Níger: la esperanza cae del cielo

  • Optimismo y prudencia en el país del Sahel ante el regreso de las lluvias
  • 400.000 niños nigerinos padecen desnutrición severa
Ampliar foto Una refugiada maliense y sus hijos en su refugio en Gaoudel, en el distrito de Ayorou, en el norte de Níger.

Una refugiada maliense y sus hijos en su refugio en Gaoudel, en el distrito de Ayorou, en el norte de Níger.

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RUBÉN VIDAL - MADRID 

Después de sobreponerse a dos sequías en tan solo un lustro, se enfrentaban a una tercera este año. Parecen haberla conjurado, al menos de momento.

Los nigerinos respiran estos días un poco más tranquilos: se agarran a la esperanza que les ha caído del cielo en las últimas semanas con el regreso de las lluvias.

Pero claro, el optimismo en un país como Níger, en el que hay 400.000 niños con desnutrición aguda y en el que cada día mil menores de cinco años ingresan en centros de recuperación nutricional, se da de bruces inmediatamente contra la realidad .

"Esperamos que la próxima cosecha sea buena y, por las lluvias que están cayendo, se presenta bien, pero claro, hasta que no se empieza a recoger son meses muy difíciles porque las pocas reservas de alimentos que hay se van terminando", explica Rafael Marco, de la Sociedad de Misiones Africanas y colaborador de Manos Unidas.

Rafael lleva 42 años trabajando como cooperante en el continente africano. Actualmente lleva a cabo un proyecto de distribución de alimentos surgido en el seno de una comunidad cristiana de Tera, una pequeña ciudad de 30.000 habitantes cercana a la frontera con Malí y Burkina Faso, a unos 200 kilómetros de la capital de Níger, Niamey.

El objetivo de ese proyecto es el reparto de un saco de 100 kilos de cereales por cada grupo de siete personas en los barrios donde viven los miembros de la comunidad. En un principio, se beneficiaban de esa ayuda alrededor de mil personas; tiempo después, con el agravamiento de la crisis alimentaria, se ha duplicado la cifra.

Acabar con la raíz del problema

En cualquier caso, Rafael sabe mejor que nadie que para acabar con el problema del hambre en la región hace falta acabar con el ciclo de las crisis de ida y vuelta, es decir, apostar por la resiliencia, tal como apunta el representante de Unicef en Níger, Guido Cornale.

"Reforzar la capacidad que tienen las comunidades de absorber los choques, de resistir a las crisis y recuperarse, es un trabajo a medio plazo para el que se necesita aunar la ayuda humanitaria con la ayuda al desarrollo. Ese es el gran reto que tenemos por delante, porque no es sostenible seguir año tras año recuperando cientos de miles de niños con desnutrición aguda", sentencia Guido.

Acabar con la raíz del problema, enfrentar las causas que abocan tanto a Níger como al resto de países del Sahel a una situación permanentemente crítica y al sufrimiento de millones de sus habitantes. La comunidad internacional sabe cómo puede ayudar; otra cosa es por qué sigue mirando hacia otro lado.

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