Arcesilao conquistó a sus coetáneos hace dos mil quinientos años y nos sigue conquistando ahora. Por varios motivos. Si nos quedamos con el salseo más frívolo, no cabe duda de que era un guapo atrayente que supo hacerse hueco en el olimpo de los pensadores de la época, la Academia de Platón. Pero no seamos injustos con este filósofo de altura escéptica. Arcesilao discutía tan bien que infundía miedo a sus contrincantes intelectuales. De hecho, dio bastante caña a los estoicos, que se hacían pequeñitos ante él. Tan alto llegó por méritos propios que acabó siendo el sexto director de la academia. Y fue un buen jefe: consolidó la vía escéptica ante ciertos dogmatismos que comenzaban a aflorar. Todo esto, con esa pasión que le caractiza y ese amor por la epojé nos lo cuenta Daniel Tubau en su sección "Sképsis, atrévete a pensar".
Arcesilao había hecho un viraje intelectual. ¿Fue un traidor, un "chaquetero", un veleidoso? No parece. Es que dejó la escuela aristotélica enamorado absolutamente de la filosofía que se hacía en la escuela platónica (y no sólo de la filosofía). Cuenta Tubau que "le pareció que estaba en presencia de dioses o héroes de la Edad de Oro". Considerado como un "segundo Sócrates", explica Tubau, se tiende a pensar que Arcesilao tan sólo se dedicaba a contradecir a todos y que su filosofía era negativa o nihilista. Intentaremos demostrar que no fue del todo así.
Podría ser de un interés recordar el capítulo que David Hernández de la Fuente dedicó a Platón (pulsa sobre Platón para escuchar)