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Francisco Umbral, maestro de periodistas

Cinco años sin Francisco Umbral, un cronista revolucionario e irónico

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El 28 de agosto de 2007 murió Francisco Pérez Martínez, más conocido como Francisco Umbral: se fue a las 2.30 de la madrugada en el Hospital Montepríncipe de Madrid, debido a un fallo cardiorrespiratorio. Tenía 72 años y una vida dedicada por entero a la literatura. 

Siempre se le recordará por su imagen. Gafas de pasta oscura, larga melena, la bufanda, el jersey de cuello alto, la chaqueta de pana. También por su tono provocativo e irónico, la sátira y el humor que desprendían sus columnas. 

Al día siguiente de su muerte, muchos escribieron sobre él. En el diario El País, en donde escribió de 1976 a 1988, Juan Cruz dijo de él que "era un hombre agreste, pero con el alma de un niño". Vicente Verdú también le recordaba en las mismas páginas. "Todo era posible para él ante la página en blanco, que se alzaba ante él como la ocasión de la conquista", escribía. 

Las reacciones a su fallecimiento llegaban desde todos los estamentos de la cultura y de la política. El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, habló de su amistad con Umbral y su calidad periodística. "Era el gran cronista de la España contemporánea. Todos somos deudores de su obra", comentó el político. Desde las filas populares también le recordó el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Lo hizo en el diario El Mundo, definiéndole como "el último gran cronista de la vida social, cultural y política de Madrid". 

De su relación con la capital de España también hablaba Raúl del Pozo, su sustituto en la contraportada de El Mundo. "Madrid era su sitio, su brújula, como lo fue de Larra", recordaba el periodista. "Cotilla por lo fino, notario de lo banal y flagelador de la estupidez", así le definía José Hierro en las mismas páginas donde Umbral escribió sus últimas líneas como columnista. Rosa Regás, compañera en este diario, hablaba de su poder de seducción, "era de tal magnitud que no dejaba indiferente a nadie". 

Maestro de periodistas

Escritor, novelista, biógrafo, pero sobre todo periodista. Desde muy joven ya se acercó al mundo de la prensa escrita. Terminaban los años 60 cuando por la redacción de El Norte de Castilla aparecía Francisco Umbral, en quien se fijó un tal Miguel Delibes, dándose cuenta de su talento para la escritura. La Voz de LeónProa y El Diario de León también disfrutaron de su pluma.


Pero también participó en las tertulias del Café Gijón, en las que conectó con lo más granado de la literatura del momento, como su amigo Camilo José Cela. Más tarde describiría esos años en La noche en la que llegué al Café Gijón (1977). 

En 1959 se casó con María España. Con ella tuvo a "Pincho", que murió a los seis años, a causa de una leucemia. Fue el episodio más duro para Umbral. "El hijo es un relámpago de futuro que nos deslumbra. Por él, por mi hijo, he visto más allá, más adentro, y más lejos, y quizás, ay, eso basta", escribía en Mortal y Rosa (1975), obra dedicada al pequeño.

Como cronista trabajó en el diario El País, en Diario 16 (1988) y en El Mundo (1989-2007). Sus columnas estaban llenas de humor, sarcasmo e ironía. En ellas, como en su obra, no trataba de convencer al lector de lo que decía y pensaba: simplemente escribía.

Para Umbral, la literatura era "desaparecer y reaparecer al ser leído". Como escritor cosechó numerosos éxitos, aunque también alguna que otra decepción. Como cuando en 1986 optó al sillón F de la Real Academia de la Lengua, que finalmente ocupó José Luis Sampedro. Antes de este episodio había recibido el Premio Nadal por su obra Las Ninfas (1975). En 1996 se le concedió el Príncipe de Asturias, y en 2000 el Premio Cervantes.

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