Del Barça fue la posesión del balón y la fluidez en la distribución. Un Iniesta genial dio el pase de la noche a Messi, mientras que Xavi recuperó su mejor nivel. Hizo circular la pelota con facilidad y dio un recital de visión de juego, dejada espectacular a Pedro en el tercer gol incluida. Mientras hubo partido, hasta mediada la primera mitad, el Athletic no pudo dar más de tres pases seguidos. No supo robarle la pelota como en el partido de Liga en San Mamés y no hubo posibilidad de repetir esa maravillosa guerra de ida y vuelta, posiblemente el encuentro más bonito del año para el espectador. Bielsa se equivocó llevando la primera línea de presión al centro del campo sin tapar la salida del balón. Las marcas sobre Xavi e Iniesta no impedían que jugadores con la movilidad de Pedro, Messi o Alexis bajasen a recibir entre líneas y desarbolaran con un toque su plantemaiento defensivo. Bielsa dejó pensar al Barça en su intento de achicar y fracasó. La única vía era la del descaro, pero el recuerdo de Bucarest, la 'verdadera' final de los leones, quizás pesó demasiado. Y el Athletic no sabe jugar así. Necesita morder, jugar sin complejos, como en Old Trafford. Ni recuperó ni pudo tocar, porque el Barça sí que le buscó arriba con agresividad. Los de Guardiola forzaron errores en la entrega una y otra vez. Neutralizaron al Athletic con y sin balón. El Barça no solo ganó por ser mejor, sino también por ser fiel a sí mismo.