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J.W. Ritter, el gran genio de la electroquímica

  • Inventó la pila seca y fue pionero en la detección de corrientes termoeléctricas
  • Obtuvo hidrógeno y oxígeno por descomposición electrolítica del agua
  • Creía que los reinos orgánicos e inorgánicos naturales estaban relacionados

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J.W. Ritter, el gran genio de la electroquímica

A hombros de gigantes

Programa de divulgación científica. Es un espacio pegado a la actualidad con los hallazgos más recientes, las últimas noticias publicadas en las principales revistas científicas, y las voces de sus protagonistas. Pero también es un tiempo de radio dedicado a nuestros centros de investigación, al trabajo que llevan a cabo y su repercusión en nuestra esperanza y calidad de vida. Los sábados de 01:00 a 02:00 horas

El físico alemán Johann Wilhelm Ritter nació en Samitz bei Haynau (Silesia) perteneciente ahora a Polonia, el 16 de diciembre de 1776. Con solo 14 años fue enviado a Liegnitz para servir como aprendiz de un boticario, lo que le despertó un profundo interés por la química.

A los 19 heredó una suma de dinero que le permitió salir de la farmacia y matricularse en la Universidad de Jena en abril de 1796, donde estudió Medicina y posteriormente fue profesor.

Era un hombre que poseía una innegable genialidad y una gran amplitud de miras, lo que unido a un carácter osado y entusiasta, dotó de gran productividad a su corta vida, pero también le hizo ser propenso a conclusiones precipitadas.

Llegó a experimentar con su propio cuerpo y aplicarse fuertes descargas

Las primeras investigaciones de Ritter fueron con la electricidad, sobre todo en la forma en que las cargas eléctricas podrían contraer los músculos de los animales. Llegó a experimentar con su propio cuerpo y se aplicó descargas de alto voltaje que pudieron debilitar su salud.

Pensaba que los reinos orgánicos e inorgánicos de la Naturaleza están estrechamente relacionados. Sus experimentos parecían apoyar esa teoría filosófica y fue la base de la mayor parte de sus futuras investigaciones.

Ritter se especializó en Electroquímica -en la descomposición de sustancias químicas por la acción de la corriente eléctrica-, y se anticipó a Humphry Davy en la explicación del fenómeno y en algunos resultados.

Fue el primero en obtener higrógeno y oxígeno por descomposición electrolítica del agua

En 1798 explicó el orden en que los metales se desplazaban mutuamente de sus sales. Fue el primero en obtener hidrógeno y oxígeno por descomposición electrolítica del agua. Aunque William Nicholson había hecho la electrolisis del agua, no llegó a separar los dos gases.

Ritter también comprobó que si se hacía pasar una corriente eléctrica por una solución de sulfato de cobre, se depositaba cobre metálico sobre un electrodo, lo que constituye el comienzo del cromado electrolítico y de la galvanoplastia. Este proceso se utiliza ahora para el oro chapado, plata y otros metales.

En 1803 construyó el primer acumulador de la historia, formado por 50 láminas de cobre separadas por 49 de cartón humedecido con agua salada, y experimentó con él, haciendo muchas observaciones originales.

Entre sus observaciones destacan la inversión de la polaridad, la importancia del tamaño de las placas y la recuperación del aparato tras las pausas, aunque equiparó erróneamente su naturaleza a la de un condensador electrostático.

También inventó la pila seca y una batería, y se adelantó a Seebeck en la detección de corrientes termoeléctricas.

Descubridor de la luz ultravioleta

En 1801, mientras investigaba los efectos de la luz sobre el cloruro de plata, se le ocurrió hacer pasar el haz luminoso a través de un prisma y observar si existía alguna diferencia en la acción de las distintas frecuencias.

De esta forma comprobó que la parte invisible del espectro situada más allá del violeta es la más activa. Por esta razón se le considera el descubridor de la radiación ultravioleta, hasta entonces desconocida. Y se pudo conocer la existencia de radiaciones de luz no visibles al ojo humano.

Ritter publicó trece volúmenes que describen su investigación y una veintena de artículos en revistas, aunque vivió en relativo anonimato. A menudo anunció sus descubrimientos en cartas cortas y misteriosas, y muchos científicos se aprovecharon de los fenómenos estudiados por Ritter.

En sus últimos años, se dedicó a ciencias tan dudosas como la adivinación del agua y las brujas de metal. En 1804 fue nombrado miembro de la Academia de Múnich. Murió en esta ciudad el 23 de enero de 1810, a los 33 años de edad, a causa de una insuficiencia cardiaca.

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