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Miles de emigrantes etíopes, atrapados en Yemen en espera de ser deportados de vuelta a su país

  • El viaje desde el Cuerno de África es uno de los viajes más peligrosos
  • Muchos caen en manos de traficantes que les torturan y extorsionan
  • Médicos sin Fronteras les presta ayuda psicológica

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Inmigrantes africanos en el centro de internamiento de Saná, capital de Yemen
Inmigrantes africanos en el centro de internamiento de Saná, capital de Yemen. Anna Surinyach/MSF

Emigración ilegal a Yemen desde el Cuerno de África: 

Enero-mayo de 2013: 42.137 (80% etíopes)

2012: 107.500

2011: 103.000

2010: 53.000

Fuente: Oficina Internacional para las Migraciones (OIM)

Miles de emigrantes irregulares africanos, en su mayoría etíopes, se encuentran atrapados en condiciones precarias en Yemen, a donde han llegado tras un peligroso viaje para intentar llegar a Arabia Saudí y otros países de la Península Arábiga. Muchos fueron víctimas de las redes de traficantes de personas, que les torturaron y extorsionaron, y ahora esperan ser devueltos a su país.

En abril, la ONU ya dio la señal de alarma y pidió ayuda internacional para hacer frente a la situación, en un país ya golpeado por la inestabilidad política y los enfrentamientos armados.

La situación es especialmente grave en la región de Harad, en la frontera noroeste de Yemen, donde se estima que hay unos 25.000 emigrantes sin papeles en condiciones sanitarias y alimentarias muy precarias, según la Organización Internacional de Migraciones (OIM). Los inmigrantes incluso iniciaron una huelga de hambre para pedir ser repatriados a su país de origen.

El viaje más peligroso

Así termina su sueño de una vida mejor. Se embarcaron en el viaje más peligroso para los migrantes en el mundo: intentar llegar desde el Cuerno de África hasta los estados del Golfo Pérsico para buscar fortuna.

La mayoría provienen de Etiopía. De allí pasan a Yibuti y cruzan el Mar Rojo hasta Yemen, país de tránsito hacia Arabia Saudí. Otros parten desde las costas somalíes cruzando el Golfo de Adén hasta la costa de la Península Arábiga.

Sin embargo, Arabia Saudí ha cambiado su política migratoria y, tras la inestabilidad causada por el contagio de la "primavera árabe" a Yemen, ha decidido vallar los 1.800km de frontera común.

Así que los inmigrantes se quedan varados en la línea divisoria, y quienes consiguen cruzar son devueltos por los guardias saudíes, o abandonados en el desierto.


Ver El viaje más peligroso del mundo para los emigrantes en un mapa más grande

Durante el viaje, además, muchos caen en manos de las redes de traficantes de personas, que les retienen en verdaderos campos de tortura, que llaman "granjas". Allí les maltratan, amenazan y extorsionan para que sus familiares envíen dinero.

El pasado mes de abril, las autoridades yemeníes lanzaron una campaña para liberar a cientos de estos inmigrantes secuestrados y rescataron a unos 2.000.

Desde entonces, más de 4.000 personas han sido repatriadas a su país de origen. La OIM planea que entre 2.500 y 3.500 de los inmigrantes más vulnerables, incluyendo mujeres y niños, puedan regresar a sus casas, según la información facilitada a RTVE.es por Marco Chimenton, uno de los responsables de la misión en Yemen, a través de correo electrónico.

"El número de casos que requieren asistencia humanitaria de urgencia en Harad aumenta cada día, lo que supone una presión extrema para la capacidad de la OIM de prestar servicios que a menudo salvan vidas", explica Chimenton. La OIM ha hecho un llamamiento para obtener fondos de 3 millones de dólares (2.2 millones de euros).

Testimonios de torturas y vejaciones

Hasta que puedan embarcar en uno de los vuelos que les llevará de vuelta a África, muchos son internados en el centro de tránsito para inmigrantes de la capital, Saná. El centro con capacidad para unas 250 personas, acoge a más de 750, que viven recluidos en grandes celdas. A pesar de las condiciones, muchos se sienten afortunados de haber podido escapar con vida de los contrabandistas.

“Si alguien decía algo a los traficantes le pegaban con palos y le daban patadas. Quiero volver de una pieza, no quiero perder el ojo ni la mano que Dios me dio", afirma Taju Hassane, un padre de familia de 31 años, que ha narrado su odisea a Médicos Sin Fronteras (MSF).


Migración en Yemen: el viaje de Taju from Médicos Sin Fronteras on Vimeo.

Rumana Mohamed Siraji, de 25 años, se aloja en el centro junto a sus hijos, de cuatro años y un año y medio. Su marido consiguió entrar en Arabia Saudí, y después desapareció. “No quiero morir aquí. Además mi marido no está conmigo. Mi marido se fue a Arabia Saudí. ¿Lo arrestaron en la carretera? ¿Dónde está? No lo sé. ¿Está muerto o vivo? No lo sé".

Por su parte, Shukualah Hassen, de 35 años, salió de Etiopía en diciembre de 2012 con ocho compañeros. Una vez en Yemen, fueron llevados a una de las "granjas", según ha explicado a los cooperantes.

"Empezaron a pegarnos, a romper manos y a golpearnos en el cuerpo. Nos dijeron: ‘Transferid dinero’. El que tenía familia en Etiopía después de pagar era liberado. Si no tenías, era la muerte".

Tras ser puestos en libertad, intentaron por su cuenta entrar en Arabia Saudí, pero fueron rechazados. Finalmente, decidieron entregarse a la Policía. "Nos preguntaron: ¿dónde vais?” y respondimos: “queremos volver a casa”. Dijimos que queríamos volver a Etiopía", recuerda.

Ayuda psicológica

La psicóloga española Esperanza Leal es la encargada del programa de ayuda psicosocial de MSF. Junto a una psicóloga local y dos traductores, escucha las historias que tienen que contar los inmigrantes.

"El 90% de los que están allí han sido víctimas de torturas y de una violencia considerable", explica Leal en conversación telefónica con RTVE.es desde Barcelona, antes de regresar a Saná.

"Los traficantes les meten en las 'granjas' para que llamen a sus familias y pidan dinero. Matan a otros compañeros delante de ellos para asustarles. Llegan muy traumatizados, algunos mutilados o heridos. Muchos han escapado de los traficantes y han llegado hasta el centro andando, descalzos, sin comer, sin agua ni ropa...", subraya. Al campo llegan también menores no acompañados, que sufren todo tipo de abusos.

En estas circunstancias, el trabajo de esta psicóloga sevillana no es fácil. "Lo primero es ganarse su confianza, porque son gente que ha sido engañada. Después les damos una orientación para que afronten sus síntomas: ansiedad, insomnio y afecciones sicosomáticas...".

Leal asegura que a la mayoría de los afectados les ayuda saber que pueden volver a sus casas para contarlo y disuadir a otros de emprender un viaje que tiene muchas probabilidades de no acabar bien. No obstante, la psicóloga española también se ha encontrado con casos en los que, tras haber pasado por la experiencia y haber sido deportadas, han intentado de nuevo llegar hasta Arabia Saudí para buscar trabajo. Solo para volver a caer en las manos de los traficantes.

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