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La escritora Remedios Zafra nos ha presentado en 'Las Mañanas de RNE' su ensayo 'El informe: Trabajo intelectual y tristeza burocrática'. Esta obra es una invitación a impugnar el modelo que nos deja sin tiempo para nosotros y para nuestra vida. Una de las tesis que aborda en el libro es la idea de lo poco que se habla del bien común y de la continua competencia entre los trabajadores: "Los trabajadores estamos constantemente compitiendo. Somos más rivales que trabajadores y dedicamos energía a crear apariencias". 

La escritora ha querido resaltar que el modelo de vida que llevamos en la actualidad ha normalizado "hacer las cosas sin sentido alguno y de cualquier manera". Por ello, considera que es necesario reconfigurar las formas en las que vivimos y gestionamos el tiempo. "No puede ser que todo se aplace a cuando tenga tiempo. Esa vida pospuesta que muchos llevamos, eso que aplazamos es lo que más nos importa. Y esto me parece que es grave".

La vida es sueño, de Calderón de la Barca, aúna su misterio existencial con ese artesonado dramático de niebla convertido en verdad. ¿Somos lo que soñamos? ¿Soñamos lo que somos? Tenemos una pugna entre el libre albedrío de los hombres y su predestinación, con la existencia entendida como esa nebulosa en movimiento antes de pasar a la vigilia; y también el dominio íntimo del ser, para descubrir la libertad de elegir las conductas que nos afirmarán como seres resueltos a encontrar nuestro propio horizonte, aunque sea resistir al fondo de una cueva. Temas existenciales, pero también hay más: cómo debe ser un gobernante y su ejemplaridad, la formación de los príncipes, esa disquisición interminable entre la justicia y el poder, y la capacidad de reinventar, incluso reescribir, nuestros contornos, a medida que la propia vida nos descubre no sólo lo que somos, sino lo que podríamos ser. Si hay un título del barroco que verdaderamente no requiere presentación, porque con citarlo nombraremos no sólo el argumento de la obra, sino el rico entramado metafórico, su alcance y extensión hasta tocar el fondo de espejo que también nos refleja, en nuestra propia vida y esperanza, decepciones y anhelos, mientras recorremos su lectura, es La vida es sueño. Estrenada en 1635, ninguna otra obra representa tanto la lucha del ser humano por alcanzar su libertad, por encima de todas las rutas anteriores que parecen trazadas para él. Porque ¿somos apenas un dibujo del destino, una sombra en el viento que nos derribará, o podemos fijar nuestros pies en la tierra, y enfrentarnos a él?

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  • "Uno deja de escribir cuando se muere, o se muere cuando deja de escribir", asegura a sus 88 años

Mónica Mateos nos habla sobre la residencia literaria del linguista Álex Herrero. Se llama La Casa de Cihuela, está ubicada en este pequeño pueblo soriano y busca albergar a aquellos escritores que huyen de la ciudad. Como Román Aday, que fue a continuar su novela.

El físico y divulgador José Manuel Sánchez Ron está convencido de que los cánones de la ciencia están en parte contenidos en la literatura.

La poeta y ensayista rumana Ana Blandiana es el nuevo Premio Princesa de Asturias de las Letras. Su candidatura ha sido seleccionada entre las 38 presentadas, procedentes de 21 países. En su fallo, el jurado ha destacado la transparencia y complejidad de su escritura, la capacidad de resistencia de su poesía frente a la censura. Desde Oviedo nos atiende Irene Vallejo, Premio El ojo crítico de narrativa en 2019, Nacional de Ensayo en 2020 y miembro del jurado, que califica a Blandiana de "poeta extraordinaria, con la capacidad de desplegar una enorme hondura filosófica con un lenguaje sencillo, depurado, accesible". Recuerda cómo "su obra se leía a escondidas, se memorizaba y se repetía oralmente", siendo un ejemplo de "cómo la poesía cobra importancia en momentos de represión". Destaca Vallejo que el jurado ha elegido el adjetivo "indómita" porque se le prohibió publicar en tres momentos de su vida: "A través de su creación, se revela contra las imposiciones del silencio, asume una postura pública con enorme coraje, y ha continuado creando y escribiendo con esa actitud desde entonces". "Una autora a la que me gustaría que se leyera más", ha culminado Vallejo. 

Gustavo Durán es un intelectual español de la Generación del 27 que cayó en el olvido. Sin embargo, su camino de artista comprometido con sus ideas está plena de vivencias.

Nacido en Barcelona en 1906, Gustavo Durán fue un compositor y pianista que formó parte del grupo de artistas de la Residencia de Estudiantes, junto a Lorca, Buñuel o Alberti.

En la Guerra Civil se alistó en el ejército republicano donde llegó a ser teniente coronel. Tras la guerra, se exilió primero a Inglaterra, donde contrajo matrimonio con la estadounidense Bonté Romilly Crompton, con quien emprendió camino a EEUU. Allí trabajó en el Departamento de Estado y para distintos organismos.

Como representante de la ONU, viaja a Cuba y a diferentes países latinoamericanos. No obstante, es perseguido por McCarthy acusado de comunista y le abren varios procesos por los que finalmente queda absuelto.

En Grecia, su último destino, mantuvo una estrecha relación con el poeta Jaime Gil de Biedma. Allí fallecerá en 1969 a los 62 años. En Alones, el pequeño pueblo de la isla de Creta donde está enterrado, Gustavo Durán es considerado un héroe y hay una estatua en su honor.

En el programa, con la firma de Lara López, hemos seguido los pasos que sus hijas Jane y Lucy Durán, poeta y profesora de música respectivamente, han realizado para recuperar del silencio a la figura de su padre. También intervienen su amiga Isabel García Lorca, y la periodista Inés García-Albi, sobrina de Gil de Biedma; el poeta y editor Alejandro Duque Amusco, autor de Días finales en Grecia. Cavafis, Gil de Biedma, traducciones originales de Gustavo Durán; y los recuperadores del Cancionero de Gustavo Durán, Puerto de Guadarrama, el guitarrista Samuel Diz y el tenor Jonatan Alvarado. Agradecemos la colaboración de Carmen Melo de la Universidad de Valencia, la Asociación Republicana de la Safor y la Residencia de Estudiantes y su directora Alicia Gómez-Navarro.

Documentos RNE se emite los viernes, de 23 a 24 horas, por Radio Nacional.

Aclamado por todos como el gran escritor de la ex Yugoslavia después de Ivo Andrić, el prematuramente desaparecido Danilo Kiš se convertiría después de todos los desastres que él mismo había predicho en símbolo de la resistencia intelectual y moral contra la intolerancia étnica y nacionalista que asolaría su país años después de su muerte, del que él era uno de sus más insignes exiliados. Nacido en 1935, en una pequeña ciudad fronteriza entre Budapest y Belgrado, Subotica – entonces parte del Reino de Yugoslavia–, uno de esos enclaves que melancólicamente representan lo que Kundera llamó, de forma generalizada y centroeuropea, «zona incierta de pequeñas naciones entre Rusia y Alemania», Kiš era hijo de una madre montenegrina y ortodoxa y de un padre judío y húngaro. A los siete años presenció la matanza de judíos y serbios llevada a cabo por los fascistas húngaros en Novi Sad, Voivodina, donde residía su familia. La recuperación del escritor Danilo Kiš en toda Europa, pero también en Estados Unidos, a través de su gran defensora, Susan Sontag, se convirtió en periódica y constante en los últimos años del siglo XX, tras su fallecimiento en 1989, como una especie de Joyce espléndido y renovador de toda una tradición literaria balcánica. Kiš dejaría una obra de una altura y calidad impresionante, en la que destaca, con una fuerza y una furia apocalíptica y legendaria, la citada Una tumba para Boris Davidovich. Una obra que tomaba como centro narrativo los procesos, depuraciones y crímenes estalinistas. Además de la célebre Enciclopedia de los muertos, otras de sus más conocidas y magníficas obras conformarían la llamada Trilogía Circo Familiar (Penas precoces, Jardín, cenizas y El reloj de arena).