestra que existen notables diferencias entre cómo el cerebro de niños y adultos resuelven problemas matemáticos. Los niños utilizan ciertas áreas cerebrales, como el hipocampo (área cerebral encargada de la memoria, emoción y aprendizaje) y la corteza prefrontal (planificación, autocontrol y resolución de problemas), de forma muy diferente a los adultos.

Según la investigación, a medida que los niños aprenden, se produce una mejora muy significativa en la velocidad y la precisión con la que resuelven los problemas matemáticos. Y esto sucede, debido a los cambios registrados en la estructura de sus conexiones neuronales.

En los niños que están aprendiendo a sumar, y utilizan los dedos para contar, se activa el hipocampo. Esta parte de cerebro hace de función de “apoyo”. A medida que los niños interiorizan las bases matemáticas, la información aprendida, se consolida y “traslada” a la corteza cerebral. Que es donde se almacena de forma definitiva nuestra memoria a largo plazo. Permitiéndonos extraer “automáticamente” los conocimientos interiorizados.

Al comparar las variaciones de los patrones de actividad entre niños, adolescentes y adultos, se vio que los adolescentes y los adultos tenían patrones mucho más estables y consistentes. A medida que el cerebro madura y aprende, la actividad cerebral se hace más estable y eficiente. Permitiéndonos resolver los problemas de una forma más rápida y precisa.

Cuando los niños están comenzando a aprender algo, primero utilizan herramientas básicas (como contar, o unir las letras de cada sílaba para pronunciarlas), cuando ya van dominando lo aprendido, el cerebro crea conexiones y la información se va consolidando. Cuando esta información está asentada e integrada en la memoria a largo plazo, la actividad del cerebro se estabiliza y automatiza. De esta forma, podemos, por ejemplo, leer y comprender un texto de forma fluida.

Estos conocimientos acerca de cómo aprende un cerebro sano son muy valiosos, porque nos permiten comprender mejor los mecanismos de aprendizaje y detectar, de forma más eficiente, posibles casos de dificultades del aprendizaje.

La educación y la escolarización tienen efectos profundos en la forma en que funcionan nuestros cerebros. El cerebro de los niños es mucho más maleable, y tiene una increíble capacidad de adaptación. Durante nuestros años de aprendizaje el cerebro se reestructura de forma casi completa. La información aprendida se consolida y se utiliza para resolver los problemas de forma eficiente. El conocimiento de cómo aprende nuestro cerebro nos permite abordar las dificultades de aprendizaje y ayudar a los niños a desarrollar todo su potencial.