ESTEBAN RAMÓN
"Películas lentas donde todo el mundo galopa y gesticula; películas rápidas donde casi nada se mueve". El aforismo de Robert Bresson, referente confesado de Fernando Trueba, funciona como divisa de El artista y la modelo. La película número 15 del director madrileño, podría proporcionarle su tercer Goya como director (El sueño del mono loco, Belle epoque) y seguir sumando a los dos que atesora a mejor guión, el de mejor película documental (El milagro de Candeal) y el de mejor película de animación (Chico y Rita).
Dedicada a su hermano Máximo, escultor y pintor fallecido en los años 90, El artista y la modelo es un nuevo giro para un director que ya ha alternado comedias, cine negro, películas de animación y documentales. Rodada en francés y en blanco y negro, y ambientada en la Francia colaboracionista de la segunda Guerra Mundial, Trueba sosiega el ritmo y la mirada para exponer el proceso en el que un anciano y deprimido escultor (inspirado en Aristide Maillol) recobra el pulso vital gracias a una joven que huye de la dictadura franquista.
Trueba ha conseguido su película más puramente visual, en la que lo sustancial se narra con imágenes y sonido ambiente, renunciando a muchos diálogos y, sobre todo, a una de sus grandes obsesiones: la música. Un ascetismo que es una invitación a mirar y por el que obtuvo el la Concha de Plata al mejor director en San Sebastián.
Jean Rochefort, 81 años, deslumbrante en la pantalla, opta al Goya al Mejor actor. La juventud corre a cargo de Aida Folch, también finalista, que vuelve a ponerse a las órdenes de su descubridor (El embrujo de Shanghai) en un papel para, escrito para ella, por el que tuvo que aprender francés.
No es extraño que una película sobre la placidez de la creación haya tenido su correlato en un rodaje que ha sido una muesca de felicidad en la trayectoria de Trueba. Y para ese trayecto se ha acompañado de Claudia Cardinale, el amor “sin competencia” de su infancia y adolescencia, que interpreta a la mujer del escultor. . El sex symbol de los 60 y 70 forma una improbable pareja con Chus Lampreave, “la única artista” de la película para el director.