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Arcesilao conquistó a sus coetáneos hace dos mil quinientos años y nos sigue conquistando ahora. Por varios motivos. Si nos quedamos con el salseo más frívolo, no cabe duda de que era un guapo atrayente que supo hacerse hueco en el olimpo de los pensadores de la época, la Academia de Platón. Pero no seamos injustos con este filósofo de altura escéptica. Arcesilao discutía tan bien que infundía miedo a sus contrincantes intelectuales. De hecho, dio bastante caña a los estoicos, que se hacían pequeñitos ante él. Tan alto llegó por méritos propios que acabó siendo el sexto director de la academia. Y fue un buen jefe: consolidó la vía escéptica ante ciertos dogmatismos que comenzaban a aflorar. Todo esto, con esa pasión que le caractiza y ese amor por la epojé nos lo cuenta Daniel Tubau en su sección "Sképsis, atrévete a pensar".

Arcesilao había hecho un viraje intelectual. ¿Fue un traidor, un "chaquetero", un veleidoso? No parece. Es que dejó la escuela aristotélica enamorado absolutamente de la filosofía que se hacía en la escuela platónica (y no sólo de la filosofía). Cuenta Tubau que "le pareció que estaba en presencia de dioses o héroes de la Edad de Oro". Considerado como un "segundo Sócrates", explica Tubau, se tiende a pensar que Arcesilao tan sólo se dedicaba a contradecir a todos y que su filosofía era negativa o nihilista. Intentaremos demostrar que no fue del todo así.

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En marzo de 2025, aparecía un estudio llamado “Large Language Models Pass the Turing Test” en el que se veía cómo ChatGPT 4.5, con una serie de prompts específicos, aprobaba el test de Turing. Se vio que en conversaciones casuales de 5 minutos, conseguía convencer al 73% de los participantes de que estaban hablando con una persona de verdad. Y aquí llega Enric F. Gel a volarnos la cabeza una semana más en "Pensemos fuerte". Plantea nuestro filósofo catalán: ¿Significa esto que la IA está cada vez más cerca de despertar y ser realmente consciente o inteligente, o incluso que ya lo es?

Antes de sacar conclusiones apresuradas, pregunta Enric, ¿qué es el test de Alan Turing?. Este matemático se planteaba la pregunta: “¿Pueden las máquinas pensar?”.Y para responderla, propuso lo que llamó “el juego de la imitación". Si, como resultado del test, el interrogador no es capaz de distinguir adecuadamente al hombre de la máquina, la máquina gana el juego. Entonces, ¿mide realmente el test de Turing la inteligencia de una máquina, su habilidad para pensar, o ya incluso si ha desarrollado conciencia? Realmente, explica nuestro colaborador, lo que el test pone a prueba es la capacidad de una máquina para simular el pensamiento o el comportamiento humano. Pero aquí hay un principio fundamental que no podemos olvidar: la simulación de una cosa no equivale a la cosa misma. Escuchamos al filósofo Bernardo Kastrup. Lo sentimos, pero pasar el test de Turing, por sí solo, no implica que la máquina realmente piense o sea consciente. ¿O sí?

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Herramientas de inteligencia artificial creadas para ofrecer apoyo terapéutico. ¿Qué hacemos con esto? ¿Es defendible desde el punto de vista filosófico? ¿Por qué una persona contaría sus problemas a una IA en lugar de hacerlo a un psicólogo? Con honestidad intelectual y mucho realismo nuestra psicóloga María Gómez desgrana en "Diálogos internos" lo que considera pueden ser los motivos de fondo. ¿Llegará un momento en el que las nuevas generaciones prefieran que te trate una máquina?, plantea Gómez. Recordamos algún caso extremo de relación con la IA que requirió la implementación de ciertos controles, como el caso del adolescente de EEUU que se suicidó en 2024 tras obsesionarse con un personaje de la plataforma Character AI, una IA que llegó a inducirle pensamientos suicidas.

María Gómez explica que existe una preocupación dentro de la filosofía de la Ciencia y la Inteligencia Artificial sobre si el avance el conocimiento podría estancarse debido a la IA. El organismo dedicado al estudio de las controversias éticas que suscitan las nuevas tecnologías asegura que hacer que una máquina simule intimidad emocional y empatía es "manipular a la gente". Hablamos de pelis distópicas que anticiparon el presente, como "Her" o pelis actuales que plantean la realidad de la soledad, como "Rental family". Gómez finaliza con un esperazador discurso aludiendo a Rousseau cuando éste aseguraba que la civilización y el progreso han alejado al ser humano de su estado natural.

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Fue un destacado crítico literario, semiólogo y filósofo estructuralista francés. Entre las ideas centrales de su pensamiento destaca la desmitificación de la cultura moderna a través del análisis de los signos. Sus indagaciones en torno al lenguaje de la fotografía cristalizaron en un ensayo en el que aborda el valor semiótico de la fotografía, la escritura visual, la memoria y el duelo. El legado de Barthes reside en sus indagaciones sobre el funcionamiento de los signos en la cultura contemporánea y sus aplicaciones a la teoría literaria, la retórica de la imagen, el lenguaje de la publicidad, la moda, la fotografía o la vida cotidiana.

Carmen María López López, profesora de Teoría de la Literatura (UNED)

Carlos Javier González Serrano conversa con Rubén Muñoz Martínez, doctor en Filosofía y graduado en Historia del Arte, sobre la necesidad de pensar los fundamentos invisibles que sostienen nuestras certezas. Lo que algunas tradiciones llamaron “lo sagrado” no designa necesariamente un dogma, sino más bien la experiencia de que la realidad excede nuestros esquemas conceptuales. El orden establecido no agota el Misterio de lo que es.

Decía Sócrates, el filósofo griego, que él no podía enseñar a nadie, que solo podía hacerles pensar. El enfoque de su enseñanza era priorizar el pensamiento crítico y la autorreflexión sobre la mera transmisión de información. El objetivo no era tanto llenar la mente de datos como inspirar al individuo para que descubriera la verdad por sí mismo. En 'Educar para la paz' conversamos con un filósofo con un gran espíritu socrático porque entiende que la filosofía solo tiene sentido si sirve para pensar la vida y vivir el pensamiento. Hoy os contamos qué ha hecho Eduardo Infante para tratar de 'Salvar a Sócrates'. Este es el título de su nuevo libro, en este caso, una novela para aprender a filosofar que demuestra el poder de la palabra y del pensamiento autónomo.

La mayoría de nosotros damos por hecho que la muerte es el fin de la conciencia. Pero ¿alguna vez te has preguntado por qué pensamos así? ¿Cómo hemos llegado a esta conclusión, que muchos afirman tajantemente con tanta seguridad? Así comienza su sección "Pensemos fuerte" Enric F. Gel esta semana. Dice Gel que la mente, la conciencia, los recuerdos o la personalida dependen estrechamente del cuerpo es algo que hemos sabido desde siempre. ¿Por qué ahora -pregunta el filósofo catalán- tendemos a interpretar estos mismos datos como prueba definitiva de que la conciencia se extingue con el cuerpo? "Pues esto es lo que se me ocurre: la diferencia no está en la evidencia, está en la cosmovisión", señala Enric.

¿Qué ocurre si cambiamos esa cosmovisión, si nos quitamos esas gafas? Tomemos una propuesta, la del filósofo y psicólogo estadounidense William James quien, a finales del s. XIX, impartió dio una conferencia titulada “Human Immortality”, donde aborda esta cuestión. La pregunta importante es: cuando el cerebro muere, ¿la conciencia desaparece? Pues no necesariamente, va a decir James. Eso va a depender del tipo de relación de dependencia que haya entre el cerebro y la mente. Si el cerebro es un órgano productivo, si produce la conciencia, pues entonces sí, cuando deje de funcionar. Enric nos pone ejemplos prácticos para entenderlo: un prisma o un transistor. Y va argumentando siguiendo el hilo de James. Y al final resulta, según Gel, que el gran argumento a favor de la conclusión de que la muerte es el final en verdad no es tan sólido como parece.

José Ortega y Gasset dejó buena parte de su legado intelectual en libros y conferencias, y además, tuvo la gran iniciativa de dejar una herramienta para que la generación de pensamiento no se detuviera: la Revista de Occidente, que desde el mismo momento de su fundación en 1923 se convirtió en una de las publicaciones más importantes del ámbito humanístico español. Hablamos con su actual director, Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. 

Tal día como hoy, 14 de abril, pero de hace 900 años nacía en Córdoba una de las personalidades claves en la historia del conocimiento: Abu Al Walid Muhammad Ibn Rusd, pero el mundo le recuerda como Averroes. Cultivó diversos ámbitos del conocimiento, como la medicina, el derecho y la filosofía. En todo caso fue un adelantado a su tiempo, defendiendo derechos de la mujer, aprovechó los avances de los árabes orientales, seguidores de la medicina hipocrático-galénica, ya buscaba la objetividad huyendo del sectarismo y creía en el mestizaje como instrumento de cultura y de civilización. Analizaremos todas estas facetas sobre su figura y las actividades que se dedican en este Año Averroes con el profesor Israel Muñoz, vicerrector de Estudiantes y Cultura de la Universidad de Córdoba, experto en cultura clásica; y con Juan Pedro Monferrer, atedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Córdoba y comisario de la exposición ‘Averroes y la Córdoba de su tiempo’, colaboración de la Universidad con la Diputación, el Ayuntamiento de Córdoba, la Casa Árabe, el Museo Arqueológico de Córdoba y la Cátedra de Estudios Árabes.

Entre los siglos XII y XIV aparecieron en Europa algunas comunidades femeninas difíciles de clasificar. Vivían y trabajaban juntas, cuidaban enfermos, oraban y escribían, y todo ello en medio de las ciudades. Además, se atrevieron a expresar su experiencia espiritual y personal con una intensidad poco común: hablaron de Dios en el lenguaje del amor y la intimidad. Carlos Javier González Serrano conversa con Prado Pérez de Madrid, médica, música y especialista en las beguinas,  sobre aquellas mujeres que, en la actualidad, nos obligan a preguntarnos qué significa realmente la espiritualidad.

"Confiar es dar tregua al miedo, compartirlo, dividirlo y debilitarlo entre los demás pero para eso debo tener la valentía de reconocer a los demás como yo mismo o mejor aun a mi mismo como parte de los demás". Este extracto del último libro de Vico podría ser una buena sinopsis de lo que pretende contarnos. Nuestro colaborador, filósofo de la ética, ha publicado su tercer libro, "Filosofía para desconfiados. Una reivindicación del nosotros" (Ed.Ariel), un alegato contra el cinismo contemporáneo en el que Vico recuerda cómo ya Aristóteles nos dijo hace 2.500 aquello de que sólo los animales y los dioses pueden vivir en soledad.

Al final, cuenta el autor, el ser humano es un animal político y ético cuya supervivencia depende del clan. Un clan que, tras la explosión de las grandes urbes, se ha perdido. Y sin clan, fuera de la polis, el hombre es un ser desvalido y asustado que corre el riesgo de no sobrevivir o de perder su humanidad, como le ocurrió a Víctor de Aveyron, el niño criado por lobos que nunca logró conectar con sus cuidadores. "Necesitamos sentirnos pertenecientes a un algo", asegura Vico. Por eso, ahora nos buscamos lo que él denomina pseudoclanes: las redes sociales. Pero son fake. Así lo explica Vico: "La tecnología ha avanzado exponencialmente pero nuestro cerebro el pobre sigue prácticamente como hace 200.000 años. Somos trogolitas con teléfonos inteligentes".Vico explica la diferencia entre el yo público, el yo privado y el yo íntimo que se muestra en las redes sociales.

El filósofo sevillano detalla cómo hemos llegado hasta la situación actual de desconfianza. Él apuesta por la educación, la juventud y el nosotros. Para este pensador, el acto más revolucionario del sigo XXI es, sencillamente, confiar. Ese sería el primer paso, ubicado dentro de la ética de la responsabilidad, para cambiar el mundo. O, al menos, intentarlo.

Martha Nussbaum es una filósofa contemporánea de gran reconocimiento, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y una mujer muy influyente en el ámbito de la educación en su país, Estados Unidos. Paz Pérez Encinas trae su figura y pensamiento a "Un cuarto propio". contándonos cómo esta pensadora quiere dar su espacio a la filosofía moral. Para Nussbaum, las emociones no están alejadas de la racionalidad. Contamos con muchos ejemplos, detalla la estadounidense, de las emociones en el mundo animal, y algunas muy significativas para explicar tanto el comportamiento del animal no humano como el humano, como por ejemplo la indefensión aprendida. Hablamos de una de las manifestaciones de la depresión en personas y animales, vinculada a la idea de que uno no es capaz de controlar el entorno. Le película española "Te doy mis ojos" muestra claramente, explica Pérez Encinas, la situación de indefensión aprendida de la protagonista.

"Los seres humanos -explica Nussbaum- experimentan las emociones de formas modeladas tanto por su historia individual como por las normas sociales". Parte del pensamiento central de esta filósofa se apoya en que el conocimiento de las emociones a través de la literatura puede ayudar a enriquecer nuestra vida emocional. Experimentamos por empatía el sentimiento como si nos pasara a nosotros, no como algo simplemente teatral o imaginativo, sostiene; por eso, son tan necesarias todas las disciplinas que educan y potencian la imaginación creativa. La empatía en definitiva sería, por lo tanto, una ventaja evolutiva y la compasión jurídica adecuada es la misericordia. Como conclusión, según Martha Nussbaum, en la educación habría que darle un amplio espacio a las humanidades y a las artes.

Puede interesarte escuchar de nuevo este capítulo de Daniel Tubau sobre razones y pasiones que complementa a la perfección este contenido. (Pulsa sobre pasiones para escuchar)

En el mundo presocrático, nos cuenta David Hernández de la Fuente en "Retorno a Mileto", la navegación de las ideas sigue en ocasiones el curso del Sol de de Oriente a Occidente. En este recorrido de este a oeste encontramos a clásicos como Empédocles, originario de Sicilia, un pensador que dejó su legado en forma de poesía, que tenía un aura de hombre divino, que decía recordar vidas pasadas y que aseguraba manejar las tempestades a su antojo.

Este pensador que nos recuerda tanto a Pitágoras va a unificar dos corrientes: la pitagórica y la de Parménides. Empédocles va confiar en todo lo que le dicen los sentidos, con lo que anticipa lo que va a ser luego el empirismo de Aristóteles. Empédocles considera que podemos basar nuestro conocimiento en los sentidos, lo que denomina “mañas". Hablamos de un filósofo pluralista, que defiende la existencia de cuatro elementos básicos o raíces (“rhizomata”) que explican el surgimiento del cosmos: fuego, agua, tierra y aire, y que dejará poso en filósofos como Shopenhauer o Nietszche.

Puede interesarte recordar este capítulo de Hernández de la Fuente analizando la figura de Pitágoras que complementa muy bien el contenido (Pulsa sobre Pitágoras)

Hay algo profundamente inquietante en la risa. Reímos cuando algo se quiebra en la realidad: una expectativa, una norma, la excesiva solemnidad. La risa irrumpe como una pequeña explosión que disloca el orden de lo previsible.  Carlos Javier González Serrano charla con Bernat Castany, profesor universitario de literatura, sobre por qué la risa sabe algo que la seriedad tiende a olvidar. Reír es aceptar que el mundo no encaja del todo en nuestros esquemas. Y en esa grieta dibujada por una sonrisa, inesperadamente, respiramos.

María Zambrano, una de las más grandes pensadoras del siglo XX, nos legó una extensa obra filosófica, de ensayo y poética. En su ciudad natal, Vélez-Málaga, podemos seguir una ruta que nos acerca a su figura y su biografía; y hoy nosotros os proponemos acercarnos hasta allí para conocer una parte especial de esa ruta. ¿Nos acompañáis?

“Qué desperdicio 3.0”, aridez terrenal y mental. Transición ¿justa? hacia la energía limpia. Acoplamiento sectorial, energía verde con cabeza.

Pudiera parecer que un programa de filosofía no debiera ocuparse de los alienígenas. Pero estaríamos desatendiendo esta realidad de la que hoy nos habla Enric F. Gel en "Pensemos fuerte": los filósofos han reflexionado sobre los aliens desde la época clásica. Váis a alucinar.

El ser humano siempre se ha hecho la gran pregunta: ¿existen otros mundos aparte del nuestro? Para los atomistas, sí. De hecho, defendían que hay muchos mundos simultáneamente. Infinitos. Estábamos emocionados hasta que llegaron Platón y Aristóteles para aguarnos la fiesta. Eso sí, el segundo dejó una puertita abierta porque pensaba que las estrellas eran seres inteligentes. Seguimos. Para Plutarco, la Luna era la segunda Tierra. Luciano de Samosata, quédate con el nombre, ideó la primera "Guerra de las Galaxias". Un obispo de París llamado Guillermo de Vorilong se tiró a la piscina al afirmar que hay infinitos mundos que probablemente estén habitados por criaturas como nosotros. Hablamos además de San Agustín, Kepler, Nicolás de Cusa, Galileo, Giordano Bruno o Kant. Y del siglo XVIII al presente con Trump y Obama, que vaya la que ha liado en un pódcast asegurando que los aliens son reales. ¿Y tú? ¿Piensas que estamos solos en el universo?

Puede apetecerse una dosis doble de Enric. Te proponemos esta, cuando habló de los infinitos mundos y el realismo modal (pulsa sobre infinitos a lo Dr. Strange)

Daniel Tubau viene dispuesto a examinar a fondo dos maneras tramposas de usar el escepticismo, la de los magufos o terraplanistas y la de algunos antimagufos. En su sección "Sképsis, atrévete a dudar" cuenta que estamos ante dos casos de escépticos hipócritas. Un escéptico honesto, aclara nuestro colaborador, es el que opina que en muchos asuntos o es difícil o imposible afirmar algo que sea absolutamente cierto, por lo que siempre mantiene un resto de duda y, en consecuencia, rechaza el dogmatismo. No es el caso de nuestros protagonistas de hoy. A estos, Tubau les tilda de "lobos con piel de cordero" porque realmente son dogmáticos disfrazados de escépticos.

Los primeros son los conocidos como magufos. Esos a quienes les atrae lo del pensamiento mágico y suelen ser aficionados a historias de alienígenas acusando a lo que llaman ciencia oficial de esconder oscuros intereses y fabricar mentiras. Aluden a errores científicos (que los ha habido, y muchos) y recuerdan que ciertas teorías que parecían extravagantes en el pasado hoy se consideran válidas científicamente. La deriva de los continentes de Alfred Wegener es un buen ejemplo. La historia real explicada en la película "El aceite de la vida", otro.

Y ahora nos ponemos con aquellos a quienes más molestan los magufos, sus contrarios, los antimagufos. Estos suelen ocurrir al argumento de autoridad para justificar sus teorías como este: "Lo dice la ciencia". Tubau advierte que no tenemos por qué exigir que todo esté demostrado científicamente. Puede haber diversos grados de probabilidad, como decía el escéptico académico Carnéades.

Conclusiones: ideas locas o extravagentes si, ahí tenemos a Kepler o Einstein, pero puestas a prueba, contrastables. "El escepticismo no debe emplearse como un arma de combate, sino más bien como un estímulo para seguir investigando", asegura Tubau. Por tanto, instalémonos -comenta- en la modestia escéptica y no en la soberbia escéptica del que todo lo tiene claro.

Podríamos dedicar media temporada a este gran dilema. De momento, entrega con Vico en "Ágora 3.0" en la que comienza a hablar del Sócrates optimista que creía, inocente él (o no) que el ser humano es bueno por naturaleza. Si alguien obra mal, decía el clásico, es por ignorancia. Siglos más tarde, Thomas Hobbes sostuvo una posición radicalmente distinta. En "El Leviatán" afirmó que el hombre es un lobo para el hombre. El filósofo inglés mantenía que el ser humano está naturalmente inclinado a la desconfianza, la competencia y la violencia cuando considera que su interés está en juego. Entonces, se busca una solución para evitar una guerra permanente de todos contra todos: debemos ceder el uso legítimo de la violencia a un poder superior, el Estado, ese gran Leviatán que garantiza la paz.

Nos vamos al lado opuesto de la balanza filosófica. Y ahí tenemos a Jean-Jacques Rousseau, para quien el hombre nace bueno, pero es la sociedad la que lo corrompe. La desigualdad, la propiedad y la competencia deforman una naturaleza originariamente pacífica. Lo explica en su obra "El contrato social". Y de ahí Vico aborda la modernidad psicológica, que añadirá otra capa con Freud y sus dos pulsiones básicas. Para este psicoanalista y filósofo, no somos pura bondad ni pura maldad; somos conflicto. La genética y la psiquiatría señalan que puede existir predisposición en algunos individuos, aunque conviene recordar a Ortega y Gasset en esto: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. ¿Qué es el hombre? Para el Sr. Smith, un virus. Si, Matrix también tiene su lugar en esta sección.

¿Y tú? ¿Crees en la bondad del ser humano?

Te dejamos este capítulo de María Gómez para complementar el contenido: ¿Somos buenos o malos por naturaleza? (Pulsa en buenos, no seamos negativos)

Pensar en el desarrollo de una nueva conciencia implica atreverse a cuestionar la forma habitual en que miramos el mundo. Se trata de cuestionar nuestra manera uniformada de ver las cosas. Carlos Javier González Serrano charla con Silvia Bardelás, editora, filósofa y escritora, sobre la posibilidad de reconfigurar nuestra mirada para intentar abrirnos a una forma de atención más amplia, menos condicionada, más imaginativa, menos homogeneizada por los estándares del sistema productivo. ¿Es posible aún modificar nuestra mirada para generar una conciencia nueva?