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Días de Cine Clásico

'Centauros del desierto': la película que se convirtió en obra maestra al eliminar escenas

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'Centauros del desierto' (John Ford, 1956)
'Centauros del desierto' (John Ford, 1956)

Con el tiro de cámara de un maestro como John Ford y el talento de su inseparable John Wayne frente al objetivo, que Centauros del desierto (1956) estaba destinada a convertirse en clásico parecía fácil. Pero el gran cineasta del western americano tuvo que enfrentarse a muchos obstáculos para que la industria acabase elogiando su obra como merecía.

Eran mediados de los años 50 y hacía seis años que Ford había sido apartado del género que lo encumbró con títulos eternos como La diligencia (1939) o Río Grande (1950). Y no solo porque las películas de vaqueros hubiesen quedado relegadas a la pequeña pantalla. El carácter agrio y cascarrabias del director había hecho enfadar a unos cuantos en la industria. Sus problemas con el alcohol no ayudaban mucho y muchos, por aquel entonces, le daban por acabado.

John Ford en el rodaje de 'Centauros del desierto' (1955)

John Ford en el rodaje de 'Centauros del desierto' (1955)

Aquejado por un problema en la vesícula, a la que había sometido a una buena maceración en whisky, Ford tuvo que someterse a una operación para extirpársela. Fue entonces, durante su convalecencia y recuperación que en sus manos cayó un libro de Alan Le May titulado Los buscadores. Ambientada en aquel lejano oeste que tanto le apasionaba, Ford se dio cuenta de que más allá de los tiroteos y los enfrentamientos entre vaqueros e indios, la historia tenía elementos novedosos, con un perfil profundo de personajes, varias aristas y un protagonista que parecía hecho para su gran amigo Wayne, (quizá el único que le soportaba por entonces).

Así nació la idea de Centauros del desierto (el nombre, mucho más atractivo que se le dio en España). Una película difícil de clasificar en el que el cineasta muestra su visión más oscura. Una película atravesada por el recurso de la elipsis que puede dejar descolocado al espectador menos hábil, llena de misterios y secretos que se desvelan no a través de hechos esenciales, sino de sus consecuencias. Quizá por eso, su estreno en Estados Unidos y, cinco años después, en nuestro país, paso muy desapercibido para el público.

Aunque la cinta logró en taquilla más de lo que costó su producción, el año de su estreno no obtuvo el favor de la crítica ni de la Academia, que ni siquiera nominó a Wayne al Oscar. Algunos críticos del momento hablaron de película “decepcionantes”, aunque Cahiers du Cinéma de llevo la palma: “Lamentamos ver un buen guion echado a perder”, escribieron.

¿De qué va Centauros del desierto?

Centauros del desierto nos cuenta la historia de Ethan Edwards (John Wayne), un hombre que, tres años después de la guerra de Secesión, regresa a Texas en el que antes era su hogar. Pero llegar allí, se da cuenta de que ese lugar ya no le pertenece. Allí le reciben su hermano y su cuñada, la mujer con la que, de haberse dado otras circunstancias, ahora podría estar con él.

La película comienza así, con la historia de aquel amor oculto que se nos va desvelando poco a poco. Todo se desvela de forma sutil, parece que haya tramas que se nos han ocultado o que una edición brusca, hecha a “hachazos”, como defendía algún crítico en el programa ¡Qué grande es el cine! Para algunos, al guion le faltaba información, pero, ¿realmente era así?

Como toda película destinada a convertirse en leyenda, sobre ella hay toda una serie de suposiciones e historias más o menos creíbles. Durante años se contó que los productores, hartos del rodaje cada vez más extenso en el tiempo de Ford achucharon al director diciéndole que iban retrasados según el plan previsto, a lo que Ford respondió tirando parte de las paginas del guion y diciendo que el problema ya estaba resuelto.

Resulta poco creíble que una persona tan meticulosa con su trabajo basara las cuidadas y simbólicas elipsis de su película en un ataque de ira (por muy dado a estos que el director fuera). Además, parece ser que en los rodajes de Ford, era bastante frecuente que el director decidiese suprimir escenas e imágenes una vez rodadas. En montaje, cuando analiza la estructura, solía prescindir de aquellas secuencias de carácter explicativo o los largos parlamentos que hacían todo demasiado explicito.

No se trataba, por tanto, de una falta de guion, la belleza estaba en la evocación. Vemos consecuencias, no acciones, y la historia no pierde sentido. Las historias que parecen habernos sido escondidas emergen según avanza el metraje, el pasado y la verdad emerge. Algo muy complejo de hacer, que rompe con las estructuras clásicas y lineales del momento en el cine y que revelan el talento de Ford y de su narrativa.

60 aniversario de 'Centauros del desierto'

Afortunadamente, con el tiempo, aquello que un día se vio como defecto se convirtió en virtud. Fue a partir de los años 70, con la revisión del clásico por parte de directores como Jean-Luc Godard que pusieron orden en el desagravio a la película y devolvieron el valor que merecía el trabajo de Ford, hoy considerada una de las mejores películas, no solo del género al que puso patas arriba, sino de la historia del cine.