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Días de cine: Libros de Terence Fisher y Tim Burton

Terence Fisher, maestro del terror

  • Joaquín Vallet dedica la primera monografía en castellano al mítico director

  • "Su 'Drácula' es una de la mejores películas de la historia", asegura Vallet

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Quienes vimos la versión de Drácula de Terence Fisher en la niñez o la adolescencia nunca olvidaremos esta película que para muchos, es la versión definitiva del personaje de Bram Stocker, con permiso del Nosferatu de Murnau. No ha habido mejor Drácula que Christopher Lee (de hecho es el actor que más veces lo ha interpretado), ni mejor Van Helsing que Peter Cushing. Pero sobre todo no ha habido más tensión y suspense en una historia de vampiros que en esta versión, magistralmente dirigida por Fisher, de la famosa compañía británica, Hammer Films, especializada en el terror. Un realizador que, a pesar de los ajustados presupuestos, renovó el género con algunas de las mejores películas de la historia del cine fantástico. Ahora Joaquín Vallet le dedica la primera monografía en castellano: Terence Fisher (Cátedra).

"Con Terence Fisher y, particularmente, con La maldición de Frankenstein (1957), nace el cine de terror moderno -asegura Joaquín-. Es imposible asimilar los rasgos que, en la actualidad, definen el género sin tener en cuenta las películas realizadas por el cineasta, especialmente, en los estudios Hammer Films. El cine de terror venía de una profunda crisis creativa originada a mediados de los años cuarenta, cuando la Universal (la productora que con más asiduidad había abordado este tipo de cine desde comienzos de los años treinta) deja de realizar películas vinculadas al género fantástico. Así, entre 1946 y 1957, son muy pocos los films adscritos a este género y, salvo excepciones, de escasa importancia en el discurrir del mismo".

"Así, Fisher lleva a cabo La maldición de Frankenstein proponiendo una renovación desde cero en la que los mitos sufren una transformación radical y los elementos más reconocibles del cine de terror se asientan de manera definitiva. Para el cine en general, la figura de Fisher no se puede desmarcar de su especialización en el terror, género que siempre ha sido menospreciado por los sectores más elitistas. Y más aún cuando el gran periodo del cineasta, los años sesenta, coincide con la eclosión del concepto de “autoría”. Fisher, por tanto, no abandera ningún cambio conceptual dentro del cine aunque sus estilemas como creador posean el mismo nivel que el de muchos de los cineastas más prestigiosos del periodo como Luchino Visconti, Joseph Losey o Federico Fellini".

El gran renovador del terror

Fisher fue el creador del estilo que hizo famoso a la productora Hammer, y que incluía, como aspectos más evidentes, el sexo y la sangre, pero también mucho más: "El estilo de la Hammer consiste en explicitar todo lo que, previamente, se sugería -comenta Joaquín-. Con la Hammer, el terror pasa de los claroscuros de la Universal a tener colores vivos. La sangre es de un rojo obsesivo y hay una inclinación especial hacia el subrayado de todo lo que tiene que ver con el erotismo y la violencia. Nunca hasta entonces el cine de terror había alcanzado tales grados de impacto ya que, en esencia, las propuestas previas se sustentaban en la mencionada sugerencia. El papel que juega Fisher en todo ello es muy concreto: otorgar profundidad a todos estos recursos. Las películas de Fisher no se conforman con la exhibición de las secuencias de impacto o de ceñirse a los elementos propios del género. Su mirada va mucho más allá de todo ello".

"Básicamente -continúa Joaquín-, el cine de Fisher integra profundas reflexiones sobre la sociedad o el propio ser humano. Sus personajes se debaten continuamente entre dar rienda suelta a sus instintos más primarios o reprimirlos tal y como impone el orden burgués al que pertenecen. De ahí que el monstruo deje de tener una importancia meramente figurativa y se convierta en el liberador de la verdadera condición del individuo (algo que se observa nítidamente en su trilogía vampírica: Drácula, Las novias de Drácula y Drácula, príncipe de las tinieblas) o en el reflejo de su propia monstruosidad (especialmente en sus films sobre Frankenstein)".

"Las películas de Fisher, asimismo, ofrecen poderosas radiografías sobre los cambios sociales (de nuevo, por ejemplo, en sus films sobre el vampirismo que muestran la progresiva ascensión de la burguesía y la desintegración de la sociedad estamental) o, incluso, los choques generacionales (caso de Frankenstein and the Monster from Hell). Toda una serie de líneas temáticas que se cruzan y complementan provocando que las películas de Fisher guarden en su interior una riqueza casi inabarcable" -concluye Joaquín-.

"Habitualmente, los libros de la serie Signo e Imagen – Cineastas de Cátedra poseen una estructura muy marcada: un primer bloque que incide en los rasgos biográficos y un segundo que analiza, individualmente, cada película. Sin embargo, en esta obra opté por fusionar ambos bloques, ya que la biografía de Terence Fisher no integra mayores misterios y lo más importante es, por supuesto, su trayectoria como director".

"No le interesaba el cine fantástico"

Curiosamente, pese a ser el gran renovador del cine de terror, Joaquín asegura que a Fisher, "El cine  fantástico no le interesaba. Si Fisher hubiera tenido la independencia o la capacidad de decisión de otros cineastas, sin duda, el cine que hubiera llevado a cabo poco o nada tendría que ver con el fantástico. Sin embargo, el tremendo éxito de La maldición de Frankenstein y de las películas que vendrían a continuación lo unirían a un género del que ya no pudo desvincularse. En mi libro expongo que Fisher siempre utilizó el género de terror como un medio, jamás como un fin. Un medio para integrar los aspectos que más le interesaban aunque, en teoría, poco tuvieran que ver con el terror. De ahí que sus películas posean dos capas: la externa donde hallamos films de terror impecables en su forma, y la interna en la que nos damos de bruces con una serie de líneas temáticas absolutamente apasionantes".

Según Joaquín, la filmografía de Fisher se divide en: "Dos etapas y muy marcadas. La primera la integrarían las películas dirigidas entre 1948, año en que debuta como director, y 1957. Son años irregulares en los que Fisher dirige, sobre todo, sencillas películas de apenas hora y cuarto de duración para pequeños estudios. La Hammer incluída que, por aquellos años, todavía era una productora tremendamente modesta. Aunque algunas de las obras dirigidas en este periodo poseen una calidad más que considerable y varias de ellas ya muestran varios de sus recursos estilísticos, caso de Extraño suceso o Stolen Face, todavía son films en los que Fisher se muestra titubeante y excesivamente dependiente de la calidad de los guiones o de las circunstancias de producción. Todo ello varía a partir del estreno de La maldición de Frankenstein en 1957. Sin apenas transición, las formas de Fisher varían radicalmente, mostrando un lenguaje propio perfectamente definido y unas intenciones claras y concisas. Esta sería la segunda etapa de su filmografía, la más conocida y valorada, que se extenderá hasta su última película, Frankenstein and the Monster from Hell en 1973".

Reinterpretando a los mitos del terror

"La verdad es que ni el personaje de Bram Stoker (Drácula) ni el de Mary Shelley (El monstruo de Frankenstein) han encontrado todavía un cineasta que los adapte con fidelidad (Coppola entre ellos, por mucho que algunos crean que su versión es la más fiel a la novela de Stoker) -asegura Joaquín-. En el caso concreto de Fisher, los guiones son prácticamente obras originales de Jimmy Sangster ya que sus vínculos con las novelas de Drácula y Frankenstein se encuentran, únicamente, en los nombres de los personajes. Sin embargo, creo que ahí reside una parte importante de la grandeza de estas películas: en la reescritura del mito".

"El Nosferatu de Murnau es el Mal personificado que solo puede ser vencido por un acto de sacrificio. El Drácula de Lugosi es lo más parecido a un ente invasor que destruye, desde dentro, la clase dirigente en la que se ha integrado. El de Fisher es un ser atractivo y seductor que se erige en la fuerza liberadora de los impulsos sexuales y, por consiguiente, de la rebelión hacia los órdenes sociales establecidos. Algo completamente inimaginable de poderse llevar a cabo (al menos en los parámetros en los que lo plantea Fisher) en los años treinta o cuarenta. Respecto a Frankenstein, toda la poesía con la que estaban construidas las maravillosas películas de James Whale se destruye por completo ofreciendo la perspectiva más negra de la condición humana, personificada en el personaje del barón, el verdadero monstruo de las películas de Fisher".

Joaquín Vallet también nos ha comentado cuáles cree que son las mejores películas de Fisher: "Difícil elección. La lista estaría encabezada por Drácula, la versión de 1958, ya que me parece el epítome de los estilos tanto de la Hammer como de Fisher. Además, la perfección de esta película (que considero, de hecho, una de las mejores de toda la Historia del Cine) llega a niveles como pocas veces se han visto en una pantalla. Muy cerca de ella (casi en la misma posición) estaría Las novias de Drácula (1960), que va ganando adeptos con el paso de los años muy a pesar de lo maltratada que estuvo en el momento de su estreno. La película es una de las más perversas y fascinantes de la filmografía de Fisher, repleta de elementos turbadores (hay incesto, homosexualidad, masoquismo) y algunas de las secuencias más complejas de todo el cine de Fisher. Le seguiría El cerebro de Frankenstein (1969) un film casi apocalíptico en que el barón es una absoluta abominación y el monstruo, casi, una pura abstracción. La cuarta, debido a su importancia, al hecho de significar un antes y un después en el discurrir del género y, por supuesto, a sus infinitas virtudes cinematográficas sería La maldición de Frankenstein (1957)".

Peter Cushing y Christopher Lee

Peter Cushing y Christopher Lee fueron los actores fetiche de Fisher, a los que convirtió en mitos: "Todos los aspectos comentados previamente sobre las líneas temáticas presentes en las películas de Fisher no hubieran adquirido su completa dimensión sin la participación de Peter Cushing y Christopher Lee, quienes se convierten en los actores clave de la trayectoria del cineasta -comenta Joaquín-. Ambos se encuentran en la más alta de las posiciones dentro del cine fantástico, junto a otra pareja excepcional: Boris Karloff y Bela Lugosi. En cuanto a si Fisher los convirtió en estrellas cabe matizar algunos aspectos. Peter Cushing ya era un actor de renombre cuando interpretó La maldición de Frankenstein. Bien se puede decir que esta película lo lanzó al estrellato, pero el intérprete poseía un currículum más que considerable que incluía un rol importante en Vivir un gran amor (1954), junto a Deborah Kerr y Van Johnson, y el protagonismo de la extraordinaria versión televisiva de 1984 dirigida por Rudolph Cartier".

"La situación de Christopher Lee era muy distinta. Sus intervenciones cinematográficas se habían circunscrito a roles muy pequeños y, de hecho, no fue la primera opción de la Hammer para interpretar al monstruo en La maldición de Frankenstein. Tanto esta película como, sobre todo, Drácula lo convirtieron en un actor popular, pero la Hammer todavía desconfiaba de su capacidad interpretativa y se negaba a darle roles protagonistas. Hasta 1961, de hecho, Lee no encabezó el reparto de ninguna película de la productora".

Tras este estupendo libro, Joaquín Vallet seguirá inmerso en el género: "Estoy en plena escritura de otro libro sobre el cine de terror, aunque prefiero, de momento, no dar más detalles. También hay un par de proyectos que tengo en mente, concretamente sobre cineastas, y que me gustaría poner en marcha cuando finalice esta nueva obra. Veremos…".

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